Los Veintisiete consideran a Marruecos un socio estratégico,
pese al reconocimiento de la falta de derechos humanos en el país
Marina Pina / Madrid
Marruecos es un socio estratégico para España y la
Unión Europea. Su situación geográfica, primera frontera terrestre de los
Veintisiete y de la OTAN, y sus ejercicios de años de diplomacia, han
conseguido que, pese al reconocimiento dentro de la UE de la falta de
derechos humanos en el país, triunfen las relaciones de entendimiento con el
reino alauita.
Los de Mohamed VI han
tejido redes de acuerdos comerciales con la Unión Europea, pero, sobre todo, es
la migración lo que hace del entendimiento algo necesario e imprescindible
entre Europa y el país del norte de África. Marruecos tiene la llave de
los fenómenos migratorios y el trabajo conjunto con las autoridades del país es
prioritario. Si en mayo de 2025 Mohamed VI permitió el cruce masivo de
personas por el paso del Tarajal, en Ceuta; hace unos meses Marruecos presumió
de impedir que miles de personas completaran una migración masiva hacia la
ciudad autónoma. Activistas de derechos humanos difundieron fotografías
que mostraban a los migrantes desnudos y con signos de tortura frente
a vehículos de las fuerzas auxiliares.
En este trabajo de diplomacia, Marruecos ha conseguido que los países europeos compren su solución de autonomía para el Sáhara. España abrazó su opción como la más realista en la firma de la nueva hoja de ruta de 19 puntos que firmaron para reanudar las relaciones diplomáticas, rotas desde 2018. Al plan se han adherido Francia y los 27. También Estados Unidos, que lo hizo como condición para que Marruecos reconociera a Israel como Estado. El país de Donald Trump es, asimismo, uno de los principales vendedores de armas para el plan de rearme marroquí.





