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23 junio, 2026

MICRORRELATOS: Entre abogados te veas…

Por Pedro Mosqueda

Egresé de la vieja Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo hace más de 40 años; olvidé la fecha exacta. Recuerdo con nostalgia y admiración el busto de Don Cristóbal Mendoza, ubicado en el patio central frente a las aulas. Es posible que muchos ni se enteraron. Él fué abogado, primer presidente de Venezuela y fue co- redactor de la primera Constitución de la naciente República.

Aquel día, después de un bello acto académico un grupete de amigos me agasajó.

Eduardo Casanova, un gran escritor, jodedor a tiempo completo y diplomático, no pudo ser más ácido:  "Bienvenido al vil oficio". Él también es abogado.

No tuve un gran bufete, pero sí uno de los más populares de Maracay. Creo que fui útil en el ejercicio de la profesión. Al MAS le sonó la flauta en Aragua y la política fue prioridad. Dejé la representación de varias compañías de seguros por incompatibilidad: o una cosa o la otra.

Nada de qué quejarme... soy parlamentario jubilado devenido en verso libre.

En el ejercicio profesional no fui un doctor "chimbín” de esos que popularizó genialmente Joselo; menos pertenecí al grupo de "los penalistas que dan pena”. 

La frase no es mía, es de un abogado y jurista muy respetable: Alberto Arteaga Sánchez. 

En todos los oficios hay tramposos y listillos. El imaginario popular sólo asocia con esa picaresca a políticos y abogados. ¡Bingo!

El doctor Alberto Arteaga Sánchez - que algo sabe de eso- se refería a unos tipos que engolan la voz, bien careros, y con una cara de circunspectos que es pura fachada - detrás hay un burdel- y siempre van trajeados; pañuelo de seda en el bolsillo debajo de la solapa; escondidos en bufetes cubiertos de mármol y una balanza de la justicia en la entrada principal del recinto. ¡Hipócritas!

Ese es el uniforme de las famosas tribus judiciales que siempre han existido para pervertir la justicia. Nada nuevo; lo que ocurre es que en estos tiempos esa estirpe creció como la hierba mala. ¡Susto!

Los que pagan esa aberración son los pobres y sus abogados pobres, estudiosos y honestos. Para ellos no hay justicia, y si llega es tarde.

"Pobre no litiga", eso se lo escuché hace tiempo a un viejo y veterano abogado: Aquiles Monagas.

Lo cierto es que hoy es *día de los abogados*; ojalá en algún momento podamos celebrar la fecha donde la palabra "aboganster" quede desterrada... El cambio verdadero de un país empieza por tener una justicia transparente y potable. Donde no nos chalequeen con la maldición gitana esa: "entre abogados te veas"

Nos vemos por ahí, pero no entre abogados. ¡Zape!