La Nación
“Las políticas de Trump recuerdan a
la tradición de la tierra prometida de la Doctrina Monroe”, indican los
historiadores, que a partir de 1823 sirvió para justificar el intervencionismo
expansionista estadounidense como acciones legítimas contra las intromisiones
europeas en el hemisferio occidental
Donald
Trump quiere Groenlandia para Estados Unidos y llegó a plantear la
posibilidad de comprársela al Reino de Dinamarca, al que pertenece. El
presidente prometió en su discurso inaugural que “Estados Unidos se considerará
de nuevo una nación creciente, una que aumenta su riqueza, expande su
territorio” y “lleva nuestra bandera a nuevos y bellos horizontes”.
Sus palabras, como su sueño de
incorporar a su país la isla más grande del mundo, recuerdan a otras épocas de
la historia de Estados Unidos. Walter A. McDougall, historiador de la
Universidad de Pensilvania, le dijo a BBC Mundo que “las políticas de
Trump recuerdan a la tradición de la tierra prometida de la Doctrina Monroe”,
que a partir de 1823 sirvió para justificar el intervencionismo expansionista
estadounidense como acciones legítimas contra las intromisiones europeas en el
hemisferio occidental.
Jay Sexton, historiador de la
Universidad de Misuri, encuentra otro paralelismo: “Como con Groenlandia,
Washington alegó que necesitaba hacerse con los territorios antes de que
cayeran en manos de otras potencias”.
En realidad, la expansión
territorial que convirtió a Estados Unidos en el vasto país que hoy es empezó
unos años después de la fundación. Las guerras de conquista, el sometimiento de
los pueblos originarios, el desplazamiento de colonos o los acuerdos con las
potencias europeas fueron medios habituales de crecimiento de la potencia
emergente.
Pero la compra de territorios a
otros Estados soberanos, como Trump planteó con Groenlandia, fue otro de los
mecanismos utilizados por los líderes de Washington para ampliar su país.