Sin nombrarlo acusó al
magistrado bolsonarista de manipular los tiempos de las causas y “filtrar
selectivamente” datos resguardados por el secreto de sumario, con el fin de
desgastar la imagen de las instituciones e, implícitamente, salpicar a aliados
del gobierno.
Lula resiste.
Una década después de la causa Lava Jato, el
presidente brasileño enfrenta otra embestida judicial detrás de la cual se
solapan intereses políticos: una suerte de Lawfare 2.0.
El protagonista de esta versión
actualizada de Lava Jato no es Sergio Moro, el juez responsable de
encarcelar a Lula dejándolo fuera de los comicios de 2018, sino un magistrado
del Supremo Tribunal Federal (STF) llamado André Mendonça.
El nuevo lavajatista es conocido por
ser “terriblemente evangélico” y conducirse con un fundamentalismo capaz de
causar perplejidad a más de un miembro del Supremo, donde la mayoría son
centristas o conservadores.
Sus incursiones retóricas en la Corte
o eventos organizados por el movimiento neopentecostal lo han mostrado colérico
al cuestionar la despenalización del aborto o enfático en su respaldo a la
amnistía de los condenados por el golpe de Estado fallido de 2023, ideado por
el expresidente Jair Bolsonaro.
Denuncia







