Por Fredy Rincón Noriega*
@ferinconccs
Canoabo, 18/8/2026
El 5 de julio de 1858, en el salón de
la Convención Nacional reunida en Valencia, un amplio sector de venezolanos,
principalmente quienes habían derrocado meses antes a José Tadeo Monagas, se
propuso restablecer la vigencia efectiva de un orden político sometido a la
ley, debilitado durante el prolongado ejercicio gubernamental de la familia
presidencial.
Presidió aquella asamblea Fermín
Toro, quien encarnó, como ningún otro dirigente de su generación, la aspiración
de una república gobernada por instituciones y no por la voluntad de los
caudillos. Menos de dos meses después de promulgada la nueva Constitución, esa
aspiración quedó comprometida por el estallido de la Guerra Federal. La
trayectoria de Toro y la obra de la Convención permiten comprender las causas
de aquel fracaso y la naturaleza de la pérdida institucional que entrañó.
Toro nació en El Valle, Caracas, el 14 de julio de 1806, y murió en la misma ciudad el 22 de diciembre de 1865. Su formación fue extensa y esencialmente autodidacta. Estudió literatura, economía política, historia, derecho público y lenguas clásicas y modernas, y se familiarizó con las principales corrientes del pensamiento europeo de su tiempo. Perteneció a la generación intelectual formada durante los primeros años de la República, tras la disolución de la Gran Colombia, en un momento en que la guerra había diezmado a buena parte de los antiguos maestros. Compartió con Rafael María Baralt, Juan Vicente González y otros contemporáneos el esfuerzo de auto educarse mediante el estudio y el intercambio intelectual.








