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23 junio, 2026

La reforma que amenaza con liquidar las prestaciones sociales en Venezuela: Un camino hacia el feudalismo laboral

Juan Linares / Opinión *

 Mientras el régimen impulsa una Constituyente sindical para eliminar la retroactividad de los beneficios, los trabajadores sobreviven con el salario más bajo del mundo y una protección social en ruinas.

En el centro del debate venezolano se encuentra una discusión que afecta la médula de la economía familiar: la reforma del sistema de protección social y el futuro de las prestaciones sociales. El sector trabajadores, el Estado y los empresarios están inmersos en una controversia que, de concretarse, podría significar un retroceso histórico en los derechos laborales, con especial impacto en los pensionados y jubilados.

Desde 2025, el régimen de Nicolás Maduro y ahora el interinato de Delcy Rodríguez han continuado y siguen planteado la instalación de una Constituyente Sindical para modificar artículos clave de la Constitución Nacional y de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT). El objetivo es perverso,y todos los trabajadores, jubilados y pensionados sectores sindicales y gremiales independientes, es eliminar la retroactividad de las prestaciones sociales, un beneficio que durante décadas fue un pilar de la seguridad económica de los venezolanos.

Antes del canto de sirenas: Un sistema que funcionaba

Quienes vivieron la era anterior a 1999 recuerdan un sistema de prestaciones sociales que, tras 25 años o más de servicio, permitía a los trabajadores acumular un capital suficiente para emprender proyectos económicos o simplemente vivir con dignidad durante la jubilación. Las pensiones, aunque modestas, alcanzaban para cubrir las necesidades básicas de una familia.

Pero todo cambió con la llegada de Hugo Chávez, el "encantador de serpientes" que, con promesas revolucionarias, sedujo a una mayoría que optó por no taparse los oídos como los marineros de Ulises. La "Revolución Bonita" pronto se convirtió en un experimento de expropiaciones, militarización del Estado y corrupción galopante. Para 2000, los venezolanos ya empezaban a sentir los primeros coletazos de la debacle.

La primera estocada llegó con la reconversión monetaria, que eliminó ceros al bolívar y pulverizó el valor real de las prestaciones acumuladas. Un trabajador que había ahorrado durante años vio cómo su indemnización apenas alcanzaba para comprar un cartón de huevos. El daño estaba hecho, pero lo peor estaba por venir.

El "presidente obrero" y el golpe al salario

Con Nicolás Maduro, la situación se agravó hasta extremos insospechados. El autoproclamado "presidente obrero" implementó el Memorando 2792 (2018) y el Instructivo ONAPRE (2022), dos instrumentos que centralizaron y redujeron los ingresos del sector público. Estos mecanismos eliminaron la autonomía de la contratación colectiva, aplanaron las tablas salariales, recortaron hasta un 70% las primas y bonos, y congelaron los beneficios socioeconómicos conquistados por décadas de lucha sindical.

El resultado: el salario mínimo en Venezuela es hoy de apenas 0,21 dólares al mes, el más bajo del mundo. Para disimular la miseria, el régimen inventó un "Ingreso Integral de los Trabajadores" (ITT) que cambia de nombre según la conveniencia política, pero que no alcanza ni para cubrir una fracción de la canasta alimentaria, cuyo costo supera los 730 dólares mensuales.

La reforma de los artículos 89 y 92: ¿El fin de la retroactividad?

En este contexto de precariedad extrema, el gobierno y sus aliados empresariales -entre ellos Fedecámaras, Fedeindustrias y sindicalistas alineados como los de la CBST, encabezados por Wills Rangel- han resucitado la idea de eliminar la retroactividad de las prestaciones sociales. Para ello, se requiere reformar los artículos 89 y 92 de la Constitución, así como los artículos 104, 122 y 142 de la LOTTT.

La propuesta ha sido comparada por críticos con un "campo de concentración" o un "gueto" para los trabajadores, pues despoja a los empleados de la posibilidad de recibir una indemnización justa tras años de servicio. Mientras tanto, en el Ministerio de Educación, los docentes, administrativos y obreros con más de 25 años de labor son "jubilados forzosamente" con prestaciones que oscilan entre los 100 y 300 dólares, una cifra irrisoria que apenas les permite "irse a morir a su casa".

Mientras tanto, en los países nórdicos...

La discusión en Venezuela contrasta brutalmente con los modelos de protección social de países como Noruega, Suecia y Dinamarca. Allí, el sistema combina pensiones públicas universales, planes ocupacionales negociados por sindicatos y ahorro privado. Los ciudadanos financian este entramado mediante impuestos y cotizaciones obligatorias, pero reciben a cambio una vejez digna:

· Noruega: Pensión mínima garantizada de unos 2.000 a 2.300 euros, con promedios totales que superan esa cifra.

· Suecia: Pensión de garantía de 850 a 900 euros para quienes no cotizaron, pero la media total ronda entre 1.500 y 2.500 euros.

· Dinamarca: Pensión estatal básica de aproximadamente 2.300 euros, sumada a la pensión laboral (ATP) y ahorros privados.

Además, estos países ofrecen asistencia médica gratuita o de bajo costo, cuidados de larga duración, centros de día, residencias subvencionadas y ayudas para vivienda y calefacción.

¿Qué hacer? Una hoja de ruta posible

Frente a la propuesta regresiva del régimen, los trabajadores y jubilados venezolanos preguntan: ¿Por qué no se realiza un estudio técnico que vincule la recuperación económica con la mejora salarial? A medida que la producción petrolera se reactive, que se recuperen las empresas básicas de Guayana y que se repare el sistema eléctrico nacional, el Estado podría reestructurar su gasto público -actualmente devorado por una burocracia que consume el 60% del presupuesto operativo- para destinar recursos al aumento progresivo del salario hasta cubrir la canasta alimentaria.

Solo entonces se podría pensar en un sistema de protección social similar al de los países nórdicos, que garantice:

1. Asistencia médica gratuita o de muy bajo costo.

2. Cuidados de larga duración, con centros de día y ayuda a domicilio.

3. Pensiones que cubran las necesidades básicas.

4. Subsidios para vivienda, alquiler y recreación.

El camino pasa por la democracia

Este escenario, sin embargo, es inviable bajo la actual estructura corrupta, criminal y antidemocrática que busca perpetuarse en el poder. Más del 90% de los venezolanos rechazan al régimen y aspiran a vivir en libertad, con empleos dignos y una excelente calidad de vida. La solución, por tanto, pasa por elecciones libres y democráticas que permitan construir un nuevo pacto social, donde el trabajo no sea sinónimo de esclavitud voluntaria ni la jubilación una sentencia de muerte.

Como escribió un poeta: "No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista". Pero para que esa sentencia se cumpla, los venezolanos deben alzar su voz, organizarse y exigir que los cantos de sirenas no vuelvan a engañarlos. Esta vez, la historia no puede repetirse.

jlrlinares@gmail.com 

*Las opiniones contenidas en este articulo son de la exclusiva responsabilidad del autor.