El 9 de julio de 1962 marcó un punto de inflexión en la
historia económica de Venezuela. En los hornos Siemens-Martín de la Siderúrgica
del Orinoco (SIDOR) se realizó la primera colada de acero, materializando en
hechos concretos la visión de Arturo Uslar Pietri de “sembrar el petróleo”. No
se trataba únicamente de producir acero, sino de impulsar la industrialización
y diversificación de una economía profundamente dependiente de la renta
petrolera.
Aquel hito inauguró un ambicioso proyecto industrial que, con
el paso de las décadas, posicionó a SIDOR como una de las siderúrgicas más
importantes de América Latina. La empresa alcanzó una capacidad instalada
superior a 5,1 millones de toneladas de acero líquido al año, incorporando
avances tecnológicos como la reducción directa (Midrex y HyL), hornos
eléctricos de arco y el sistema de colada continua, sustituyendo
progresivamente los procesos tradicionales de hogar abierto.
Sin embargo, a 64 años de aquella primera colada, el contraste es contundente. Lo que fue un símbolo del desarrollo industrial venezolano atraviesa hoy un colapso operativo sostenido, con niveles de producción que en algunos períodos han llegado a cero.





