Vistas de página en total

08 octubre, 2026

Trabajadores, Pensionados y Jubilados EXIGEN el Pago de Aguinaldos NO fraccionados

Juan Linares / Opinión

Anunciar el adelantó de la Navidad era parte del show de Maduro y todos sus seguidores aplaudían. Este año los Grinch del régimen aun no lo han hecho pero en años anteriores en el mes de octubre decretaban la Navidad. bajo la consigna de la "suprema felicidad social", cómo lo hacía Maduro, la realidad extramuros golpea con la crudeza de una economía devastada para la gran mayoría. Para los trabajadores activos, jubilados y pensionados del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), el fin de año ya no es sinónimo de celebración, sino de cálculo, nostalgia y profunda indignación. Por años, la dinámica del poder ha impuesto su agenda a través del miedo al terror represivo, logrando que los sectores laborales acumulen derrota tras derrota mientras ven pulverizado el fruto de su esfuerzo.

Para la clase trabajadora, evocar las décadas previas al colapso actual no es un ejercicio de nostalgia vacía, sino un reclamo de justicia. Bajo la premisa popular de que "recordar es vivir", los pensionados y jubilados comparan la crisis actual con los tiempos en que las utilidades de noviembre garantizaban una verdadera calidad de vida. En el pasado, esos ingresos permitían refaccionar el hogar, adquirir calzado y ropa para los tradicionales estrenos decembrinos, costear viajes familiares interestatales e incluso dar la inicial de un vehículo. Hoy, esa capacidad de planificación familiar ha sido destruida por una gestión que disfraza la penuria con decretos festivos.

La práctica perversa de fraccionar el pago de los aguinaldos termina de retratar el ensañamiento contra el presupuesto familiar. Entregar este beneficio en cuotas devaluadas e insignificantes es una burla abierta a las necesidades básicas de la gente. La crueldad de este esquema se evidencia en el historial de abusos contra los pensionados del IVSS, a quienes les llegaron a depositar montos globales de 0,15 + 0,15 + 0,15 = 0,45 dólares por los tres meses de aguinaldos. Es una miseria que se puede ver y palpar, una manipulación que licúa por completo el poder de compra antes de que llegue diciembre e impide que el trabajador pueda adquirir una hallaca, asegurar el pan de jamón o garantizar un regalo para sus hijos. Esta política indolente condena a la mayoría a la tristeza, mientras una minoría privilegiada disfruta con absoluta opulencia en medio de la ruina nacional.

El debate sobre el salario mínimo y las pensiones no puede seguir atrapado en la retórica oficialista ni en los silencios de quienes promueven discursos de supuestas fases de estabilización, recuperación económica o transición. Existe una confluencia de factores donde las restricciones externas de la administración de Donald Trump, las medidas del Departamento del Tesoro norteamericano y la OFAC sirven de excusa perfecta para la gestión local encabezada por Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez. El libreto del "presidente obrero" ha resultado en una de las mayores estafas históricas contra el movimiento laboral, manteniendo al país durante años sin un aumento salarial real, destruyendo las prestaciones, desmantelando los contratos colectivos y manejando las grandes cifras de la producción y los recursos petroleros a espaldas del pueblo. En este juego cínico de corresponsabilidad, delegar culpas públicamente sobre los retrasos en la liberación de fondos es solo la doble cara de una misma moneda de maltrato frente al sufrimiento popular.

Sin embargo, la inercia del silencio parece estar llegando a su fin. Hoy en las calles y en las asambleas populares se respira un ambiente distinto: el miedo parece estar cambiando de acera. La masa laboral ha comprendido que la resignación no es una opción de vida y que no se puede seguir transitando la ruta de la sumisión. Los dirigentes de los gremios y sindicatos deben estar en alerta máxima; ha llegado el momento definitivo para que todos los sectores se reivindiquen en la acción de calle. Para que el país logre romper este ciclo histórico y salga victorioso, es imperativa la movilización masiva y unificada, evocando la combatividad extraordinaria que históricamente han demostrado los estados andinos (Táchira, Mérida, Trujillo) y el estado Zulia en sus jornadas de protesta. La victoria contundente no vendrá de concesiones voluntarias, sino de la incorporación activa e inmediata de cada región de Venezuela.

El descontento obrero se fundamenta en números claros y exigencias innegociables. Los sindicatos y asociaciones exigen que los bonos complementarios vigentes (como el Bono de Guerra Económica, que se sitúa en torno a los 200 dólares para activos y 168 dólares para jubilados que no reciben cesta ticket) dejen de ser asignaciones discrecionales y se incorporen de forma inmediata al cálculo legal del beneficio decembrino. La clase trabajadora planta cara y exige un pago único y global de 1.000 dólares por concepto de utilidades, impidiendo la manipulación monetaria del ingreso. Solo mediante la conquista de ingresos dignos será posible tener, después de largos años de miseria, unas navidades verdaderamente diferentes.

A la par de la emergencia económica, el debate laboral se entrelaza de manera inevitable con las demandas de la transición política. Los sectores de oposición y el movimiento sindical autónomo insisten en que la normalización del país requiere reformas institucionales de fondo antes de que concluya el año, incluyendo la renovación y selección de magistrados independientes para el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), nuevos rectores para el Consejo Nacional Electoral (CNE) con un perfil idóneo e imparcial, y la definición de un cronograma claro para las elecciones presidenciales del año 2027. Con la fuerza de la organización colectiva que despierta desde el Zulia y los Andes hasta el resto del territorio nacional, la base trabajadora busca rescatar no solo el pan de la mesa, sino también reconstruir una visión cercana al porvenir, la justicia social y la verdadera felicidad que les fue arrebatada.

jlrlinares@gmail.com