Por Juan
Linares / Opinión*
—¡Ajá, ajá
bandido!
Estabas
callado, estabas escondido
Sacando tu
oro muy cerca del río—.
Esta tonada
popular bien podría cantársele hoy a la directiva de la CVG. Ante las
acostumbradas manipulaciones del régimen, la actuación de Héctor Silva —el
denominado "Zar del Oro"— no es la excepción. En la actual crisis,
Silva parece priorizar su megalomanía y egocentrismo, actuando bajo la premisa
de que por encima de él solo se encuentra Delcy Rodríguez. Con una actitud
prepotente hacia la masa laboral y respaldado por las fuerzas represivas,
pretende decidir de forma unilateral el monto de los aguinaldos. Sin embargo,
su falta de autonomía operativa lo deja en evidencia: su primera salida siempre
es consultar a las altas esferas gubernamentales, reconociendo implícitamente su
verdadero peso en el tablero político.
Su reciente viaje a Caracas bien pudo ser un ardid publicitario. No existen pruebas reales de que la directiva de la CVG se haya trasladado físicamente, puesto que una videoconferencia con el Ministerio de Finanzas habría bastado para dirimir el asunto. Ante los enormes recursos que se manejan, no era necesaria la intervención directa de la vicepresidencia, aunque el engaño y la dilación siguen siendo sus mejores herramientas. De cara al futuro, los representantes de los trabajadores deben exigir participar en estas comisiones; la experiencia demuestra que no se está negociando con actores honestos que honren la palabra empeñada.



















