Los cuatro candidatos
a la Secretaría General de la ONU: perfiles de los posibles sucesores de
António Guterres.
El período de António
Guterres al frente de la Organización de las Naciones Unidas expira el
31 de diciembre de 2026. A partir del 1 de enero de 2027, la institución
contará con un nuevo Secretario General. El mecanismo de selección
se activará durante los meses restantes de 2026.
Desde la creación de
la ONU en 1945, el único mandatario latinoamericano en ocupar
el puesto fue el diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar, quien ejerció
entre 1982 y 1991. El procedimiento de designación no sigue una lógica
electoral convencional.
El Consejo de
Seguridad delibera a puerta cerrada y ejecuta sondeos de opinión
internos. Para que un aspirante avance, requiere al menos nueve votos
favorables y la ausencia de veto por parte de los cinco
miembros permanentes.
Esas cinco naciones —Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia— configuran, en los hechos, el nombre del próximo responsable del principal organismo multilateral del planeta. Cuatro nombres han sido propuestos oficialmente para reemplazar a Guterres: Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Macky Sall (Senegal).
Los días 21 y 22 de
abril, los postulantes respondieron consultas de los Estados miembros acerca
de su visión del futuro de la organización y su capacidad para conducirla. Tres
de los cuatro aspirantes proceden de América Latina, en un contexto
donde diversos Estados impulsan que una mujer asuma la
secretaría general por primera vez.
América Latina reclama
el puesto basándose en una tradición no codificada de rotación
geográfica, aunque dicha pauta no siempre se aplica.
Perfiles de los
aspirantes a la sucesión
Michelle Bachelet nació en
Santiago de Chile el 29 de septiembre de 1951. Es médica y política, ejerció la
presidencia de Chile en dos períodos no consecutivos: 2006-2010 y 2014-2018.
En 2000 fue nombrada
ministra de Salud, donde implementó el plan AUGE de acceso universal a
garantías explícitas en salud. Posteriormente, en 2002, asumió como ministra de
Defensa Nacional, siendo la primera mujer en ocupar ese cargo en Chile y
Latinoamérica, y la quinta a nivel mundial.
En 2010, el entonces
secretario general Ban Ki-moon la designó como primera directora ejecutiva
de ONU Mujeres, agencia dedicada a la defensa de los derechos de
mujeres y niñas. Más tarde, Guterres la nombró alta comisionada de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos, cargo que desempeñó desde el 1 de septiembre
de 2018 hasta el 31 de agosto de 2022.
En su último día como
alta comisionada, se publicó un informe sobre abusos contra la etnia uigur en
China, donde se reconoce que las acciones de Pekín en la región de Xinjiang
podrían constituir crímenes de lesa humanidad. El 2 de febrero de
2026, el entonces presidente Boric anunció la inscripción de su candidatura,
presentada conjuntamente con los gobiernos de México y Brasil.
El gobierno de Chile
le saca el apoyo a Bachelet
No obstante, tras la
asunción de José Antonio Kast, Chile retiró el apoyo; México
y Brasil, con liderazgos progresistas, sostuvieron su postulación. En su
comparecencia ante los Estados miembros, Bachelet declaró que espera que el
mundo esté por fin «preparado» para tener a una mujer en ese cargo.
«Si soy cortés, diría
que el mundo no estaba preparado. ¿Lo está ahora? Eso espero», señaló a
periodistas tras tres horas de audiencia. Sobre la parálisis del Consejo de
Seguridad, afirmó: «No tengo una poción mágica que pueda dar a los Estados
miembros, y en particular a los 5P, para que se la beban y todos se vuelvan
amigos.» Respecto a su edad de 74 años, respondió: «No me hablen de la edad.
Siempre digo que tengo una juventud acumulativa.»
Trayectorias de Grossi
y Grynspan en el sistema multilateral
Rafael Grossi se
graduó en ciencia política en 1983 en la Universidad Católica Argentina.
Ingresó al servicio exterior en 1985 tras egresar con medalla de plata en el
Instituto del Servicio Exterior de la Nación.
En 1991 obtuvo una
maestría en relaciones internacionales en el Instituto Universitario de Altos
Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra, y luego un doctorado en
historia y política internacional en la misma casa de estudios. Su perfil corresponde
a un diplomático de carrera con especialización en seguridad
nuclear.
Grossi, de 65 años,
dirige desde 2019 el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA),
parte del sistema de Naciones Unidas. En 2026 fue incluido en la lista anual de
las 100 personas más influyentes del mundo elaborada por la revista Time.
La publicación destacó
su labor al frente del OIEA, especialmente por su intervención
en situaciones de alta tensión internacional vinculadas a la seguridad nuclear,
entre ellas la crisis de la central nuclear de Zaporiyia en el contexto de la
guerra entre Rusia y Ucrania. En las audiencias de abril, el diplomático
argentino enfatizó que la organización debía asumir un papel «más activo y
pragmático» ante los conflictos globales y dijo que la ONU «no fue creada para
emitir mensajes desde una torre de marfil, sino para resolver problemas sobre
el terreno».
El gobierno de
Argentina, cercano a Estados Unidos, presentó en noviembre al actual director
general del OIEA. El embajador estadounidense Mike Waltz advirtió que comparte
«preocupaciones» sobre la candidatura de Bachelet, sin mencionar explícitamente
a Grossi, aunque recordó que hay una «opinión generalizada» de que se debería
elegir a una mujer latinoamericana.
Rebeca Grynspan, economista
de 70 años, es hija de padres judíos que emigraron a Costa Rica tras sobrevivir
al Holocausto. Actual secretaria general de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), construyó su
carrera en torno a la cooperación internacional y el desarrollo.
Además de la
vicepresidencia de Costa Rica, ocupó la titularidad de la Secretaría General
Iberoamericana (SEGIB), lo que amplió su red de vínculos entre Europa y América
Latina. Uno de los hitos que definen su candidatura es su actuación en plena
guerra: negoció en 2022 la Iniciativa del Mar Negro con Moscú
y Kiev para facilitar la exportación de cereales ucranianos tras la invasión
rusa.
A diferencia de otros
candidatos con perfil más político o de seguridad, Grynspan capitaliza su
experiencia al frente de la UNCTAD y del Grupo de Respuesta a la Crisis de
Alimentación, Energía y Finanzas impulsado por Guterres. Esto le permite
plantearse como una mediadora entre Norte y Sur en debates sobre deuda,
comercio, transición energética y financiamiento del desarrollo.
La candidatura
costarricense se apoya en dos déficits históricos del sistema: nunca ha habido
una mujer secretaria general y América Latina no ocupa el puesto desde Javier
Pérez de Cuéllar, cuyo mandato terminó en 1991. Analistas no descartan que sea
Grynspan quien termine emergiendo como «la candidata, si hay muchas
diferencias, que teja el consenso».
El caso de Macky Sall
y el tablero de poder
Macky Sall ejerció
la presidencia de Senegal entre 2012 y 2024. Su trayectoria política incluye
cargos como alcalde de Fatick, primer ministro y presidente de la Asamblea
Nacional.
Su gestión estuvo
marcada por intentos de modernización económica, impulso a la
infraestructura y un rol activo en foros regionales como la Unión Africana,
donde incluso ejerció la presidencia. Es el único candidato que no proviene de
América Latina.
La Unión Africana
anunció que 20 países miembros, incluido Senegal, rechazaron la moción para
respaldar su candidatura, al romper el llamado «procedimiento de silencio».
Durante sus últimos años en el poder, su gobierno fue cuestionado por la
represión de protestas opositoras.
El saldo de las
protestas alcanzó hasta 80 muertos, según el actual gobierno senegalés, y
cientos de heridos. Activistas de derechos humanos en Dakar expresaron
públicamente su rechazo, con voces que afirman que su elección «sería una
catástrofe».
Pese a ello, Sall
mantiene su postulación. Plantea una agenda en la que el desarrollo económico
es inseparable de la paz. Según su visión, los conflictos no pueden resolverse
de manera duradera si persisten la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad frente
al cambio climático.
Tras las exposiciones
públicas y la ronda de preguntas, el Consejo de Seguridad realizará
consultas privadas para buscar consensos y descartar candidatos vetados. Este
proceso puede durar semanas o meses, y solo una vez que haya acuerdo, la
Asamblea General formaliza la designación.
El próximo secretario
general deberá estar en sintonía con «los valores y los intereses
estadounidenses», advirtió el embajador Mike Waltz. China y Rusia suelen
preferir candidatos que enfaticen la soberanía estatal y no
interfieran en asuntos internos.
Francia y Reino Unido
han sido defensores de que una mujer asuma el liderazgo. La decisión final se
conocerá antes de que concluya 2026.
Tomado de La Red 21 /
Uruguay.