Por Juan Linares / Opinión
Todos perdimos en el experimento
industrial
No fue solo la clase obrera la que yació en las ruinas
del socialismo del siglo XXI: dos clases perdieron tanto o más en el naufragio
industrial.
Los
profesionales desterrados: ingenieros, técnicos y emprendedores industriales,
todos fuimos víctimas, No solo los trabajadores de overol pagaron el precio del
experimento guayanés. Una tragedia paralela —silenciosa pero igualmente
devastadora— se abatió sobre la clase profesional de ingenieros, técnicos
superiores, administradores, contadores y trabajadores sociales que durante
décadas sostuvieron el corazón técnico de las empresas básicas. A estos no se
les sustituyó por robots o máquinas obsoletas: fueron reemplazados
sistemáticamente por "mercenarios ideológicos", militantes chavistas
sin la menor preparación técnica pero con carnet rojo y obediencia ciega. La
purga fue quirúrgica. Ingenieros metalúrgicos que conocían cada horno de SIDOR
como las venas de su mano, técnicos que podían reparar celdas electrolíticas de
Venalum con los ojos cerrados, electricistas industriales capaces de
diagnosticar transformadores de elevados
KVA: todos pasaron a la lista negra. Su delito no era incompetencia,
sino independencia intelectual. Los sustituyeron "colectivos"
disfrazados de gerentes, "formados políticamente" en mítines pero
analfabetos en termodinámica y metalurgia.El golpe mortal llegó con la
destrucción de la cadena de valor aguas abajo. Aquellos técnicos e ingenieros
que, hartos de ser "simples empleados", habían tomado el riesgo de
independizarse —formando talleres metalmecánicos, fundidoras de piezas,
empresas contratistas de vías férreas, proveedores de refractarios para hornos,
especialistas en mantenimiento de plantas de pellas y reducción directa,
reparación de celdas y motores industriales— vieron evaporarse de la noche a la
mañana sus negocios. No eran solo trabajadores calificados: eran emprendedores
que habían invertido ahorros, experiencia acumulada por décadas y sueños de
independencia económica en pequeñas y medianas empresas que alimentaban el
complejo industrial guayanés. Cuando el Estado tomó las riendas, esas firmas
desaparecieron. Los contratos de mantenimiento preventivo, las paradas anuales
programadas, los servicios de transporte especializado, la fabricación de
repuestos: todo se concentró en manos de "empresas recuperadas"
ligadas al PSUV. El conocimiento técnico se perdió; la cadena productiva se
rompió. Ingenieros que ayer dirigían talleres de 50 empleados hoy remiendan
cercas en Ciudad Guayana.
Techint y la prehistoria de la ruina