La dirigente política percibe que el oficialismo se
trazó como meta alcanzar un sistema de partido único sin alternabilidad.
Advierte que uno de los principales obstáculos para lograr este objetivo es la
propia Constitución.
José Gregorio Yépez
“Estamos viviendo una auténtica especie de hora loca respecto
a la posición de Estados Unidos sobre el caso venezolano”.
La afirmación pertenece Mercedes Malavé, dirigente política,
quien al hacer su lectura sobre la realidad venezolana señala que el Gobierno
de Donald Trump no ha logrado el respaldo en la región para avanzar
militarmente en el caso venezolano.
“¿A qué se debe esta hora loca? A que Estados Unidos no ha
conseguido los apoyos necesarios para poder avanzar militarmente. Esa es mi
hipótesis”, señala Malavé
Sostiene que “Estados Unidos esperaba por parte de los gobiernos latinoamericanos un apoyo más explícito al tema del derrocamiento de un gobierno que ellos asocian con el crimen organizado, con el tráfico de drogas y no lo han conseguido”.
Mercedes Malavé señala que la política exterior de EEUU
muestra dos caras: “Explícitamente, ellos han dicho que Maduro lidera un cartel
de drogas y de crimen internacional. Implícitamente está la supuesta intención
de sustituir a Maduro en Venezuela para tener un gobierno más cercano a Estados
Unidos”.
“Un gobierno con el que puedan relacionarse con más confianza
y con más garantías, sobre todo en materia energética, que es al final lo que
realmente tiene entidad en todo esto. El petróleo, el gas, los recursos que
tiene Venezuela”, indica la analista.
La región
Para sostener su argumento mira hacia la región y señala
el tête à tête entre Gustavo Petro y Donald Trump, pero
destaca que esto no es un caso novedoso.
“El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que había
descertificado a Colombia en su lucha contra las drogas porque ya no era un
aliado confiable. Un tiempo atrás el mismo secretario de Estado arremetió
contra el Tribunal Supremo de justicia de Brasil por el caso Bolsonaro,
acusando a los jueces de estar involucrados en una especie de estafa política
al condenar a Bolsonaro”, señala.
Alerta que es la primera vez que Estados Unidos “se involucra
oficialmente en asuntos judiciales de otro país”.
Por otro lado, agrega que Daniel Noboa, el presidente de
Ecuador, “más cercano ideológicamente a las tendencias de Trump, tampoco parece
estar muy alineado con sus intenciones de luchar contra las drogas que aseguran
son responsabilidad del régimen de Nicolás Maduro”.
Acota que las islas del Caribe “parecen estar ya preocupadas
o disgustadas con el tema de la presencia de buques militares y submarinos
nucleares en aguas del Caribe”.
“Estados Unidos está reaccionando de una manera ambigua,
incierta. Reina la incertidumbre. No ha conseguido las alianzas, los aliados,
el apoyo necesario para poder avanzar al definitivo quiebre del gobierno de
Venezuela. Esas son las señales enviadas porque han dicho claramente que
Nicolás Maduro es cabeza de un cartel de droga y del crimen organizado y que
eso afecta directamente la seguridad y el tráfico de drogas en Estados Unidos”,
advierte Malavé.
Al ver el caso México señala que el Gobierno azteca ni
siquiera se pronunció sobre el tema del premio Nobel.
“No quiso hacerlo y además, ha dicho infinidad de veces que
ella apoya la soberanía y que está en contra de cualquier tipo de intervención
militar”, agregó.
Lo interno
– El Premio Nobel a María Corina Machado… ¿cómo puede influir
en el escenario político interno?
-No creo que ese premio signifique una oportunidad para que
haya negociaciones de paz en Venezuela. María Corina ha sido muy clara. Ella
dice que hay que avanzar por la vía de la fuerza. Con eso, implícitamente, está
hablando de una especie de fuerza militar para poder desmantelar a quien
detenta el poder.
La dirigente se pregunta: “¿Por qué en Venezuela no hay
alternabilidad democrática?”. De inmediato ella misma se contesta: “Porque no
hay las condiciones para formar un gobierno plural”.
“Ni el gobierno actual está dispuesto a gobernar con otros,
ni la oposición encabezada por María Corina, Premio Nobel de la Paz, está
dispuesta a gobernar con amplitud”, percibe Malavé.
Agrega que “las dinámicas electorales suponen el principio de
alternabilidad basado en la pluralidad, en los pesos y contrapesos en el manejo
del poder”.
“En Venezuela hay claramente dos alternativas. Está la
alternativa del Gobierno, muy impopular, debilitada claramente en minoría. Por
el otro lado está la alternativa que, en las elecciones, siempre se ha
polarizado. En los comicios pasados se concretó en el triunfo de Edmundo
González”, indica la dirigente política.
En su análisis destaca que el Gobierno, frente a la
imposibilidad de una alternancia en la pluralidad, “como lo dice la
Constitución, decidió cancelar ese proceso electoral. Decidieron hacer caso
omiso a los resultados, porque no están dispuestos, ni ellos ni la alternativa
que tiene frente a sí, a una especie de convivencia democrática. No hay ese
ambiente”.
“En otras ocasiones el Premio Nobel de la Paz se ha
entregado, incluso, a ambos lados de una misma diatriba política. El caso de
Mandela y de Klerk, el caso de Arafat y Shimon Pérez. El caso del acuerdo de
los líderes de la sociedad civil que promovieron un acuerdo en Túnez. El caso
del mismo presidente Santos que negoció la paz y los tratados de paz que fueron
una realidad y por eso él ganó el Premio Nobel de la paz», reflexiona Mercedes
Malavé.
Al mirar el caso del más reciente premio otorgado por el
Comité del Nobel de Noruega indica que «en este caso lo que se reconoce es la
lucha de María Corina Machado por la defensa de la democracia, pero de manera
unilateral, o sea, previo a los acuerdos, previo a los pactos de
gobernabilidad, como otorgándole razón a la convicción de que no es posible una
convivencia democrática hasta que se instale un régimen democrático y se
desmantele, se desplace o se elimine la opción que está en el gobierno, por no
considerarse una opción, no digamos democrática, ni siquiera política».
En su lectura de la coyuntura consigue algunas similitudes
con el caso panameño «con la diferencia de que las fuerzas militares
norteamericanas, ya estaban en Panamá. Ellos habían construido el canal, había
bases militares en Panamá y que Panamá es un país, 100 veces más pequeño en
territorio, 10 veces más pequeño en población que Venezuela».
¿Diálogo?
Sobre la intermediación, el diálogo político interno, la
posibilidad de que fluya y se abran caminos a la negociación señala que esto
«es un clamor latinoamericano. Creo que desde las condenas más duras al régimen
de Maduro, como pueden ser la de Milei o la de Bukele; hasta los gobiernos,
vamos a decir progresistas, como Chile, Colombia, Brasil, todos coinciden en
que la solución de la crisis tiene que ser una solución interna, una solución
dialogada, una solución negociada».
Explica que esto revela que «no hay ningún tipo de apoyo
irrestricto a las acciones de Trump en el Caribe por ningún país, ni siquiera
por los más aliados a Trump en este momento».
«Lo segundo es que eso no se convierte en una presión interna
en Venezuela. El Gobierno sigue sintiéndose que solos pueden resolver la crisis
económica, avanzar en la construcción de una unidad nacional ideologizada, una
unidad nacional de partido único, que es la unidad nacional que ellos
conciben», alerta Malavé.
Percibe que el Gobierno está convencido que lo puede
conseguir «ya sea logrando nuevas adhesiones del mundo empresarial, cultural,
religioso, o simplemente el silencio de una sociedad que ya que no va a seguir
interviniendo ni marchando ni protestando a favor de la democracia. Una
sociedad que se va a conformar con ciertos apaños para poder vivir en Venezuela
y no tener que irse».
«No se han logrado las negociaciones y el diálogo porque el
sistema de partidos en Venezuela está muy débil, yo diría que está
desmantelado. No hay partidos en Venezuela. La participación en las últimas
elecciones regionales y locales así lo demostraron. El mismo apoyo que tiene
María Corina es un apoyo difuso, desorganizado, producto sobre todo del hastío,
del voto castigo, del deseo de cambio, pero no es un apoyo organizado en una
fuerza», sentencia la dirigente.
Acota que durante las elecciones la misma oposición liderada
por María Corina se sintió abrumada «por la marea de votos que se produjo sin
mucha organización de partido, porque los partidos ya estaban desmantelados y
debilitados».
«Lo que hubo fue un gran deseo popular, masivo, nacional de
cambio, liderado por la alternativa que más opción tenía, que era la de María
Corina», afirma.
Partido único
En su análisis señala que el oficialismo concibe el Gobierno
bajo la premisa de «un único partido fuerte, sin alternabilidad, en revolución:
Una unidad nacional en revolución, encabezada por el partido de gobierno».
«Yo noto claramente que la orientación del gobierno, su
proyecto respecto al futuro está mucho más claro que el de la oposición. Es
avanzar hacia el modelo chino. Con un sistema capitalista abierto de mercado,
apalancado en el petróleo, no industrializado, sino a partir del intercambio
comercial de sus commodities, que al final es el recurso más
importante que tiene Venezuela», indica Malavé.
-¿Lo podrán lograr sin problemas ni resistencia?
-Allí se han encontrado con dos obstáculos. El primer
obstáculo es: ¿A quién le vendo petróleo? Porque ese es el tema. Se necesita
vender mucho petróleo extraerlo y venderlo. Las dos cosas necesita hacerlas con
la ayuda del principal cliente geográficamente más cercano que es Estados
Unidos. Se requieren recursos para poder relanzar la economía venezolana, para
hacerla productiva, subir el PIB, estabilizar la moneda nacional.
«El segundo problema con el que se enfrenta el Gobierno para
avanzar en ese modelo es la Constitución. No han podido cambiarla. Han tenido
intenciones de cambiarla varias veces y han hecho cosas como la Ley de Zonas
Especiales, la Ley Antibloqueo, o la Ley Simón Bolívar. Van de decreto en
decreto, pero sin terminar de dar el paso de tener una Constitución donde
claramente se establezca cuál es el modelo político, que para mí es un modelo
de partido único en revolución. Apuntan hacia la búsqueda de un sistema
económico con plenas garantías para la inversión extranjera de mercado»,
explica Malavé.
La otra variable que adiciona es el tema laboral.
«Nosotros tenemos una tradición democrática en Venezuela. El
mismo chavismo viene de allí y ahí está el tema de todas las garantías que la
Constitución del 99, exhaustivamente, defiende y promueve. Cambiar todo eso es
cambiar una mentalidad para la que no ha habido consenso, ni siquiera dentro
del chavismo», sentencia la dirigente.
Petro, el incómodo
Finalmente le pedimos que analizara la figura de Gustavo
Petro, presidente de Colombia, en medio de esta coyuntura.
«La figura de Petro es muy confusa. Por un lado parece muy
aliado de Maduro en cuanto a su lucha contra Estados Unidos y su defensa de la
soberanía, pero al mismo tiempo es un oponente muy fuerte a Maduro y lo ha sido
siempre. Petro desde la campaña electoral, ha mantenido una posición muy en
contra de hacia dónde va el Gobierno de Venezuela desde el punto de vista
económico y también político», asegura Mercedes Malavé.
Explica que Petro no está de acuerdo con una economía basada
en un crecimiento económico apalancado en el petróleo y esto lo coloca en
contradicción con China, con Estados Unidos y con Maduro.
El presidente colombiano se opone «a todo el que piensa que
todavía le queda tiempo a las energías provenientes de los combustibles
fósiles».
«Petro es incómodo porque no acepta un régimen de partido
único. Él no está de acuerdo con el modelo chino, para nada. Esa es la
impresión que me da. Es un progresista. Por un lado comparte ideológicamente
orígenes, visión, tendencias. Es un “camarada”, pero por otro lado ha
evolucionado tanto en sus ideas económicas y políticas, que ya prácticamente no
coinciden en los hechos», dijo finalmente.
Texto tomado de contrapunto.com / Caracas.