- Tras desairarla, el
presidente de Estados Unidos confirmó que "el martes o el
miércoles" hablará con la líder opositora al chavismo sobre un
posible rol en Venezuela.
- Por qué la ofrenda de
Machado dejaría en ridículo a los organizadores.
- Además, el salón de baile que
le quita el sueño a Trump.
Donald Trump mantuvo
este viernes una reunión con
grandes compañías petroleras para avanzar con las inversiones en
Venezuela. El encuentro terminó con una prolongada conferencia de prensa en la
que, otra vez, el presidente de Estados Unidos ocupó el centro de la escena. Ni
siquiera lo abandonó cuando se levantó de la silla para admirar, delante de
todos, el lugar donde estará el nuevo salón de baile de la Casa Blanca. Y mucho menos
cuando habló de "la señorita que ganó el Nobel", por María Corina
Machado, y la posibilidad de que ella le ofrende ese reconocimiento.
Las definiciones más fuertes fueron sobre la actualidad de Venezuela y la búsqueda de inversiones para el sector petrolero en ese país. Dijo que el plan prevé inversiones privadas por 100 mil millones de dólares y les dejó una advertencia a los empresarios delante de las cámaras. "Avísenme si están adentro, porque hay otros 25 empresarios esperando para entrar", sostuvo sobre la invitación a invertir en el petróleo venezolano.
No fue el
único comentario cargado de picardía que pronunció Trump en la Casa Blanca,
rodeado de magnates y de otras autoridades de Estados Unidos, como el
vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. Una reunión en
la que, además, lució un broche con una caricatura suya, a la que llamó "Happy
Trump".
Avanzada su
presencia ante las cámaras, un periodista le preguntó sobre una eventual visita
de Delcy Rodríguez. Y Trump respondió a su modo, metiéndose en uno de los
asuntos que más inquieto lo tienen: el Nobel de la Paz que le entregaron a
María Corina Machado.
"Recibimos
a mucha gente. Una persona que pone fin a ocho guerras conoce a mucha
gente", comenzó el presidente estadounidense su respuesta sobre una
posible recepción a Rodríguez.
"Nuestra
relación con la gente que está gobernando ahora Venezuela es muy buena. También
tenemos a la señorita que recibió el Nobel de la Paz", aludió Trump a
Machado, a quien evitó llamar por su nombre. Textualmente, la denominó como
"a young lady that received the Nobel Peace Prize". El Nobel
que lo obsesiona y que esperaba recibir de parte de la Fundación.
Machado, a
quien le llegaron
las oleadas de enojo de Trump, ya deslizó que está dispuesta a compartirle
su medalla en plena Casa Blanca.
A esa
posibilidad pareció referirse este viernes el republicano. "Va a venir y
retribuirle a nuestro país... a mí, pero como saben soy un representante del
país y nada más. Va a venir el miércoles a la tarde, el martes o el
miércoles", dijo sobre la eventual ofrenda.
Hubo una
repregunta sobre una imagen que atraparía la atención del mundo y que dejaría
en ridículo a los organizadores del Nobel.
—Si ella le
entrega su Nobel de la Paz, ¿cambiaría de opinión sobre la posibilidad de que
ella gobierne en Venezuela? —fue la consulta, después de que él descartara que
Machado se haga cargo del Gobierno en Caracas porque "no tiene apoyo ni
respeto".
—Tengo que
hablar con ella. Podrían involucrarse de alguna manera. Es muy bueno que quiera
venir. Porque Noruega... está muy avergonzada por lo que sucedió. Quieran
a Trump o no lo quieran, yo detuve ocho guerras. No puedo pensar en nadie que
en toda la historia haya merecido el Nobel más que yo. A Obama le dieron el
Nobel y él no tenía ni idea por qué.
El Nobel es
uno de los máximos anhelos de Trump. Acaso su mayor obsesión. Las "ocho
guerras" que detuvo eran su carta para conseguirlo. Pero Machado fue quien
obtuvo el reconocimiento en Oslo.
Esta semana,
John Bolton, exasesor en Seguridad Nacional de Trump y exembajador de Estados
Unidos ante la ONU, le dio un consejo a Machado.
"Mi
recomendación sería: dele la medalla del Premio Nobel de la Paz, la Fundación
Nobel puede hacer otra solo para usted, pero désela a Trump", dijo Bolton.
Y advirtió
sobre una posible escalada simbólica entre el presidente de Estados
Unidos y la Fundación Nobel.
"Theodore
Roosevelt ganó el Premio Nobel de la Paz por mediar en la guerra entre
Rusia y Japón durante su presidencia. Y su Premio Nobel cuelga en la pared de
la Sala Roosevelt de la Casa Blanca. Últimamente me preocupa que Trump
simplemente lo quite de la pared para quedárselo", dijo, mitad en
broma.
Reforzó su
recomendación: "Así que, si la señora Machado le da el suyo, quizás eso lo
solucione".
Sin embargo,
la iniciativa, que podría calmar el ánimo del republicano, no entra en los
planes de los organizadores.
"Un
Premio Nobel no puede revocarse ni transferirse a otra persona. Una vez
anunciado el ganador o los ganadores, la decisión es inapelable", avisó el
portavoz del Instituto, Erik Aasheim.
En cambio,
"en cuanto al dinero del premio, el ganador o los ganadores son libres de
usarlo como consideren oportuno". Pero eso tal vez no sea suficiente.
De la nota de
Marco Rubio a la contemplación del futuro salón de baile
Otro de los
momentos hilarantes fue cuando Trump se reía casi a carcajadas, en medio de su
discurso, y recibió una nota del propio Rubio, sentado a su izquierda. El
mensaje debía ser privado. Pero en cuanto lo recibió el presidente de EE.UU. lo
vociferó delante de todos.
"Marco
acaba de darme una nota", anunció Trump. "Vuelve a Chevron",
leyó sobre ese gigante del sector petrolero. "Ellos quieren decir
algo", completó la lectura. Dejó el papel sobre la mesa y dijo: "Muy
bien, adelante. Volvamos con Chevron, Marco".
"Muchas
gracias, Marco", añadió, con una palmada en la espalda a Rubio, que
sonreía por la salida del libreto.
Mucho antes,
en el comienzo de la aparición frente a las cámaras, Trump había abandonado por
un rato el protocolo. Fue para señalar otro de los proyectos que más le
interesan: el de salón de baile o ballroom,
que costará 200 millones de dólares y ocupará el lugar del Salón Este.
El paso de
comedia lo hizo a propósito de la imposibilidad de reunirse con todos los
empresarios interesados en operar en Venezuela. "Le doy la bienvenida a
casi dos docenas de ejecutivos en la Casa Blanca, muchos no pudieron
entrar", deslizó sobre la restricción de espacio.
"Si
tuviéramos un salón de baile, podríamos recibir a más de mil personas. Pero acá
estamos", dijo encogiéndose de hombros.
El ballroom
está inspirado en el salón de baile que Trump tiene en Mar-a-Lago. Tendría
capacidad para 650 personas. De hecho, forma parte de la maqueta de la Casa
Blanca que le mostró a Javier Milei en la última visita del presidente argentino
a Washington.
Entonces,
Trump interrumpió su mensaje sobre la reunión con los petroleros. Giró en su
silla, invitó a mirar por el vidrio de la puerta ubicada a sus espaldas y
abandonó por unos segundos la mesa.
"Bueno,
voy a darle una mirada yo mismo", dijo. Caminó de espaldas a la cámara,
casi puso la nariz contra el vidrio y se maravilló a cuenta del futuro salón de
baile.
"Guau,
qué vista. Es la puerta del ballroom... Es un momento inusual para verlo",
bromeó. A través de la puerta podía verse el exterior del edificio y el inicio
de las obras para la nueva sala.
"Si
las fake news quieren ir y mirar un poco, pueden
hacerlo", bromeó mirando a los periodistas. Ya reacomodándose en la silla,
entre algunas risas, siguió hablando de ese proyecto. "Tenemos una agenda
de trabajo para la construcción del ballroom, tenemos un presupuesto. No habrá
nada igual en el mundo", agregó.
Terminó
elogiando la capacidad del próximo salón, contra las 100 personas que "con
suerte" puede albergar el Salón Este, donde estaba reunido con los
petroleros.
"Además,
tendrá vidrios a prueba de balas, techos a prueba de balas y demás, todo lo que
hoy desafortunadamente necesitamos", se mostró maravillado con un proyecto
que lo obsesiona casi al nivel del Nobel de la Paz.
Tomado de Clarín
/ Argentina. Imagen de AP.