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11 enero, 2026

VLADIMIR VILLEGAS: “Maduro tiene muchos defectos, y son muchos, pero no el de narcotraficante”

 Cambio

El ex vicecanciller venezolano Vladimir Villegas es hoy un crítico del régimen que ayudó a fundar. Conoció a Nicolás Maduro en la militancia estudiantil, trabajó con él en la Cancillería y fue embajador en Brasil y México. Desde esa trayectoria, en entrevista a CAMBIO, analiza la deriva del poder en Venezuela. “A Chávez la Constitución le quedaba como un zapato apretado: se lo quitaba para acomodárselo. En el caso de Maduro, el zapato ni siquiera le entraba”, dice.

Por: Armando Neira

Hely Vladimir Villegas Poljak (Caracas, 11 de diciembre de 1961) habla de política casi todos los días. Es parte de su vida pública y de su rutina. La excepción se da en las reuniones familiares con sus hermanos, donde el tema queda fuera de la mesa. Como en buena parte de las familias de Venezuela, en la suya hay posiciones diametralmente opuestas. Su hermano Ernesto forma parte del gabinete de la presidenta Delcy Rodríguez en su condición de ministro de Cultura. Su hermana Asia es diputada suplente de la Asamblea que acaba de instalarse; su otro hermano, Mario, es de la oposición.

—¿Y usted?

—Yo trato de escucharlos a todos con respeto, porque todos tienen algo de razón –le dice a CAMBIO desde Caracas, una ciudad que hora tras hora intenta asimilar el impacto del ataque militar de Estados Unidos, la captura de Nicolás Maduro y el ascenso al poder de la primera mujer en la historia–.

—Pero, ¿cómo no hablar de política con su familia en estos momentos?

—(Risas). Bueno, hemos roto brevemente la regla. Pero no se levanta la voz y solo valen los argumentos. La diatriba debe quedar fuera de la mesa.

Explica que se trata de una herencia transmitida por sus padres, ambos ya fallecidos: Cruz Villegas, presidente de la Central Única de los Trabajadores, dirigente sindical comunista, a quien se ve en una vieja foto arengando con un letrero que dice: “¡Fuera yankis!”; y su madre, Maja Poljak, periodista y luchadora social comunista de origen judío, nacida en Zagreb, Croacia.

 Esa lección le ha dado resultado a Vladimir Villegas, quien alcanzó gran éxito mediático como director de Venezolana de Televisión, nombrado por Hugo Chávez, y luego como presentador del programa central de entrevistas de Globovisión, del cual salió –para su sorpresa– por decisión de quien fuera su compañero de clases en el bachillerato y de militancia política: el entonces presidente Nicolás Maduro, hoy recluido en una cárcel de Estados Unidos.

Previamente, Villegas había entrevistado a su hermano Ernesto durante una de las muchas protestas para exigir una democracia real, y la conversación fue “muy dura”, como él mismo dice. “Tuvimos un distanciamiento personal doloroso, pero luego vino la reconciliación, porque podemos pensar distinto, pero nunca dejamos de ser hermanos. Así les pasa aquí a muchas familias. Por eso, la tarea ahora es empezar a reconciliarnos desde las casas”.

CAMBIO: ¿Cómo es esa historia de que usted y Nicolás Maduro se conocen desde muchachos?

Vladimir Villegas: Así es. Nos conocimos cuando estudiábamos en el Liceo José Ávalos, en la parroquia El Valle de Caracas. Eran los años setenta y nosotros éramos muy rebeldes. Veíamos mucha pobreza en un país tan rico y nos parecía que eso no era justo. Militábamos en el movimiento estudiantil, luego cada uno empezó a hacer su propio camino, pero siempre hubo puntos de encuentro en la política, siempre desde la izquierda, aunque con distintas vertientes. En mi caso, entré en 1976 a la Juventud Comunista de Venezuela; él, a la Liga Socialista.

CAMBIO: ¿Cuándo se volvieron a ver?

V.V.: Yo fui electo diputado y era presidente de la Subcomisión de Derechos Humanos del Congreso. Un día, cuando fui a visitar a algunos presos políticos que estaban en la Disip, escuché un tremendo grito con su inconfundible tono de voz: “¡Epa, Vladimir!”. 

CAMBIO: ¿Maduro estaba detenido?

V.V.: Sí. Él estuvo detenido en su época como dirigente del Movimiento Revolucionario 200 en Caracas. Él y Freddy Bernal eran los más buscados entonces.

CAMBIO: ¿Ese encuentro marcó un vínculo definitivo entre ustedes dos?

V.V.: En realidad, no. Lo que nos unió fue Hugo Chávez. Él supo cohesionar a todos quienes teníamos el sueño de construir un país distinto. Cuando Chávez gana, estuve en la Asamblea Nacional Constituyente, luego me nombró embajador en Brasil. De ahí pasé a la presidencia de Venezolana de Televisión y luego embajador en México. Lo mío era la diplomacia y las comunicaciones; lo de Maduro, el trabajo político.

CAMBIO: ¿Hicieron campaña juntos?

V.V.: Sí. Para la Asamblea Nacional, y lo logramos. Ganamos. Fueron instantes de una felicidad incomparable.

CAMBIO: Luego Maduro es designado canciller. ¿Y usted?

V.V.: Él me llama y me nombra su vicecanciller. Trabajamos muy unidos, con el propósito de mantener relaciones con todos los países, especialmente con los de la región. En nuestro país el peso del Libertador Simón Bolívar es enorme. Eso explica el deseo de construir una patria grande y libre, como lo fue en su momento la Gran Colombia. 

CAMBIO: ¿Qué pasó? ¿Por qué rompió con el chavismo?

V.V.: Sentí que nos estábamos equivocando todos, desde el gobierno y desde la oposición. Pero quienes teníamos el poder éramos más responsables. Vino la reforma constitucional de 2007, me opuse y lo dije públicamente. A partir de allí se produjo la ruptura política.

CAMBIO: Usted se convierte en una de las figuras de Globovisión, lo entrevista, él se molesta y lo hace sacar del canal…

V.V.: Carambolas de la vida. Eso terminó de distanciarnos, pero luego él mismo pidió que volviera. Como se da cuenta, con Maduro vamos y venimos (risas).

CAMBIO: ¿Por qué dice que quien tiene el poder tiene más responsabilidad?

V.V.: Porque un gobierno concentra un poder, en algunos casos demasiado, y eso exige más compromiso e intentar hacer las cosas bien. En el caso de Maduro, no fue así. Se volvió muy intolerante a la crítica. Imagínese: hacerme sacar por un comentario. Si eso pasaba conmigo, que trabajé con él y sabe quién soy, ¿cómo sería con los opositores reales?

CAMBIO: ¿No volvieron a hablar?

V.V.: Hemos mantenido una comunicación indirecta. Aquí se hizo una serie sobre su vida y él menciona el episodio de cuando estaba en la cárcel, me vio y su grito de emoción, me dedicó un buen tiempo. Yo, que he sido muy crítico de su forma de gobernar, firmé recientemente un comunicado de periodistas –de gobierno y de oposición– rechazando una intervención armada de Estados Unidos en Venezuela. Es un tema de principios. La defensa de la soberanía es incuestionable.

CAMBIO: Pero se dio.

V.V.: Sí. Fue muy fuerte. Cada segundo de lo que vivimos esa noche quedará grabado de por vida en quienes lo vimos. Una intervención armada genera heridas profundas, difíciles de cicatrizar. Yo no le deseo eso a nadie. Son cosas que no deben pasar en ningún país del mundo.

CAMBIO: Esa madrugada del sábado, ¿usted se despertó?

V.V.: Me despertaron después de haber tenido un breve sueño. Mi hijo mayor cumplía años el 3 de enero. Lo llamé a las doce de la noche para felicitarlo, conversamos un rato y me acosté casi a la una. A las dos de la mañana me llamaron de la emisora –trabajo en Unión Radio– para informarme de lo que estaba pasando. Habíamos acordado que yo estaría de guardia si ocurría algo extraordinario, así que me levanté y me fui a la radio.

CAMBIO: ¿Qué sintió?

V.V.: Me estremecí. Sabía que no era una pesadilla, sino un acontecimiento que llevaremos por siempre. Era una mezcla de dolor muy fuerte y profunda tristeza. Más allá del chavismo, esta es la patria de Simón Bolívar, un país que contribuyó a la independencia de otras naciones. Verse atacado por una potencia dejará una herida que no sé cuándo sanará. Uno se acostumbra a ver esas cosas lejos, en la distancia, en el tiempo y por televisión: Siria, Irak, Libia, Panamá o Granada. Pero en nuestra región, y en la actualidad, es una página terrible de nuestra historia.

CAMBIO: Pero en Venezuela hay quienes lo celebran.

V.V.: Yo no lo entiendo. No comprendo a quienes celebran, porque no se trata de una acción contra un hombre: entraron con poder militar a nuestros cielos y dispararon contra nuestra tierra. Es posible que, ante el hastío que muchos sentían hacia el gobierno, algunos experimenten una sensación de satisfacción, pero creo que será efímera. Las consecuencias, en cambio, serán a largo plazo y, por ahora, inciertas.

CAMBIO: Hay quienes dicen que no había otra salida.

V.V.: Yo no lo creo. Siempre hay que buscar otras opciones. Estoy muy afectado. Eso no quiere decir que uno no reclame cambios o reformas, pero entregar la soberanía no se justifica. Perdimos una gran oportunidad de hacer las cosas bien. Lo que pasó es inaceptable, aunque pudo evitarse.

CAMBIO: Usted ha sido muy crítico del chavismo. ¿Cómo cree que verá la historia esta etapa de Venezuela?

V.V.: Como un sueño muy bonito que terminó muy mal, con las mejores intenciones en su punto de partida, pero que perdió su brújula porque se cometió el pecado de saltarse la Constitución. 

CAMBIO: ¿Por qué?

V.V.: Porque cuando se comenzó a dejarla de lado, empezaron los problemas, primero con Chávez, y ya con Maduro eso se agravó. Siempre he dicho que a Chávez la Constitución le quedaba como un zapato apretado: se lo quitaba para acomodárselo. En el caso de Maduro, el zapato ni siquiera le entraba.

CAMBIO: Pero habrá gente que sí sintió que el chavismo sirvió.

V.V.: Es difícil. Todo terminó siendo una gran frustración, incluso para el propio pueblo chavista, en el que hay múltiples vertientes. Se perdió una oportunidad histórica de producir cambios con una Constitución que, aunque no es perfecta, es la mejor que hemos tenido. Si la hubiéramos aplicado, este país sería otro. El problema es que nunca se puso en práctica. Muy temprano comenzó a estorbar.

CAMBIO: ¿Por qué cree que el chavismo no aplicó su propia Constitución?

V.V.: Se enceguecieron con el poder. Creyeron que tenerlo era suficiente, que los discursos y las manifestaciones se traducían automáticamente en políticas públicas concretas que respondieran a las necesidades de la gente, especialmente de los más necesitados. Además de las arengas, hay que entregar respuestas tangibles a las necesidades de los ciudadanos. No fue así, decidieron no escuchar y subieron el tono del discurso.

CAMBIO: ¿No escuchar a quién?

V.V.: A la misma Constitución. El texto es de los mejores de nuestra historia y es tan avanzado que estableció controles para evitar el abuso de quien estuviera al frente. Eso lo engrandece. Pero cuando comenzaron las críticas y las advertencias, la respuesta equivocada fue romper el equilibrio de poderes. Aquello se volvió insaciable: primero el control de los tribunales, luego la Fiscalía, después la Defensoría del Pueblo y, finalmente, impedir que la Asamblea Nacional ejerciera su papel de contraloría. Fue una maquinaria castradora.

CAMBIO: ¿Y la oposición en qué se equivocó?

V.V.: En muchas cosas. Lo que hacía el chavismo no justifica conspiraciones como el golpe de 2002, el paro petrolero, las guarimbas (cortes de carreteras) ni la Operación Gedeón (intento de invasión con mercenarios), entre otras acciones. Tampoco el uso de la frontera con Colombia como plataforma para una supuesta ayuda humanitaria que en realidad era una operación encubierta. 

CAMBIO: Visto hacia atrás, ¿qué podía hacer la oposición?

V.V.: Persistir. Uno de los errores más graves fue el retirarse de las elecciones de 2005, permitiendo que el gobierno colonizara todos los poderes. Cada vez que la oposición dejó de votar, el gobierno se fortaleció.

CAMBIO: A propósito de elecciones, ¿por qué cree que Maduro no aceptó los resultados de 2024?

V.V.: La respuesta es simple: porque no le fueron favorables. Pero, más allá de eso, esas elecciones tenían un problema desde su origen y es que no fueron concebidas para resolver el problema político de Venezuela. No hubo construcción de garantías mutuas ni una fe real en el diálogo. Un Maduro que escuchaba que su destino podía ser la cárcel, con sectores opositores anunciando venganza, no iba a entregar el poder fácilmente. Nadie negocia su propia cabeza. Para comprender el fenómeno venezolano hay que analizarlo con frialdad y autocrítica.

CAMBIO: ¿Cuál es su autocrítica?

V.V.: Es mucha. Día a día todos nos fuimos metiendo en una guerra política donde se deshumanizó al adversario. Eso fue terrible y terminó justificándolo todo. Chávez llamando “escuálidos” a los adversarios; Maduro, “fascistas” o “blanquitos”; la oposición, descalificando a los chavistas con otros términos. Dejamos de ser personas con nombre e identidad y pasamos a ser fichas dentro de una estigmatización dolorosa. Acabamos con la dignidad humana del contradictor con el lenguaje que se volvió un arma. En las discusiones ya no veíamos personas. El lenguaje es una pistola cargada sin seguro. Eso nos llevó a este desastre.

CAMBIO: ¿Y ahora?

V.V.: Uno desea que esto no se repita. Pero hay dos cosas malas: que haya ocurrido y que no cambie nada en Venezuela. Sería muy negativo que, después de lo que pasó, quienes hoy tienen el timón del gobierno no entiendan la necesidad de cambiar, flexibilizar y soltar las abrazaderas que mantienen a nuestra sociedad. También la oposición debe entender que el país necesita estabilidad política y económica. La situación de nuestra gente es muy complicada y hay que empezar a actuar con generosidad y transparencia.

CAMBIO: Desde el punto de vista personal, al ver a alguien que fue su amigo, como el presidente Maduro, esposado, ¿qué sintió?

V.V.: Lo sentí mucho por él como persona. Más allá de sus errores, compartimos muchas cosas desde la juventud. Pero también hay una reflexión sobre el derecho internacional: ningún país debe atribuirse el derecho de tomar la justicia por su mano. Ver a un jefe de Estado esposado y llevado a otro país es la señal de que el derecho internacional no vale nada. Hoy lo hace Estados Unidos; mañana podría hacerlo cualquier otra potencia. El mundo quedó advertido.

CAMBIO: El presidente Trump habla de administrar el país.

V.V.: Cuando Trump habla de administrar Venezuela o de “recuperar su petróleo” y amenaza a otros países, uno se pregunta si aceptaríamos que mañana se lleven esposado a otro presidente de la región. Eso es muy grave.

CAMBIO: ¿Qué cree que va a pasar con Maduro en el juicio?

V.V.: No lo sé. En estas horas he recordado otros casos, como el de Saddam Hussein. Se le acusó de armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, pero el daño ya estaba hecho. En el caso de Maduro, incluso se han desestimado argumentos como el llamado “Cartel de los Soles”. La propia justicia estadounidense ha encontrado contradicciones en esa narrativa.

CAMBIO: En el caso de Maduro lo acusan de narcotraficante.

V.V.: Yo conozco muy bien a Maduro. Tiene muchos defectos, y son muchos, pero nunca le conocí ese delito del que se le acusa. En lo personal, no creo que sea narcotraficante.

CAMBIO: ¿Qué pide para él?

V.V.: Lo mismo que pedimos aquí para los presos políticos: que tenga un juicio justo, que esté rodeado de todas las garantías. Eso es lo que siempre hemos reclamado. La justicia debe ser así aquí o allá. Los derechos humanos deben ser para todos.

CAMBIO: Una noche ustedes se acuestan con un país atacado y se levantan otro día con Delcy Rodríguez como presidenta. ¿Cómo se asimila eso?

V.V.: Eso habla de lo que es la política. La política es el arte de hacer posible mañana lo que hoy parece imposible. Hace una semana era impensable. Estamos ante una transición intrachavista, todavía muy temprana. No sabemos cuál será el destino de Maduro. Todo está en proceso. Lo importante es que este momento exige estabilidad. Los venezolanos queremos cambio, pero con estabilidad, sin violencia y sin otro ataque militar.

CAMBIO: ¿Usted cree que Delcy Rodríguez puede lograrlo?

V.V.: Ella es una mujer muy capaz, con experiencia en gestión pública y diplomacia. Es la primera mujer presidenta del país y tiene trayectoria suficiente para sacar al otro lado los desafíos, pero el reto es enorme: defender la soberanía sin provocar al gigante del norte, mantener una relación pragmática sin traicionar los intereses nacionales, equilibrar fuerzas internas y responder a las necesidades del país. Todo depende de cómo maneje esa compleja combinación de factores.

CAMBIO: ¿Qué debería empezar a hacer?

V.V.: Liberar de inmediato a los presos políticos, sin excepción, nadie debe estar en la cárcel por pensar distinto, convocar a sectores diversos, escuchar opiniones, permitir el trabajo periodístico sin censura y dar señales claras de apertura. Son decisiones de bajo costo y alto impacto.

CAMBIO: ¿Qué podrá hacer ante el núcleo duro del chavismo?

V.V.: Esa es una tarea que no da espera. Ella debe neutralizar sectores internos que no entienden que hubo un quiebre y que la realidad de hoy no es la de la semana pasada.

CAMBIO: ¿Tiene capacidad para controlar figuras como Diosdado Cabello?

V.V.: Creo que sí. Tiene experiencia, inteligencia y capacidad para manejar una relación compleja con Estados Unidos y para calmar los ánimos dentro del chavismo. No es momento de consignas vacías, sino de poner los pies sobre la tierra. Ha sido embajadora, vicecanciller, canciller, ministra de Finanzas y vicepresidenta. En el papel, tiene los elementos para hacerlo. Ahora hay que ver cómo los usa.

CAMBIO: Desde fuera se insiste en dos palabras: “democracia” y “elecciones”. ¿Esas también son las palabras que tienen hoy en mente los venezolanos?

V.V.: No. Las cosas están como cuando el país se despertó tras el ataque. La gente quiere comer, comprar medicinas y conseguir combustible, lo básico para continuar. La sociedad no mostró euforia ni depresión, sino concentración en la supervivencia. Se impone la sensatez porque reclamar cambios es legítimo; celebrar tropas extranjeras, no.

CAMBIO: ¿Cree que Edmundo y María Corina puedan volver al país?

V.V.: Por ahora no lo veo. Ella se fue diciendo que regresaría; que regrese y asuma su rol, pero eso tendría un costo político, porque el gobierno la señala como promotora de la intervención militar. Tampoco la veo muy apurada por volver.

CAMBIO: ¿Qué piensa hoy del presidente Trump?

V.V.: Es un presidente que se cree dueño del mundo. Llegó con la idea de desmontar los contrapesos y recuperar el rol dominante del imperio. Es un negociador, pero también actúa como amo y señor del planeta. No tiene límites.

CAMBIO: En todo este proceso, ¿cómo ha visto usted al presidente Petro?

V.V.: Me parece que el presidente Petro ha sido muy valiente en la defensa de principios: ha condenado la intervención extranjera y también ha exigido respeto a los derechos humanos en Venezuela. Me parece una postura coherente, más allá de ideologías. Es un contraste muy fuerte con la postura arrastrada y vergonzosa de otros presidentes de la región, como Milei. Creo que esa debería ser la posición de cualquier presidente latinoamericano.

CAMBIO: Finalmente, ¿Cómo cree que Maduro asumirá estar tras las rejas?

V.V.: Es difícil responder. Cada hombre es su circunstancia. Hasta ahora parece que lo está asumiendo con valentía y que quiere mantener su rol de líder político. Habrá que ver cómo le afectan el paso del tiempo y la soledad. Más allá de eso, ojalá esto le permita reflexionar sobre lo que hizo bien y lo que hizo mal. También sobre la autoridad, el valor de la democracia, el respeto a los opositores y el efecto del ejercicio del poder en el ego. En la soledad uno se encuentra consigo mismo y, sin duda, podrá pensar y asumir sus propias responsabilidades, más allá de culpar a otros, para comprender por qué terminó allí.

Tomado de la revista CAMBIO / Colombia. Imagen de archivo.