El país caribeño ha empezado a ver las consecuencias de la
operación estadounidense contra Venezuela: cuerpos no identificados, quemados y
mutilados, traídos por la marea.
Por Simon
Romero* y Prior Beharry
Simon Romero y Prior Beharry viajaron a Cumana, en la costa
noreste de Trinidad, para examinar el misterio de los cuerpos arrojados al mar
tras los ataques estadounidenses.
El primer cadáver apareció en la costa noreste de Trinidad
poco después de que Estados Unidos llevó a cabo su primer
ataque contra un barco en el Caribe en septiembre. Los habitantes
dijeron que el cuerpo tenía quemaduras en la cara y le faltaban miembros, como
si hubiera sido destrozado por una explosión.
Las mareas depositaron otro cadáver en una playa cercana días
después, atrayendo una estela de buitres. Su rostro era igualmente
irreconocible, y su pierna derecha parecía haber volado por los aires.
Los cadáveres han alimentado un misterio que se está apoderando de partes de Trinidad y Tobago, la nación caribeña que se avista desde la costa de Venezuela: ¿Quiénes eran? ¿Los mató un ataque estadounidense? ¿Aparecerán más cadáveres en las playas de Trinidad?
La intriga pone al descubierto las consecuencias de la
campaña militar estadounidense contra Venezuela
que han llegado a Trinidad. A diferencia de otros dirigentes caribeños, la
primera ministra de Trinidad, Kamla Persad-Bissessar, apoya explícitamente los
ataques contra barcos que, según las autoridades estadounidenses, transportan
drogas.
Pero a medida que los ataques suscitan quejas en
Latinoamérica de que Estados Unidos infringe el derecho internacional al matar
a decenas de personas que no suponen una amenaza militar inmediata, algunos en
Trinidad se preguntan si la vacilación de Persad-Bissessar a la hora de
enfrentarse al gobierno de Trump les impide obtener respuestas sobre los
cadáveres que almacena su gobierno.
“No tengo ninguna duda de que estos hombres son bajas de
guerra”, dijo Lincoln Baker, de 63 años, empleado de la empresa de agua y
alcantarillado de Trinidad en Cumana.
Como muchos otros habitantes de Cumana, una aletargada
comunidad con una escuela anglicana, tiendas de alimentación y lugares de culto
cristianos y musulmanes, Baker dijo estar convencido de que los dos cadáveres
procedían del primer ataque, ocurrido el 2 de septiembre, que dejó 11 muertos.
Desde entonces, los misteriosos cadáveres han surgido como
parte del rompecabezas que supone el despliegue militar estadounidense en la
región. El gobierno de Trump afirma públicamente que la misión consiste en
combatir el narcotráfico procedente de Venezuela, país que es un actor relativamente
menor en el tráfico mundial de drogas en comparación con Colombia, México,
Bolivia o Perú.
Pero funcionarios estadounidenses han dejado claro en privado
que el objetivo es
expulsar del poder al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La campaña ha
dado lugar al mayor despliegue estadounidense en Latinoamérica en décadas, y se
ha extendido desde el Caribe hasta el océano Pacífico,
con un balance oficial de 37 muertos por los ataques.
Trinidad y Tobago, con cerca de 1,5 millones de habitantes,
se ha enfrentado a diversas ramificaciones de la campaña estadounidense, entre
ellas ataques que podrían haber causado la muerte de sus propios ciudadanos y
el aumento de las tensiones con Venezuela.
Aparte de los cuerpos no identificados, las autoridades están
investigando informes según los cuales dos trinitenses se encontraban entre los muertos en un
ataque estadounidense de este mes. Los familiares de los hombres, identificados
como Chad Joseph y Rishi Samaroo, han rebatido las afirmaciones de que estaban
implicados en el tráfico de drogas.
Se está extendiendo la condena a los ataques, postura basada
en la valoración de juristas y expertos independientes de Naciones Unidas que
consideran ilegal que los militares ataquen en aguas internacionales a civiles
que no suponen una amenaza inminente.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, utilizó este
argumento el fin de semana para acusar a
Estados Unidos de asesinar a un pescador colombiano en un ataque contra una
embarcación que, según las autoridades estadounidenses, transportaba drogas. El
presidente Trump respondió con la interrupción de ayuda a Colombia y diciendo
que Petro, un político de izquierda, tenía “una boca insolente hacia América”,
refiriéndose a Estados Unidos.
Persad-Bissessar ha adoptado una estrategia totalmente
distinta. Al alinearse con Trump, está presentando su postura como una forma de
proteger a su país de la violencia de las drogas.
“Prefiero ver a los traficantes de drogas y de armas volando
en pedazos que ver a cientos de nuestros ciudadanos asesinados cada año a causa
de la violencia de las bandas alimentada por la droga”, dijo Persad-Bissessar a
los periodistas cuando comenzó la campaña estadounidense.
Respecto al misterio de Cumana, dijo que Trinidad no iba a
utilizar recursos estatales para buscar los cadáveres de las personas muertas a
causa de la acción militar estadounidense y que el deber del país terminaba con
la recuperación de cualquier cadáver que llegara a la costa.
La oficina de Persad-Bissessar no respondió a las solicitudes
de comentarios.
Algunos analistas de Trinidad afirman que tiene razones
legítimas para apoyar la campaña estadounidense. El país necesita el apoyo de
Estados Unidos para reforzar su producción de gas natural, lo que fortalecería
su economía.
Y aunque gran parte de la cocaína del mundo se produce en
Colombia, a veces se introduce de contrabando a través de Venezuela en
Trinidad, que sirve de centro donde se reciben, almacenan, empaquetan y
preparan los envíos a granel para su traslado a Europa, África Occidental y
Estados Unidos.
“Trinidad sirve de punto de escala dentro de una cadena de
tráfico más amplia y bien estructurada”, dijo Garvin Heerah, experto en
seguridad trinitense.
Aun así, al apoyar el despliegue estadounidense,
Persad-Bissessar ha diferenciado a Trinidad de otros países de CARICOM, una
organización de más de 20 países caribeños.
A mediados de octubre, todos los miembros del CARICOM,
excepto Trinidad, reafirmaron la postura del grupo de que el Caribe debe seguir
siendo una “zona de paz” donde las disputas se resuelvan sin intervención
militar extranjera.
Como consecuencia, Venezuela se ha vuelto cada vez más
antagónica con Trinidad. El ministro de de Defensa de Venezuela, Vladimir
Padrino López, prometió responder con “legítima defensa” si se produce un
ataque contra Venezuela desde el territorio de Trinidad. (Antes de los ataques
estadounidenses a barcos en el Caribe, Persad-Bissessar dijo que daría acceso a
las fuerzas estadounidenses a territorio trinitense para defender a la vecina
Guyana, amenazada por Venezuela).
Después de los informes sobre dos posibles víctimas
trinitenses en los ataques estadounidenses, la vicepresidenta de Venezuela,
Delcy Rodríguez, dijo que los ataques apoyados por la dirigente trinitense
“también asesinaron extrajudicialmente a humildes ciudadanos de su país”.
En medio de la disputa, los trinitenses buscan respuestas.
Tras la aparición de los cadáveres en Cumana, el comisario de
policía trinitense, Allister Guevarro, señaló que habían “aparecido con
lesiones aparentes”. Dijo que su institución intentaría investigar de dónde
procedían los cadáveres, pero que podría resultar complicado por el estado de
descomposición de los mismos.
Pero en el centro forense público de la capital, Puerto
España, reinaba la confusión. Algunos empleados dijeron que no se había hecho
ninguna autopsia a los dos cadáveres, ya que los cuerpos deben ser
identificados antes de poder realizar autopsias. No se pudo localizar a ningún
alto cargo para confirmar esta información.
Hasta ahora, nadie ha reclamado los cadáveres y ningún
gobierno extranjero ha solicitado que sean repatriados. Los cuerpos estaban
siendo velados en funerarias de la zona de Puerto España.
Bishnu Ragoonath, analista político en Trinidad, dijo que el
gobierno parecía deseoso de dejar el asunto en un segundo plano debido a la
postura que el gobierno de Persad-Bissessar ha adoptado respecto a los ataques
estadounidenses.
“Decir que se preocuparían abiertamente por los muertos en el
proceso sería contraintuitivo”, dijo Ragoonath.
Otros habitantes del país, y especialmente los de Cumana,
están llegando a sus propias conclusiones. Varios residentes dijeron que se
sabe que han aparecido cadáveres en las playas de la zona, pero normalmente
como consecuencia de ahogamientos o accidentes de barco. Ocasionalmente,
aparece un cuerpo con heridas de bala, dijeron.
Varios residentes dijeron que era la primera vez en memoria
reciente que cuerpos destrozados habían llegado a la orilla. Además, los
cadáveres parecían pertenecer a hombres de origen étnico distinto al de la
mayoría de los trinitenses, descendientes en gran parte de africanos
esclavizados y de trabajadores forzados traídos de India.
“Parecían latinos, creo que de Venezuela”, dijo Branil
Lakhan, de 23 años, quien vive en una choza de madera cerca de la playa donde
se encontró el primer cadáver. “Este es un lugar tranquilo donde no ocurren
cosas así”.
Cerca de allí, en un local de copas llamado Big Yard, los
altavoces hacían sonar Trinibad, la versión local de la música dance hall.
Richard Lewis, de 31 años, empleado del bar, dijo que no tenía ninguna duda de
que los cadáveres pertenecían a venezolanos atrapados en medio de “una guerra
por el petróleo y el gas de Venezuela”.
“Kamla no nos dice nada”, dijo refiriéndose a la primera
ministra. “Vivimos en un mundo en el que no puedes confiar en tu propia
sombra”.
*Simon Romero es
corresponsal del Times en México, Centroamérica y el Caribe. Reside en Ciudad
de México.
Imagen de archivo.