Por Pedro Mosqueda
Egresé de la vieja Escuela de Derecho de la Universidad de
Carabobo hace más de 40 años; olvidé la fecha exacta. Recuerdo con nostalgia y
admiración el busto de Don Cristóbal Mendoza, ubicado en el patio central
frente a las aulas. Es posible que muchos ni se enteraron. Él fué abogado,
primer presidente de Venezuela y fue co- redactor de la primera Constitución de
la naciente República.
Aquel día, después de un bello acto académico un grupete de
amigos me agasajó.
Eduardo Casanova, un gran escritor, jodedor a tiempo completo
y diplomático, no pudo ser más ácido: "Bienvenido al vil
oficio". Él también es abogado.
No tuve un gran bufete, pero sí uno de los más populares de
Maracay. Creo que fui útil en el ejercicio de la profesión. Al MAS le sonó la
flauta en Aragua y la política fue prioridad. Dejé la representación de varias
compañías de seguros por incompatibilidad: o una cosa o la otra.
Nada de qué quejarme... soy parlamentario jubilado devenido en verso libre.
En el ejercicio profesional no fui un doctor "chimbín”
de esos que popularizó genialmente Joselo; menos pertenecí al grupo de
"los penalistas que dan pena”.
La frase no es mía, es de un abogado y jurista muy
respetable: Alberto Arteaga Sánchez.
En todos los oficios hay tramposos y listillos. El imaginario
popular sólo asocia con esa picaresca a políticos y abogados. ¡Bingo!
El doctor Alberto Arteaga Sánchez - que algo sabe de eso- se
refería a unos tipos que engolan la voz, bien careros, y con una cara de
circunspectos que es pura fachada - detrás hay un burdel- y siempre van
trajeados; pañuelo de seda en el bolsillo debajo de la solapa; escondidos en
bufetes cubiertos de mármol y una balanza de la justicia en la entrada
principal del recinto. ¡Hipócritas!
Ese es el uniforme de las famosas tribus judiciales que
siempre han existido para pervertir la justicia. Nada nuevo; lo que ocurre es
que en estos tiempos esa estirpe creció como la hierba mala. ¡Susto!
Los que pagan esa aberración son los pobres y sus abogados
pobres, estudiosos y honestos. Para ellos no hay justicia, y si llega es tarde.
"Pobre no litiga", eso se lo escuché hace tiempo a
un viejo y veterano abogado: Aquiles Monagas.
Lo cierto es que hoy es *día de los abogados*; ojalá en algún
momento podamos celebrar la fecha donde la palabra "aboganster" quede
desterrada... El cambio verdadero de un país empieza por tener una justicia
transparente y potable. Donde no nos chalequeen con la maldición gitana esa:
"entre abogados te veas"
Nos vemos por ahí, pero no entre abogados. ¡Zape!
