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20 octubre, 2026

El país por encima de las parcelas

Por Yezenys Martínez Morales* / Opinión

La reconstrucción de Venezuela depende de la capacidad de toda nuestra sociedad para superar la polarización interna, deponer intereses particulares y construir un proyecto común de país.

La nación se encuentra en una encrucijada que va más allá de los plazos electorales, de los debates sobre la legitimidad de las transiciones o de las negociaciones políticas en curso. El verdadero desafío que enfrentamos los venezolanos no está únicamente en las urnas o en las cúpulas; está en los cimientos de nuestra convivencia y en nuestra capacidad para redefinir cómo nos relacionamos entre nosotros.

Durante años, la estrategia del control totalitario desplegada por el chavismo- madurismo ha prosperado no solo por la fuerza de las instituciones al servicio de ese proyecto, sino también por nuestra propia incapacidad para gestionar las diferencias. Hemos – los opositores -caído en la trampa de la fragmentación. Pensar distinto dentro de la misma acera democrática se ha convertido, erróneamente, en un motivo de enemistad y descalificación. Mientras el país sufre, los regionalismos, los intereses personales y las ambiciones de pequeños grupos en cada estado nublan el objetivo principal: la recuperación de la nación.

Es momento de asumir una autocrítica profunda. Ningún liderazgo, por legítimo o mayoritario que sea, puede cargar solo con el peso de la reconstrucción. Las figuras políticas guían, pero son las voluntades unidas de los ciudadanos las que sostienen los cambios en el tiempo.

Reconocer el valor de un referente no significa anular a los demás, por el contrario, exige que los liderazgos regionales dejen de mirar sus propias parcelas y entiendan que el destino de Venezuela está en juego.

Para avanzar, necesitamos un nuevo acuerdo ciudadano basado en tres pilares urgentes:

• Sustituir el señalamiento por la escucha: la diversidad de criterios es una riqueza, no una debilidad. Erradicar la cultura de la sospecha entre quienes buscan un cambio es el primer paso para construir una base sólida.

• Deponer los intereses particulares: ningún cargo, cuota de poder local o ambición personal puede valer más que el futuro de millones de venezolanos dentro y fuera del país. La generosidad política hoy es un deber moral.

• Entender que todos sumamos: Nadie sobra en este proceso. Desde las bases comunitarias hasta las figuras nacionales, cada esfuerzo cuenta. La unidad no es uniformidad; es la articulación de diferentes fuerzas remando hacia la misma dirección, sin discriminación ni exclusión.

La trampa del totalitarismo se rompe cuando los ciudadanos deciden dejar de ser islas. Pongamos las necesidades de Venezuela por encima de las diferencias individuales. 

Solo un tejido social cohesionado, maduro y reconciliado será capaz de abrir los caminos democráticos que el país tanto anhela y merece.

*Dirigente política en el estado Amazonas. Poeta.