Por Juan Linares / Opinión *
I. Refrescando la Memoria: Las Cifras del Agujero Negro
Como en Venezuela la amnesia colectiva es una enfermedad
endémica, es obligatorio volver a escribir con tinta indeleble las cifras del
monumento universal de la Corrupción institucionalizado. La Central
Hidroeléctrica Manuel Piar (Tocoma) no es un mito urbano; es un desfalco de
proporciones astronómicas que se puede resumir en la siguiente cronología del
absurdo:
Año de inicio: Las excavaciones y la fiesta burocrática arrancaron
formalmente en el año 2006.
Fecha proyectada de entrega: El cronograma original juraba
que para el 2012 la planta estaría escupiendo energía. Tras los primeros
tropiezos, la movieron al período 2014-2018.
Años de retraso: En pleno año 2026, la obra acumula 14 años
de retraso absoluto.
Costo y Desfalco: Concebida con un presupuesto inicial de $3.061 millones de dólares, la factura se infló de forma grotesca hasta superar los $9.000 millones. La Asamblea Nacional calculó un desfalco directo superior a los $3.000 millones de dólares.
El Gran Cero Eléctrico: Diseñada con 10 unidades generadoras para aportar una
capacidad instalada total de 2.160 MW (y una meta revisada de hasta 2.640 MW en
convenios posteriores), la realidad es matemática pura: 0 megavatios generados.
Mientras tanto, el país vive en un racionamiento diario que supera las 6 horas
en múltiples regiones.
II. Anatomía de una Chapuza: Cuando a Odebrecht se le Olvidó
el Hielo
Si la corrupción fuera una ciencia, la obra civil de
Odebrecht (hoy Novonor) en Tocoma ganaría el Premio Nobel. Los ingenieros
forenses que han inspeccionado las ruinas de cemento describen un catálogo de
errores técnicos que rayan en el sabotaje criminal:
El Misterio del Concreto Caliente: En el vaciado de grandes
masas de concreto para represas, es obligatorio mezclar el cemento con hielo
para controlar la temperatura durante el proceso de fraguado y evitar que el
material se agriete por estrés térmico. En Tocoma, la avaricia pudo más que la
termodinámica: le negaron el hielo al cemento. El material fraguó a
temperaturas de asfalto veraniego, comprometiendo la resistencia estructural
desde el primer día.
A esto se le sumó un racionamiento autoinducido de insumos:
cemento insuficiente en la dosificación de las mezclas y el uso de cabillas con
diámetros y espesores muy inferiores a los estipulados por los planos de
diseño.
El chiste final del realismo trágico ocurrió cuando los
brasileños entregaron la casa de máquinas. Los espacios asignados para alojar
las turbinas eran más pequeños y deformes que las especificaciones originales.
Cuando IMPSA llegó con sus moles de acero, descubrió que las tolerancias
geométricas estaban completamente desviadas. Ambas empresas se enfrascaron en
una guerra de acusaciones mutuas para tapar lo obvio: en un esquema de
contratos a dedo y sobrefacturación transnacional, ambas partes estaban demasiado
ocupadas contando billetes como para revisar si estaban usando la misma cinta
métrica.
III. El Regreso de los Gringos: El Veto a los Pícaros
La historia da vueltas extrañas. IMPSA, la histórica
metalúrgica argentina que casi quiebra debido a los cientos de millones de
dólares que la administración venezolana le dejó debiendo, fue privatizada y
adquirida por el consorcio estadounidense Industrial Acquisitions Fund (IAF),
de la mano de ARC Energy.
Acaban de firmar un nuevo acuerdo para reactivar Tocoma. Pero
las condiciones en las oficinas de los nuevos dueños norteamericanos son
radicalmente distintas. Los "gringos" llegaron aplicando un veto
absoluto a sus antiguos socios brasileños. A Novonor (Odebrecht) la vetaron por
pícara, mañosa y penalizada internacionalmente. Los nuevos accionistas saben
que poner a los brasileños a reparar el concreto defectuoso que ellos mismos
vaciaron sería una locura financiera. IMPSA exigirá la supervisión draconiana de
una firma internacional independiente de inspección civil para auditar cada
centímetro de la represa.
IV. El Enigma de los 18 Meses: ¿Es Posible Generar 672
MW?
El plan contempla una primera etapa estimada de 14 a 19
meses con el objetivo de recuperar y poner en marcha las primeras unidades para
inyectar cerca de 672 MW al colapsado Sistema Eléctrico Nacional.
A nivel de ingeniería, ¿es posible cumplir este plazo de 18
meses? La respuesta técnica es: Sí, pero bajo condiciones muy estrictas, y la
razón principal radica en que IMPSA no empieza desde cero.
El presidente de la compañía confirmó que el 60% de los
componentes electromecánicos necesarios ya están completamente fabricados.
Debido a la parálisis de una década, estas turbinas, generadores y sistemas
auxiliares no desaparecieron; quedaron varados y almacenados bajo custodia en
la planta de Mendoza (Argentina), así como en depósitos de Estados Unidos,
Alemania y Paraguay.
Venezuela e IMPSA firmaron el 13 de junio de 2026 el acuerdo
para completar la Central Hidroeléctrica Manuel Piar, conocida como Tocoma, en
el río Caroní, estado Bolívar. El convenio contempla incorporar hasta 2.640 MW
al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
En el corto plazo, la primera etapa —de 14 a 19 meses— busca
recuperar 672 MW mediante la puesta en marcha de dos unidades iniciales.
En Macagua, el trabajo es de rehabilitación de unidades fuera
de servicio. El cumplimiento de este lapso de 100 días es viable porque los
componentes electromecánicos y repuestos requeridos ya existen y fueron
inspeccionados previamente por comisiones técnicas de Corpoelec e IMPSA.
En Tocoma el verdadero cuello de botella en los próximos 18
meses no es fabricar las turbinas, sino la gestión de activos y la ingeniería
forense en el sitio:
Recalificación técnica: Esos componentes electromecánicos han estado
inmovilizados durante años. Requieren una inspección sistemática y ensayos no
destructivos antes de ser montados.
Picar el concreto corrupto: Antes de encender los generadores, la nueva
contratista civil seleccionada tendrá que corregir el desaguisado geométrico de
Odebrecht, ampliando los fosos con precisión milimétrica para que las turbinas
puedan ser acopladas.
El estudio preliminar existe y los fierros están listos en
los galpones internacionales. El único peligro real en Venezuela es que el
"bochinche institucional" o la amnesia disociativa de la burocracia
vuelvan a retrasar los permisos, el flujo de caja o el transporte de los
componentes. Si los gringos logran mantener el control estricto de la obra, es
físicamente viable que en año y medio las primeras turbinas Kaplan de Tocoma
dejen de ser un mito y comiencen, por fin, a encender los bombillos de un país
cansado de la oscuridad.
*Las opiniones
contenidas en este articulo son de la exclusiva responsabilidad del autor.
