Por Orlando Arciniegas*
Tras los descubrimientos de Louis Pasteur (1822-1895), Robert
Koch (1843- 1910) y otros científicos que pudieron comprobar que muchas
enfermedades son provocadas por gérmenes ─y ante una opinión pública convencida
del peligro que, para su salud, representaban las bacterias─, un científico
ucraniano, Élie Metchnikoff (1845-1916), publicó un libro, en 1907, _The
Prolongation of Life_, en el que, para asombro de propios y extraños, y contra
la corriente, proclamaba las grandes bondades de ciertas bacterias residentes
en el intestino humano y que, por tanto, son parte de la flora intestinal, o
mejor: de la microbiota, según la terminología actual.
Solo un año después, en 1908, *Metchnikoff* sería
galardonado, junto al médico y bacteriólogo alemán Paul Erlich (1854-1915), con
el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, por su gran aporte: «la teoría
fagocitósica de la enfermedad», que formulara en 1884, con la cual se explicaba
la capacidad de ciertas células especializadas (principalmente los leucocitos)
del cuerpo humano, para resistir y, en definitiva, vencer las enfermedades
infecciosas. A *Ehrlich*, por su parte, se le reconocía, entre otros, por el
primer tratamiento efectivo contra la sífilis, una de las grandes plagas de su
tiempo.
Metchnikoff, quien siempre se mostró muy interesado en el
envejecimiento y la muerte, creó las disciplinas científicas conocidas como
Gerontología, ciencia que estudia los fenómenos de la vejez y el envejecimiento
poblacional, y la Tanatología, disciplina que estudia el fenómeno de la muerte
en los seres humanos, aplicando el método científico y las técnicas
forenses.