En 24 meses desaparecieron 2.436 empresas manufactureras,
equivalentes al 5% del total del sector. No hubo una sola rama en la que se
crearan nuevas unidades productivas. Las fábricas que quedaron en pie operaron
al 57,9% de su capacidad instalada, el nivel más bajo de la última década
si se excluye el año del confinamiento total por la pandemia.
Por Carlos Loría
En dos años, la Argentina de Javier Milei logró
algo que pocas administraciones consiguen en tan poco tiempo: instalarse
entre los peores del mundo en un indicador que ningún gobierno quiere
liderar. De 56 países relevados por la Organización de las Naciones Unidas
para el Desarrollo Industrial, solo Hungría destruyó más tejido
fabril que el país sudamericano en el bienio 2024-2025.
Casualmente, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán,
es uno de los más cercanos en afinidad política con Milei; ambos son los
más aguerridos defensores de la nueva ultraderecha global, y ahora
también pueden compartir el podio de los países más destructivos para la
industria.
La contracción acumulada del sector industrial llegó al 7,9%, mientras Brasil crecía 3,5%, Chile 5,2% y Perú 6,5%. No es un matiz regional menor. Es la diferencia entre países que tienen política industrial y uno que decidió abandonarla.




