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31 mayo, 2026

De la Crisis a la Inversión: El Plan para salvar el Sistema Eléctrico Nacional

 Abg. Ángel Linares Rincón / Opinión

La refundación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) exige una transformación estructural profunda que sustituya el centralismo por un modelo de apertura, eficiencia y seguridad jurídica. Para lograrlo, resulta indispensable implementar una reforma urgente de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico (LOSSE) que ponga fin al monopolio de generación de Corpoelec. Esta modificación legal debe abrir las puertas al capital privado mediante un régimen transparente de licencias y concesiones comerciales que faculte a empresas nacionales e internacionales para construir, operar y vender energía directamente a la red.

Complementariamente, se requiere modificar el artículo 10 de la normativa vigente. Por un lado, es necesario eliminar la obligación de priorizar la contratación de bienes nacionales, una medida que hoy genera cuellos de botella y retrasa la importación de tecnología y repuestos críticos de alta gama. Por el otro, se debe suprimir la restricción que obliga al Estado a retener un mínimo del 60 % del capital social en asociaciones estratégicas, flexibilizando así la constitución de empresas mixtas para atraer el financiamiento global.

Este nuevo sistema de inversión privada solo será sostenible si se construye sobre una base de institucionalidad técnica y reglas claras. Por ello, el siguiente paso crítico es la creación de una autoridad regulatoria independiente, mediante un marco legal que constituya una nueva Comisión Nacional de Energía Eléctrica autónoma o un ente similar. Para blindar su funcionamiento frente a la discrecionalidad política, la transparencia debe ser el pilar fundamental, exigiendo que sus directores sean elegidos exclusivamente a través de concursos públicos de mérito técnico. De esta forma, se logrará separar la gestión operativa y la fijación de tarifas de cualquier criterio político o ministerial, devolviendo la predictibilidad y la confianza que el sector necesita.

Bajo esta misma lógica de sostenibilidad, es imperativo avanzar hacia una adecuación jurídica del esquema tarifario. El modelo actual debe hacer la transición hacia precios basados en costos reales que reflejen fielmente los gastos de operación, modernización y mantenimiento del SEN. No obstante, para mitigar el impacto social de esta medida, la legislación debe establecer un mecanismo transparente de subsidios focalizados y directos, orientados únicamente a atender a los sectores de bajos ingresos y mayor vulnerabilidad. Este equilibrio normativo protegerá a la población desfavorecida, al tiempo que asegurará el retorno de inversión necesario para los prestadores, públicos y privados, del servicio eléctrico.

Por otra parte, la magnitud de la crisis eléctrica requiere un blindaje contractual robusto y el diseño de mecanismos financieros internacionales atractivos. Una solución viable es la creación de fideicomisos petroleros alimentados por cuentas internacionales controladas con los ingresos de la exportación de crudo. Estos operarán como garantía jurídica directa de pago para contratos con proveedores tecnológicos globales de primer nivel como Siemens Energy y GE Vernova. Ambos son los gigantes tecnológicos y fabricantes de equipos originales (OEM) más importantes del sector eléctrico global, por lo que su participación es indispensable para cualquier plan serio de modernización del SEN; la gran mayoría de las plantas termoeléctricas e hidroeléctricas del país fueron construidas originalmente con sus tecnologías y patentes. En paralelo, el Estado debe promulgar leyes de incentivo fiscal específicas que exoneren de aranceles y tributos la importación de repuestos originales y tecnología crítica, lo que acelerará los tiempos de ejecución de las obras y reducirá los costos operativos de la reconstrucción.

Finalmente, la viabilidad de todo este plan de modernización está estrictamente ligada a una pragmática coordinación normativa con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Las regulaciones internas de Venezuela deben alinearse de inmediato con los términos y excepciones fijados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Particularmente, las licencias generales 48A y 49A —emitidas por este organismo en marzo de 2026— reconfiguran el régimen de sanciones hacia el país, permitiendo operaciones clave en los sectores de hidrocarburos, petroquímica y electricidad bajo estrictos controles geopolíticos. Esta adecuación legalizará y agilizará el suministro tecnológico para la transmisión, distribución y reparación de plantas hidroeléctricas críticas en el complejo del Bajo Caroní. Como engranaje de cierre, la habilitación legislativa de un mecanismo denominado "Green Line" proveerá un canal expedito de visados, permisos logísticos y exenciones técnicas; esto garantizará el ingreso e instalación inmediata del personal de ingeniería extranjero necesario para ejecutar la estabilización definitiva de la energía en el país.

Más allá de los aspectos técnicos, este proyecto representa una hoja de ruta para superar los años de crisis y apagones, apoyándose en la ingeniería, el talento humano y la resiliencia de la población venezolana. De este modo, la reconstrucción del aparato eléctrico se plantea como el paso fundamental para reactivar de forma definitiva el sector productivo del país, devolviendo la estabilidad a los hogares y encendiendo el desarrollo económico nacional.