Como dirigentes políticos arraigados en la realidad de
Carabobo, entendemos que la crisis que atraviesa Venezuela es estructural y
profunda. Por ello, no podemos improvisar. El diseño de una ruta hacia el
cambio democrático y la reconstrucción nacional debe sustentarse, de manera
responsable, sobre tres dimensiones fundamentales e interconectadas:
1. Reinstitucionalización Política y
Gobernanza: Es
urgente rescatar el Estado de derecho, la autonomía de los poderes públicos y
la seguridad jurídica. Esto pasa obligatoriamente por un acuerdo de
gobernabilidad mínima entre todos los sectores que garantice la paz, la
reinstitucionalización del Poder Judicial y un andamiaje legal que proteja la
transición.
2. Estabilización y Apertura Económica: Para frenar la crisis es imperativo
el retorno a la disciplina monetaria con un Banco Central independiente, la
reestructuración de la deuda externa y la apertura del sector energético a la
inversión privada nacional e internacional. Necesitamos financiamiento
multilateral masivo para reactivar el aparato productivo y estabilizar la
economía nacional.
3. Cohesión Social y Atención
Humanitaria: La
transición debe tener rostro humano. Urge coordinar un plan de emergencia
humanitaria para la distribución de alimentos y medicinas, sustituir los
controles sociales por subsidios directos a las familias vulnerables, recuperar
los servicios públicos críticos (agua, luz, combustible) y generar condiciones
que detengan la migración y atraigan de vuelta el talento de nuestra diáspora.
¿Por qué no podemos ir directamente a unas elecciones presidenciales?
Ir de inmediato a una contienda electoral, sin preparar el
terreno, representa un riesgo crítico para la viabilidad del país por tres
razones fundamentales:
- Falta
de garantías e institucionalidad: Convocar elecciones con el actual marco institucional,
sin un CNE depurado, confiable y con observación internacional real, solo
profundizaría la desconfianza y la polarización, invalidando el proceso
desde su origen.
- El
dilema del "Estado profundo": Un nuevo gobierno electo apresuradamente se
encontraría con instituciones, tribunales y fuerzas de seguridad que aún
responden al esquema anterior. Sin un acuerdo político previo de
transición, esto generaría una parálisis institucional inmediata y un escenario
de ingobernabilidad.
- Ineficacia
ante la emergencia económica: El voto no llena los estómagos ni estabiliza la moneda
de la noche a la mañana. Si un gobierno democrático asume el poder sin un
plan económico pre-concertado con los organismos internacionales, el
retraso en las soluciones sociales generaría una frustración ciudadana
inmediata, haciendo colapsar la transición antes de que pueda
consolidarse.
La elección debe ser la coronación de un proceso de
acuerdos y estabilización, no el detonante de un nuevo conflicto inviable.
*Dirigente de Alternativa 1 en Valencia-Carabobo.
