Por Juan Linares / Opinión *
Todos los trabajadores, pensionados y jubilados de Venezuela
debemos unificarnos en un solo bloque de exigencia nacional. Este esfuerzo
requiere la articulación organizada de sindicatos, gremios, coaliciones y
federaciones. No puede ser una petición aislada, menguada o temerosa; la clase
obrera venezolana debe hacerse sentir con calor y contundencia, sin permitir
que nuestra lucha sea cuestionada por los eternos negadores de los beneficios
laborales y verdugos de nuestros sueños. Acumulamos más de cuatro años y cinco
meses con el salario mínimo legal congelado. En su lugar, el Ejecutivo ha
impuesto una política de bonificaciones sin incidencia salarial que destruye el
cálculo de las prestaciones sociales, las vacaciones, los bonos vacacionales y
las utilidades. El actual Bono de Ingreso Mínimo Integral (IIT) representa una
burla directa para los trabajadores y sus familias; una práctica de asfixia que
continuó con Nicolás Maduro y que hoy se profundiza en las directrices de Delcy
Rodríguez.
Por ello, la movilización debe replicarse en cada rincón del
país. Esta lucha no es exclusiva de quienes están activos o en el retiro; los
estudiantes universitarios deben sumarse para acompañar el esfuerzo del padre
trabajador y del abuelo pensionado. Los profesores, los maestros y el sector
salud—siempre firmes en la vanguardia—deben estar plenamente respaldados en
esta gran jornada nacional.
La Canasta Cendas-FVM: La prueba irrefutable del hambre.
Argumentos nos sobran y la razón nos acompaña. El poder
adquisitivo en Venezuela está pulverizado: el salario mínimo y las pensiones,
fijados en 130 bolívares desde marzo de 2022, equivalen a una cifra ínfima
debido a la devaluación acumulada. Según los reportes del Centro de
Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros
(Cendas-FVM), la Canasta Alimentaria Familiar se ubicó en 756,45 dólares.La
frialdad de las matemáticas revela el tamaño del desprecio oficial: el sueldo
básico apenas cubre el 0,03% de los alimentos indispensables para un hogar.
Esto genera un déficit estructural del 99,97% para que una familia promedio de
cinco miembros adquiera los 60 productos esenciales de la cesta básica. Como
bien señala el economista Oscar Meza, director de la institución, un hogar
requiere el equivalente a 3.433 salarios mínimos enteros solo para costear su
comida. A esto se suman gastos ocultos e inapelables: el mismo informe destaca
que las familias deben gastar unos 13,56 dólares adicionales al mes solo en
agua embotellada, debido al colapso del suministro público por tuberías.
El mito de un petróleo que "ahora es nuestro"
Es imperativo hacer memoria colectiva frente a los engaños y
la manipulación mediática a la que ha sido sometido el pueblo a través de
consignas vacías. Desde el año 2000, el oficialismo ha utilizado lemas
ideológicos como «Ahora el petróleo es nuestro», «PDVSA es del pueblo» o «Plena
soberanía petrolera» para simular que los recursos pertenecían a la Nación. La
realidad es que la industria nunca ha estado al servicio de los ciudadanos ni
de sus trabajadores; PDVSA fue saqueada sistemáticamente por la cúpula
dominante.El ejemplo más descarado y reciente es la trama donde está
involucrado Tareck El Aissami y su entorno, responsable de un desfalco que
supera los miles de millones de dólares. Organizaciones independientes como
Transparencia Venezuela han documentado al menos 127 casos principales de
corrupción dentro de la estatal y sus filiales, acumulando un daño patrimonial
superior a los 42.000 millones de dólares. Si se suman las investigaciones
globales en curso, las estimaciones de recursos desviados o evaporados en la
opacidad oscilan entre los 68.000 y los 300.000 millones de dólares. Es
sencillamente insólito que ante este saqueo descarado se nos siga negando un
sueldo justo.
La geopolítica de la opacidad: ¿Dónde están los miles de
millones?
El refrán criollo lo define perfectamente: éramos muchos y
parió la abuela. Resulta que ahora existen al menos 13.000 millones de dólares
flotando en una nebulosa financiera y las cúpulas políticas se tiran la pelota
unas a otras, dividiendo la narrativa entre las cuentas controladas por la OFAC
y la gestión opaca del Banco Central de Venezuela (BCV) liderada por el Ejecutivo. El argumento simplista del régimen de que “no hay presupuesto debido
al bloqueo y las sanciones” se cae por su propio peso. Es imposible ocultar que
mientras se pregona la asfixia interna, las exportaciones continuaron y el
equivalente a 139 tanqueros petroleros llenos de crudo venezolano han
descargado legalmente en puertos de los Estados Unidos, generando recursos
multimillonarios bajo esquemas de custodia internacionales. Independientemente
de qué porcentaje permanezca retenido en el extranjero o disuelto en la
opacidad de los balances de Caracas, el gran sacrificado sigue siendo el
trabajador venezolano que sufre en carne propia la devaluación y la pérdida
absoluta del poder de compra.
El Arco Minero: Oro a precio internacional para el Pranato
La excusa de la falta de fondos se desmorona por completo al
mirar hacia el sur del país. Mientras los trabajadores sobreviven con miseria,
el subsuelo financia la gobernanza criminal. Investigaciones independientes
confirman que unas 25 toneladas de oro se escapan anualmente por los
"caminos verdes" bajo el control absoluto del pranato minero y los
llamados "sindicatos", bajo el amparo de las cúpulas del poder.Al
valor internacional de referencia fijado globalmente por la London Bullion
Market Association (LBMA)—que se ubica en aproximadamente 139.600 dólares por
kilogramo o unos 4.342 dólares por onza troy—esta fuga de oro representa 3.490
millones de dólares adicionales al año que jamás ingresan al erario público. Sí sumamos el dinero petrolero opaco y el contrabando del Arco Minero del Orinoco
(AMO), el Estado maneja un flujo paralelo superior a los 16.490 millones de dólares
anuales. Si el Ejecutivo incorporara legalmente estos recursos al presupuesto
de la Nación mediante créditos adicionales para la clase obrera, se podría
costear la Canasta Alimentaria completa de 1.816.573 familias durante todo un
año continuo. Queda demostrado: fondos hay, lo que falta es voluntad política.
Preguntas urgentes y la matemática del derecho a la vida
Ante semejante danza de miles de millones, el pueblo
venezolano debe plantearse las siguientes interrogantes directas:
¿Por qué estos inmensos recursos petroleros y mineros no
entran formalmente en el presupuesto nacional para el gasto social?
¿Por qué se prefiere resguardar el dinero en billeteras
digitales y canales informales antes que utilizarlos en créditos adicionales
para favorecer a la clase obrera?
¿Hasta cuándo el hambre de los jubilados financiará la
burocracia de los corruptos?
Hagamos un ejercicio matemático de estricta justicia
distributiva: si esos 16.490 millones de dólares se canalizaran correctamente
hacia la gente, cada uno de los 5 millones de trabajadores y pensionados
recibiría un ingreso directo de 274,83 dólares al mes durante un año entero. Y atención:
esto no tiene absolutamente nada que ver con el Bono de Ingreso Integral (IIT)
actual de 200 dólares para activos o 168 dólares para pensionados. Estos 274,83
dólares mensuales son ingresos extraordinarios procedentes del subsuelo
nacional que hoy se manejan en la sombra. Si se sumaran legalmente a lo que ya
percibe la masa laboral, un trabajador activo pasaría a cobrar 474,83 dólares
mensuales y un pensionado 442,83 dólares, garantizando de inmediato la
cobertura de más del 60% de la canasta básica.
«Para los defensores de la cúpula, quienes seguramente
tacharán de "exagerada" o "irreal" nuestra justa exigencia
de 1.000 dólares de salario, les refrescamos la memoria: exagerada no es la
aspiración de un trabajador de comer y vivir con dignidad; exagerada, obscena e
inmoral es la corrupción sistemática que ustedes callan y justifican. Para este
libreto oficialista no fue una exageración el saqueo de PDVSA, ni les parece
desmesurado que, según los datos auditados de la administración de Donald
Trump, existan más de 13.000 millones de dólares flotando en la opacidad
financiera mientras el chorro petrolero hacia los puertos de Estados Unidos
sigue completamente abierto y facturando. Exageración es que pretendan que un
jubilado sobreviva con 0,17 dólares al mes mientras las aduanas negras del Arco
Minero y los buques fantasmas enriquecen a una minoría. Si hay recursos para
sostener los lujos de la burocracia y el financiamiento de las mafias, hay
recursos para pagarle a la clase obrera. Guarden su discurso de falsa
austeridad, porque la matemática del despojo los dejó al descubierto: el dinero
existe, pero ustedes prefieren que se quede en los bolsillos del poder antes
que en la mesa del pueblo».
Conclusión: 1.000 dólares para octubre es justicia, no
exageración
La clase trabajadora venezolana tiene por delante la tarea
histórica de la unidad, la cohesión y la organización de todos los sectores
gremiales. No nos podemos desviar de nuestro objetivo primordial: exigir un
aumento salarial y de pensiones de 1.000 dólares mensuales para el mes de
octubre. Que los verdugos del salario no nos vengan a decir que es un
exabrupto. Exageración y desfachatez son los más de 4 años y 5 meses que nos
han mantenido sin percibir un aumento real de sueldo. Exageración es la galopante
corrupción, los desfalcos y los fraudes continuos contra el erario público
cometidos por quienes gobiernan desde hace 26 años. Tenemos derecho
constitucional a una vida digna y con calidad de vida; un ingreso justo que no
solo sirva para no morir de hambre, sino que nos alcance para comprar ropa,
calzado, costear las medicinas de nuestros enfermos y garantizar la recreación
de nuestras familias. Nuestro reclamo es legítimo, tenemos las pruebas en las
manos y nos acompaña la razón. ¡Unidad y lucha por los 1.000 dólares ya!
*Las opiniones contenidas en este articulo son de la exclusiva responsabilidad del autor.
