BRASILIA. – El fantasma de la
seguridad pública y la sombra del presidente estadounidense Donald
Trump irrumpieron de lleno en el escenario político brasileño, abriendo
una grieta de imprevisibles consecuencias diplomáticas y económicas.
En una decisión de fuerte impacto, el
gobierno de los Estados Unidos decidió esta semana clasificar
al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV) como
organizaciones terroristas internacionales. La medida pone al presidente
brasileño Luiz Inácio Lula da Silva bajo presión en su principal
flanco débil frente a la opinión pública, mientras la oposición bolsonarista
celebra la medida como un triunfo.
La declaración, que entrará en
vigor el próximo 5 de junio, activa los mecanismos penales y financieros de las
categorías de Terrorista Global Especialmente Designado y de Organización
Terrorista Extranjera.
Esto abre un escenario inédito: el combate a las dos principales bandas criminales de Brasil sale de la órbita puramente policial y pasa a ser tratado bajo la doctrina de Defensa Nacional norteamericana, habilitando a agencias como la CIA y el Pentágono a intervenir de manera extraterritorial en la persecución de sus activos.




