El gobierno decretó toques de queda
tras las violentas protestas del fin de semana
La respuesta gubernamental ante el
cuadro de rebelión contra las políticas neoliberales de Macron ha sido la
represión, la descalificación de los manifestantes y adversarios políticos.
Por Juan Francia / Desde París
Después del fin
de semana de manifestaciones masivas en todo el territorio francés con
reivindicaciones sociales de parte del movimiento de los chalecos amarillos y
de los estudiantes secundarios y universitarios, el primer ministro Sébastien
Lecornu anunció este lunes toques de queda “parciales y localizados” para la
noche. En París desde las 23 horas hasta las 6 de la mañana en los barrios de
Les Halles y plaza de la República, “con el objeto de proteger las personas y
bienes de los riesgos de la violencia y el pillaje cometidos en los últimos
días”, fundamenta la prefectura de policía de la capital francesa. El toque de
queda incluye a toda la población y no simplemente a menores de edad como en
Niza o al norte de Francia en Lille y otros tres municipios. En Lyon también se
decretó un toque de queda en el centro de la ciudad.
Jean-Luc Mélenchon, el candidato a
presidente de la república por La Francia Insumisa, LFI, acusó al primer
ministro, por vía de la red social X, de excederse en sus atribuciones, y citó
el artículo 16 de la Constitución nacional que establece que la suspensión de
libertades constitucionales es una atribución exclusiva del jefe de Estado.
Frente al cuadro de rebelión que vive Francia contra las políticas neoliberales del presidente Emmanuel Macron, las respuestas del gobierno han sido la represión, la descalificación de los manifestantes y adversarios políticos, en particular LFI. El discurso oficial eleva el tono y es acompañado por el coro mediático que vocifera en las radios y estudios de televisión palabras tales como “la chusma”, “las hordas”, “los violentos”, “la ultraizquierda”, “La Francia Insumisa”, “Jean-Luc Mélenchon”, “los antifascistas”, “el caos” para calificar los episodios y protagonistas de las movilizaciones. El gobierno, a través del primer ministro, responsabiliza a LFI y la “ultraizquierda” de los desbordes, saqueos y actos vandálicos que se han podido ver en diferentes ciudades de Francia durante el fin de semana.
El sábado pasado, al finalizar la
jornada histórica de manifestaciones en todo el territorio francés, el primer
ministro Lecornu habló de que “es hora de elegir el campo”. El lunes, cuando
anunció el toque de queda, habló de que “el movimiento de ultraizquierda quiere
organizar un desorden profundo en el país hasta las elecciones presidenciales”.
Este término “ultraizquierda” se viene agitando cada vez con más frecuencia por
el gobierno, los medios de comunicación y por diferentes representantes políticos
de derecha y extrema derecha. El lunes en una entrevista televisiva en TF1 la
periodista Alba Ventura preguntó a la fiscal general de París, Laure Beccuau,
por los detenidos durante los saqueos: “¿Nos encontramos ante personas
politizadas de la extrema izquierda?”. Y la respuesta visiblemente la
decepcionó, “no es así en absoluto”.
La estrategia oficial de acusar a
Jean-Luc Mélenchon y a la “ultraizquierda” como responsables de los saqueos y
pillajes del fin de semana ha sido expuesta este lunes en Mediapart, un
periódico en línea, como una manipulación del gobierno. “Nos piden que
escribamos que LFI está detrás del movimiento”, reveló a Mediapart un comisario
de los servicios de inteligencia. El comisario advierte: “Eso no es en absoluto
lo que puedo confirmar”.
Los estudiantes secundarios desde
hace un mes que reclaman más profesores y adecuado mantenimiento de los
edificios escolares; el gobierno respondió con represión, algunas escenas se
viralizaron en las redes sociales y generaron repudios en la sociedad por la
brutalidad policial. Desde entonces, dos adolescentes perdieron un ojo, otro
fue golpeado en pleno rostro con una granada lacrimógena y perdió sus dientes,
y otros dos perdieron una mano.
Ahora se suman al cóctel social los
reclamos de los chalecos amarillos que llaman a manifestar el próximo sábado 24
de octubre y la intersindical que convoca a marchar el jueves 5 de noviembre.
En todos los casos la respuesta oficial ha sido represión y prometer castigos
ejemplares de todos aquellos que sean acusados de violar el orden público o
atentar contra las personas y los bienes. En ningún caso se ha planteado el
gobierno dar alguna respuesta a las legítimas y postergadas demandas que se
acumulan en diez años de macronismo.
El discurso de la seguridad es más
permeable en la sociedad a la luz de las imágenes que se repiten en bucle en
los medios de comunicación de la alcaldía de Limoges en llamas, o los saqueos
en París y otras ciudades. Pero hay testimonios que no tienen mucho eco y que
debilitan esos argumentos. Así, el senador comunista Fabien Gay relató que el
sábado pasado desde que llegó a la plaza de la República de París con sus
amigos que manifestaban pacíficamente, fueron apaleados y gaseados, mientras la
policía dejaba practicar el pillaje a pocos metros de los manifestantes.
En resumen, frente a la rebelión
popular contra las políticas de ajuste, el gobierno francés intenta capear el
temporal desgastando a los manifestantes con represión y descreditando los
movimientos de protestas, a la vez que posterga las respuestas a las
reivindicaciones. Al mismo tiempo el macronismo busca responsabilizar al
partido de Jean-Luc Mélenchon de los desmanes y cercena derechos civiles en
aras de la seguridad.
La deriva autoritaria del macronismo
no es nueva en Europa, ya se han vivido en otros tiempos una apertura de
políticos liberales a los movimientos fascista y nazi que dio lugar a las
tiranías por todos conocidas. Hoy el discurso de Macron-Lecornu se asimila cada
vez más al de Le Pen, la lideresa de RN, el partido de extrema derecha. La
diferencia en este asunto es que Le Pen aprovechó su alocución del domingo
donde fustigó a LFI y la gestión del gobierno de las protestas, para criticar
la “inmigración anárquica”, aunque no es clara la relación de los inmigrantes
con las jornadas de protestas, no deja de ser el chivo expiatorio preferido de
las extremas derechas.
Fuente: Página 12 / Argentina.
Imagen: MATTHIEU RONDEL. AFP.
