El presidente celebró sus 80 años con una inédita velada de
UFC en Washington, rodeado de figuras de su gobierno, peleadores, fuegos
artificiales y polémicas frases que se volvieron virales
WASHINGTON. – Donald Trump celebró
sus 80 años como solo él podía hacerlo: con una mezcla de poder,
espectáculo, provocación y geopolítica. Apenas unas horas después de
anunciar un
acuerdo con Irán para intentar poner fin a cuatro meses de guerra, el
presidente de Estados Unidos convirtió el Jardín Sur de la Casa Blanca en una
arena de artes marciales mixtas, rodeado de su familia, de buena parte de su
administración y de miles de invitados que ovacionaron la inédita velada de UFC
Freedom 250.
Fue una escena sin precedentes en la historia de la residencia presidencial. Trump salió del Despacho Oval junto a Dana White, el presidente de la Ultimate Fighting Championship y uno de sus aliados más cercanos, y caminó hacia un estadio temporal de acero de 600 toneladas, bautizado como “La Garra”, montado frente a la Casa Blanca con pantallas gigantes, una estructura de casi 30 metros de altura y una jaula octogonal preparada para siete combates profesionales.
Antes del inicio de las peleas, el mandatario apareció en el
histórico balcón Truman para presenciar la interpretación del himno nacional.
Al atardecer, sobre el horizonte de Washington, una formación “Super
Delta” de la Fuerza Aérea, integrada por los Thunderbirds y los Blue Angels
de la Armada, sobrevoló la capital como parte de la puesta en escena. Luego, la
atención se trasladó al octágono instalado en el césped presidencial, ante más
de 4000 espectadores dentro del predio y miles de fanáticos reunidos en la
cercana Ellipse para seguir el show en pantallas gigantes.
La velada, el primer evento deportivo profesional
celebrado en la Casa Blanca, formó parte de las celebraciones
oficiales por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos,
pero también funcionó como una postal perfecta del trumpismo: una combinación
de patriotismo, cultura de masas, épica militar, culto personal y desafío
deliberado a las normas tradicionales del poder.
Durante unas horas, la mansión ejecutiva se transformó en un
enorme reality show. Los luchadores calentaron en espacios del complejo
presidencial y salieron hacia la jaula desde el interior mismo de la Casa
Blanca. La música retumbaba contra la fachada del balcón Truman, mientras los
salones del poder se llenaban de peleadores, comentaristas, figuras del
espectáculo y funcionarios del más alto nivel, desde el vicepresidente JD
Vance hasta el secretario de Estado Marco Rubio.
El propio Trump siguió los combates desde la primera fila
junto a Melania Trump.
En algunos momentos, alternó la atención entre la jaula y su teléfono: mientras
la banda de los Marines interpretaba Thunderstruck, de AC/DC, el
presidente publicaba detalles del acuerdo con Irán en sus redes
sociales y hablaba con periodistas sobre el alcance de la negociación.
Trump, el segundo octogenario en ocupar la
presidencia después de Joe Biden, quiso exhibir el acuerdo como una
conquista personal y como una prueba de vigor político. Antes del
evento, había asegurado que sus predecesores no habían conseguido un resultado
semejante y amenazó con reanudar los ataques militares si Irán no avanzaba
hacia un pacto nuclear definitivo. También sugirió que Estados Unidos podía
convertirse en “guardián de Medio Oriente” a cambio de una
parte de los ingresos de la región, una frase que volvió a alimentar las
críticas sobre su visión transaccional de la política exterior.
Mientras tanto, varios luchadores vencedores se acercaron al
presidente después de sus combates para saludarlo o dedicarle sus triunfos. Bo
Nickal, tras derrotar a Kyle Daukaus por nocaut, trepó la reja del octágono
para estrecharle la mano. Trump tomó sus guantes rojos y le dio una
palmada en el hombro sudoroso. “Esto es increíble”, dijo después Nickal,
señalando al mandatario durante una entrevista con Joe Rogan, el popular
comentarista de la UFC.
Otro de los momentos más polémicos llegó cuando el peso
pesado Josh Hokit le colocó un objeto alrededor del cuello a Trump y pronunció
un discurso cargado de insultos que incluyó elogios al presidente y un
ataque contra la exprimera dama Michelle Obama. “Michelle Obama es un
hombre, ¿verdad, Estados Unidos?”, gritó frente al mandatario, en una escena
que se volvió rápidamente viral.
La escena reforzó las críticas de quienes acusaron al
mandatario de degradar la solemnidad de la Casa Blanca y
convertir la sede del poder estadounidense en una plataforma de espectáculo
político y provocación cultural.
También hubo cuestionamientos por la comercialización
del evento. La lona del octágono exhibió patrocinios de grandes compañías y
de organizaciones alineadas con el universo conservador, entre ellas Rumble,
EasyPost y Turning Point USA. Para los detractores de Trump, esa presencia
corporativa dentro de la Casa Blanca resumió una de las marcas de su
presidencia: la mezcla constante entre poder público, intereses privados,
política partidaria y marca personal.
La Casa Blanca sostuvo que la UFC asumió el costo total del
evento, estimado en unos 60 millones de dólares. Aun así, la
magnitud de la producción alimentó el debate. Según una encuesta de
Reuters/Ipsos publicada días antes, solo el 16% de los estadounidenses
consideraba apropiado organizar una velada de UFC en la Casa Blanca, mientras
que el 46% la veía inapropiada.
En lo deportivo, la noche dejó resultados contundentes y una
gran sorpresa. El estadounidense Justin Gaethje derrotó por nocaut técnico al
español Ilia Topuria después de cuatro asaltos y le arrebató el cinturón de
peso ligero. Topuria, que llegaba invicto con 17 victorias, fue castigado
especialmente a partir del tercer round y no recibió autorización médica para
disputar el quinto asalto. Trump y Melania subieron luego al octágono para
felicitar a Gaethje, que le deseó feliz cumpleaños al presidente.
También hubo una ovación para el boxeador británico Tyson
Fury, una victoria rápida del brasileño Diego Lopes sobre Steve Garcia y un
título pesado para el francés Ciryl Gane, que venció por nocaut técnico al
brasileño Alex Pereira. En las inmediaciones, los fanáticos siguieron el
espectáculo como una celebración patriótica. “Es simplemente algo
típicamente estadounidense”, dijo Mark Toone, exmarine de 50 años.
“Celebremos nuestra bandera y nuestro país”.
Agencias Reuters, AFP y ANSA / Tomado de LA NACIÓN /
Argentina. Imagen: SurRod Lamkey - FR172078 AP.