Un historiador uruguayo radicado en Tel Aviv revisó archivos
israelíes y concluyó que la cooperación con los militares uruguayos se sostuvo
sobre gestión de imagen, inteligencia y un silencio sistemático frente al
antisemitismo del régimen.
La dictadura que gobernó Uruguay entre 1973 y 1985 no
le compró armamento a Israel. Tampoco recibió de Jerusalén un paquete
significativo de doctrina contrainsurgente. Lo que obtuvo, según una
investigación académica reciente, fue algo menos tangible y más valioso para un
régimen acorralado por denuncias internacionales: legitimidad política y una
diplomacia dispuesta a trabajar su reputación en el exterior.
Así lo plantea Gerardo Leibner, historiador uruguayo radicado
en la Universidad de Tel Aviv, en su libro Israel y las dictaduras en
el Río de la Plata, editado por Fondo de Cultura Económica. El volumen se
presentó el 24 de setiembre en la Facultad de Humanidades de la Universidad de
la República, con los historiadores Magdalena Broquetas y Gerardo Caetano a
cargo de los comentarios.
Leibner trabajó con el Archivo Estatal de Israel,
aunque aclara en el libro que una parte del material sigue cerrada por “razones
de seguridad nacional”. Esa restricción obliga a leer algunos tramos de la
investigación como indicios y no como pruebas cerradas.
Relaciones públicas antes que fusiles








