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21 octubre, 2026

Propuesta para una Ruta de Transición Integral en Venezuela

 Por Oscar J. Jiménez* / Opinión

Como dirigentes políticos arraigados en la realidad de Carabobo, entendemos que la crisis que atraviesa Venezuela es estructural y profunda. Por ello, no podemos improvisar. El diseño de una ruta hacia el cambio democrático y la reconstrucción nacional debe sustentarse, de manera responsable, sobre tres dimensiones fundamentales e interconectadas:

1.   Reinstitucionalización Política y Gobernanza: Es urgente rescatar el Estado de derecho, la autonomía de los poderes públicos y la seguridad jurídica. Esto pasa obligatoriamente por un acuerdo de gobernabilidad mínima entre todos los sectores que garantice la paz, la reinstitucionalización del Poder Judicial y un andamiaje legal que proteja la transición.

2.   Estabilización y Apertura Económica: Para frenar la crisis es imperativo el retorno a la disciplina monetaria con un Banco Central independiente, la reestructuración de la deuda externa y la apertura del sector energético a la inversión privada nacional e internacional. Necesitamos financiamiento multilateral masivo para reactivar el aparato productivo y estabilizar la economía nacional.

3.   Cohesión Social y Atención Humanitaria: La transición debe tener rostro humano. Urge coordinar un plan de emergencia humanitaria para la distribución de alimentos y medicinas, sustituir los controles sociales por subsidios directos a las familias vulnerables, recuperar los servicios públicos críticos (agua, luz, combustible) y generar condiciones que detengan la migración y atraigan de vuelta el talento de nuestra diáspora.


¿Por qué no podemos ir directamente a unas elecciones presidenciales?

Ir de inmediato a una contienda electoral, sin preparar el terreno, representa un riesgo crítico para la viabilidad del país por tres razones fundamentales:

  • Falta de garantías e institucionalidad: Convocar elecciones con el actual marco institucional, sin un CNE depurado, confiable y con observación internacional real, solo profundizaría la desconfianza y la polarización, invalidando el proceso desde su origen.
  • El dilema del "Estado profundo": Un nuevo gobierno electo apresuradamente se encontraría con instituciones, tribunales y fuerzas de seguridad que aún responden al esquema anterior. Sin un acuerdo político previo de transición, esto generaría una parálisis institucional inmediata y un escenario de ingobernabilidad.
  • Ineficacia ante la emergencia económica: El voto no llena los estómagos ni estabiliza la moneda de la noche a la mañana. Si un gobierno democrático asume el poder sin un plan económico pre-concertado con los organismos internacionales, el retraso en las soluciones sociales generaría una frustración ciudadana inmediata, haciendo colapsar la transición antes de que pueda consolidarse.

La elección debe ser la coronación de un proceso de acuerdos y estabilización, no el detonante de un nuevo conflicto inviable.

*Dirigente de Alternativa 1 en Valencia-Carabobo.