Hace 30 años
que Thilo Schmitz dirige una empresa en Caracas, donde ha vivido los altibajos
en el país. Ahora ve una oportunidad en el cambio en el poder, tras la
detención de Nicolás Maduro.
Al menos
ahora está en camino el buque de carga que transporta fideos sin
gluten. El vapor navega durante cinco días desde Panamá en dirección al Puerto
de La Guaira, la puerta de entrada a Venezuela, en el mar
Caribe, a solo unos 20 kilómetros de la capital, Caracas. Esta pasta especial,
un producto de nicho de Thilo Schmitz, nunca se ha vendido tan bien como ahora.
El
empresario germano-venezolano comenta a
DW: "En los últimos días, los estantes de pasta en Venezuela se han
vaciado por completo. Incluso la nuestra, aunque es tres veces más cara".
El hecho de que a principios de enero se formaran largas filas en los supermercados venezolanos para abastecerse de productos básicos en estos tiempos de incertidumbre le da a Schmitz al menos algo de alivio. Su empresa, que heredó de su padre en 1996, se especializa en la venta de material de oficina y escolar.
Los fideos se
convierten en un éxito de importación
Millones de
estudiantes venezolanos necesitan cuadernos, bolígrafos y calculadoras para la
escuela. Pero, en la situación actual, donde el futuro del país es incierto
tras el cambio en el poder de Maduro a la presidenta interina Delcy
Rodríguez, la pasta sin gluten es sin duda más necesaria para
la población que el material escolar.
Schmitz
mantiene el optimismo sobre la situación política: "No me imagino que
este Gobierno con Delcy Rodríguez busque ahora una confrontación abierta con el
presidente estadounidense, Donald Trump. A corto
plazo, espero estabilidad. La población tampoco saldrá a la calle, la
gente tiene demasiado miedo", explica.
Thilo Schmitz
asegura saber lo que significa hacer malabarismos en tiempos de crisis.
Hace casi exactamente cinco años, su negocio de útiles escolares sufrió un
colapso masivo debido a la pandemia del coronavirus y el consiguiente cierre de
escuelas. Pero rendirse no es una opción para este astuto emprendedor, nacido
en Caracas en 1967, en un país donde los ascensos son meteóricos. Aunque, desde
la llegada de Maduro al
poder, en 2013, son sobre todo los fracasos los que prácticamente ya forman
parte de su ADN.
Tecnología
médica para hospitales, en compás de espera
Schmitz
comenzó en 2022 a importar tecnología médica de Alemania y a venderla
en hospitales y consultorios médicos en Venezuela. Pero por estos días ni
siquiera eso es fácil, ya que, desde hace cinco semanas, el tráfico aéreo hacia
Venezuela está paralizado. Los instrumentos para laparoscopías de una compañía
de Tuttlingen con los que se realizan operaciones mínimamente invasivas en el
abdomen están apilados en los depósitos alemanes.
"Los
instrumentos son para dos hospitales en Caracas y Valencia, para una operación
de apéndice se necesitan solo tres orificios en el abdomen. Nuestros clientes
están desesperados, pero tampoco sabemos cuándo podrán salir los vuelos.
Tenemos grandes encargos por valor de un millón de dólares, pero ahora tenemos
que esperar", explica Schmitz.
Aunque eso no
representa todavía un peligro para la vida de los pacientes venezolanos,
subraya. Otra cosa son los aparatos para diálisis de una empresa con la
que está llevando a cabo conversaciones para poder importarlos a Venezuela. Si
hubiera problemas con el transporte, las consecuencias podrían ser dramáticas.
Como fuere,
la entrega de tecnología médica es un enorme nicho de mercado, ya que los
aparatos de los centros médicos venezolanos están totalmente anticuados.
"Desde 2015, no se ha vuelto a invertir en los hospitales. Eso
significa que hoy en día tenemos aquí aparatos para tomar radiografías que
todavía funcionan, pero ya no tienen el estándar internacional necesario. Todo
el equipamiento tiene diez, doce, hasta catorce años de antigüedad",
explica.
La gente no
sale por temor a las milicias de los "colectivos"
Actualmente,
Schmitz, que ha llegado a ganar 35 millones de dólares anuales con artículos
escolares y vendía incluso lapiceras de lujo de marca alemana Montblanc en sus
ocho comercios, tiene que ver cómo se las arregla en las próximas semanas para
sobrevivir. Debe pagar puntualmente el sueldo de enero y febrero de sus 45
empleados, a pesar de la falta de ingresos. El empresario estima que
en marzo esto puede convertirse en una tarea aún más difícil.
Ahora lo
necesitan sobre todo como consejero. "Mis empleados se animan a salir
a la puerta solo si es urgentemente necesario, por temor a las milicias de
los colectivos leales al Gobierno. Muchos han estado sin electricidad, es
decir, sin poder cocinar, y se han alimentado durante días
de pan y bananas. Y esas personas ahora tienen muchas preguntas y esperan que
yo se las conteste".
La esperanza
de nuevas elecciones
También el
Gobierno de Delcy Rodríguez debe dar respuestas lo más rápido posible. En
especial, sobre cómo piensa reactivar la debilitada industria petrolera, que
posee las mayores reservas de crudo del mundo y de la que Donald Trump también
anticipa lucrativos ingresos para las empresas estadounidenses. El problema es
que la infraestructura para extraer el oro negro está aún más
subdesarrollada que la tecnología médica de los hospitales venezolanos.
Así que es
posible que deba pasar un poco más de tiempo antes de que la ciudad natal
de Thilo Schmitz empiece a recuperarse. Sin embargo, el empresario cree en un
futuro mejor para Venezuela: "Sobre todo, necesitamos seguridad jurídica,
porque sin Estado de derecho no puede haber inversión. La transición con una
asamblea constituyente quizás tome un año y medio. Y luego serán necesarias
nuevas elecciones".
(cp/ms) –
Tomado de D.W. / Alemania. Imagen: Rafael Montes.