Sostener las Sagradas Escrituras en
una mano y un fusil en la otra constituye una contradicción teológica
insostenible. El Dios de Jesucristo se caracteriza por el rechazo
absoluto a la violencia de las armas y a la coerción militar o estatal. Cuando
el Evangelio relata el arresto de Jesús y la violenta reacción en Getsemaní, su
respuesta fue contundente: « Vuelve a guardar tu espada en su lugar,
porque todos los que empuñen la espada, a espada morirán»
( Mateo 26:52).
Artículo de Jesús Lozano Pino, misionero y
filósofo en formación, publicado por Religión Digital 11
de agosto de 2026.
Aquí está el artículo.
El ascenso al poder del nuevo presidente de Colombia está
transformando el panorama político de la región . Su victoria no solo
reconfigura la dinámica de poder en Sudamérica, sino que también reabre un
urgente debate ético y teológico: la instrumentalización del Evangelio al servicio de agendas
autoritarias. Durante la campaña electoral, el presidente convirtió un
eslogan inquietante pero explícito en un sello distintivo de su discurso: la
promesa de gobernar "con la Biblia en una mano y un fusil en la
otra", de eliminar la llamada " ideología de género ", de "devolver la
nación a Dios" y de situar la fe divina en el centro de cada decisión
operativa.
Para comprender la magnitud de este fenómeno, es fundamental
analizar el singular recorrido espiritual del presidente y el contexto
religioso de su gobierno propuesto.
De la incredulidad a la fe: el punto de inflexión personal y la búsqueda de una identidad teológica.
El perfil del nuevo presidente revela un detalle de
fundamental importancia: durante gran parte de su vida, se declaró
abiertamente ateo. Sin embargo, una crisis personal derivada de su
historia familiar redefinió su postura, llevándolo a una experiencia de fe que
alteraría radicalmente su visión del mundo y su comprensión de la política.
Sin embargo, desde una perspectiva teológica, su profesión de
fe plantea interrogantes fundamentales: ¿a qué Dios se dirige su discurso? Si
bien se identifica con el cristianismo en términos generales, su fe
no parece adherirse al dogma ni a la tradición viva de una denominación
específica, como el catolicismo o el protestantismo histórico.
Se trata de un cristianismo a la carta: una experiencia espiritual
utilitaria, desvinculada del rigor de la tradición eclesiástica.
Su teología no surge del discipulado
evangélico ni del diálogo ecuménico, sino más bien de una comprensión
individual en la que Dios es instrumentalizado como garantía de orden,
autoridad e impunidad moral.
El giro hacia el cristianismo de derecha: de la
experiencia privada a la cruzada pública.
El problema ético no reside en la conversión personal de un
ciudadano, sino en la metamorfosis de esa experiencia privada en un programa político de extremismo confesional. El presidente
adoptó el esquema típico del neofundamentalismo de derecha: la sustitución del debate
secular y social por un conflicto de índole espiritual.
Al situar a Dios en el centro de las decisiones del
poder ejecutivo, el poder político se absolutiza y se elimina el debate cívico.
Si las decisiones estatales se presentan como tomadas «con la guía de Dios»,
cualquier oposición democrática o control institucional se tacha
automáticamente de ofensa divina. Esto socava el Estado laico; el principio
republicano de laicidad garantiza la libertad religiosa para todos. La
imposición de una visión particular del cristianismo por parte del jefe de
Estado destruye el pluralismo y la paz social.
El sacrilegio de "el fusil y la Biblia"
Sostener las Sagradas Escrituras en una mano y
un fusil en la otra constituye una contradicción teológica
insostenible. El Dios de Jesucristo se caracteriza por el rechazo
absoluto a la violencia de las armas y la coerción militar o estatal. Cuando el
Evangelio relata el arresto de Jesús y la violenta reacción en Getsemaní,
su respuesta fue contundente: «Vuelve a guardar tu espada en su lugar,
porque todos los que la empuñen, a espada morirán»
( Mateo 26:52). Asociar la Biblia —cuyo núcleo
insustituible es el amor al prójimo, el perdón y la opción preferencial por los
desfavorecidos— con la amenaza de las armas no es devoción; es una profanación
ideológica que degrada el Evangelio, transformándolo en un instrumento de represión y control social.
La trampa del "enemigo interno" y la
coartada antigénero.
El discurso que invoca el fusil y las Sagradas
Escrituras exige un chivo expiatorio para canalizar los temores colectivos
y consolidar su base electoral. La promesa de erradicar la «ideología de género» para «volver a Dios» funciona como un
recurso ideológico para legitimar los retrocesos en materia de derechos
humanos y la persecución de minorías y grupos diversos.
Ante esta manipulación, la auténtica coherencia bíblica
desmantela cualquier intento de exclusión, recordándonos que el núcleo del
ministerio de Jesús radicaba precisamente en poner la dignidad humana
en el centro, priorizando la acogida de aquellos marginados por la ortodoxia
religiosa de su tiempo. Asimismo, el mandamiento supremo del amor, expresado en
las Escrituras, afirma con absoluta claridad: « Quien no ama
a su hermano o hermana, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha
visto » (1 Juan 4:20). Por lo tanto, buscar un supuesto
«regreso a Dios» mediante la restricción de derechos y la estigmatización del
prójimo termina por destruir la esencia misma del mensaje cristiano.
Desarmar la fe para construir la paz
El ascenso al poder del nuevo presidente
colombiano, basado en esta plataforma, exige un discernimiento profético
riguroso. Un verdadero retorno a los valores evangélicos en la esfera
pública no se proclama blandiendo armas, imponiendo dogmas ni utilizando la
conversión personal como estandarte de coerción. Se manifiesta en la
construcción de una sociedad justa, la erradicación de la pobreza, la
consolidación de la paz y el respeto incondicional a la dignidad de cada
persona.
Dios no habita en las trincheras del militarismo ni en
las consignas de coerción; Dios se manifiesta en la justicia social , la reconciliación y la defensa
incondicional de la vida.
Tomado de IHU / Brasil.