Por Daniel Kersffeld / Opinión
A partir del reciente acuerdo político impulsado por Javier
Milei en Washington, en el que el gobierno argentino habría pactado la
cesión de yacimientos estratégicos de litio y gas, el establecimiento de una
base estadounidense en el extremo sur y la limitación de China en la actividad
económica del país, a cambio de una pretendida estabilidad cambiaria, Donald
Trump podría sentirse satisfecho con el rediseño neoimperial que actualmente se
encuentra implementando en América latina.
Se trata de una ingeniería política que, en un amplio
sentido, apunta a recuperar el predominio de Estados Unidos en la región y que
busca desplazar a cualquier competidor que atente contra la obtención de los
cada vez más preciados recursos naturales vitales para el transporte, la
comunicación pero, sobre todo, la industria de la guerra y la tecnología del
futuro.
Estados Unidos incentiva así una nueva política internacional que, sin embargo, retrotrae a nuestra región a los tiempos de la Guerra Fría, en un enfrentamiento con las principales potencias globales que se articula con distintos conflictos, como ocurre con la inseguridad y la lucha contra el narcotráfico, o con la economía y la política arancelaria, con las medidas frente a los inmigrantes deportados y, finalmente, con la política de apropiación de recursos naturales.
El primer frente, y al mismo tiempo, el caso más
representativo de esta renovada ofensiva digitada desde Washington tiene como
eje central al Mar Caribe. Lo que comenzó como una amenaza de Trump a Panamá
para recuperar el canal, supuestamente, bajo control de Beijing, aunque en
realidad a cargo del holding hongkonés CK Hutchison y ambicionado por el fondo
de inversión estadounidense BlackRock, pronto derivó en otros aspectos
problemáticos.
Las reiteradas declaraciones de intervención directa frente a
lo que desde Washington se califica como una política demasiado permisiva con
el narco esconde, en realidad, una creciente inquietud frente a los cada vez
más fuertes lazos comerciales que unen a México con China, lo que le ha
posibilitado al gobierno de Claudia Sheinbaum un importante grado de autonomía
gracias a un alto índice de popularidad y a un conveniente balanceo entre
poderes externos.
El enfrentamiento directo con el gobierno de Nicolás Maduro, que pasó del plano
discursivo a la acción armada a través de un inédito movimiento de recursos
militares hacia las costas venezolanas, tuvo hasta el momento su principal
efecto en el ataque a algunas embarcaciones supuestamente vinculadas al
narcotráfico. En el medio, la disputa por el petróleo entre dos de las
principales multinacionales, Exxon y Chevron, sumada a la confrontación por el
Esequibo entre Venezuela y Guyana, elevó la tensión en un territorio clave para
los Estados Unidos.
En los últimos días, la ofensiva en el Caribe sufre una
escalada a raíz del ataque a un navío supuestamente vinculado al narcotráfico y
atribuido al Ejército de Liberación Nacional (ELN). La falsa denuncia en torno
a Gustavo Petro y su rol como jefe del comercio ilegal de drogas no sólo apunta
a debilitar la figura de uno de los principales críticos de Trump: es también
un tiro por elevación a la izquierda en momentos en que la coalición
oficialista dirime sus propios candidatos para la elección presidencial de
2026. La identificación del gobierno colombiano con el narcotráfico
constituye así un intento claro por desestabilizar al área caribeña, en un
contexto de creciente inseguridad, pero también de aprovechamiento político por
parte de la Casa Blanca.
El segundo frente tiene a Ecuador, Perú y Chile como sus
componentes esenciales, en un escenario en el que la violencia, la explotación de recursos
naturales, y, más aún, la creciente relación con China, operan como elementos
activos en las relaciones con los Estados Unidos. Sin tanto estruendo, y
aprovechando una muy baja legitimidad, el pasado 10 de octubre sectores del
establishment peruano enquistados en el Parlamento desplazaron a Dina
Boluarte.
Aunque no figura entre las causas de su destitución, la
exgobernante peruana se acercó demasiado a Beijing, promoviendo la construcción del
estratégico puerto de Chancay, construido con financiamiento chino, y en cuya
inauguración, el 14 de noviembre de 2024, asistió el presidente Xi Jinping. En
carpeta se encuentra un proyecto todavía más amplio: el megapuerto Corío, en
Arequipa, de mayor calado que Chancay. Empresas chinas y estadounidenses están
en una fuerte puja por este emprendimiento, si bien en Lima se está operando un
alineamiento directo con Washington por parte del actual mandatario José Jeri.
Daniel Noboa, uno de los principales aliados de Trump, ofrece
al Ecuador como una trinchera para preservar los intereses estadounidenses en
la región. Frente
a la declamada lucha contra la inseguridad, con el desborde violento causado
por supuestas organizaciones "narcoterroristas", y en medio de la
creciente represión a la protesta social, el gobierno convocó a un plebiscito
para el 16 de noviembre para determinar el regreso de las bases militares
extranjeras en territorio ecuatoriano, lo que inevitablemente trae el recuerdo
de la Base de Manta, cerrada en 2009 durante el mandato de Rafael Correa. En
caso de un triunfo del voto afirmativo, el Pentágono controlaría parte del
Pacífico sudamericano y se ubicaría cerca del Canal de Panamá.
En Chile, el interés prioritario de la Casa Blanca apunta a
incidir en las elecciones generales que se desarrollarán entre noviembre y
diciembre. El
temor al triunfo de la candidata de izquierda, Jeanette Jara, alimenta el
interés por robustecer a la actual oposición al gobierno de Gabriel Boric,
nutrida especialmente por distintas variantes de la derecha y la ultraderecha
que ya han acordado un plan de apoyo mutuo en caso de que alguna llegue al
balotaje. El control soberano a las reservas de litio y de otros recursos
estratégicos está directamente atado al resultado electoral.
En tanto que, por sus implicaciones geopolíticas hacia toda
Sudamérica, el caso de Bolivia resulta clave para la impronta
hegemónica de Trump, más aún, luego de concretado el triunfo de Rodrigo Paz el
19 de octubre. La implosión del modelo político y económico llevado
adelante por el MAS fue aprovechada por la Casa Blanca, la que contribuirá a
operar un viraje hacia la derecha que, entre otros aspectos, seguramente pondrá
en cuestión los acuerdos alcanzados previamente con China y con Rusia para la
explotación del litio, del gas y de distintos recursos naturales estratégicos.
El predominio total sobre Bolivia posibilitado por la derecha era un factor
político largamente anhelado por Washington durante los mandatos de Evo Morales
y Luis Arce.
El último frente, el del Atlántico, probablemente sea el más
complejo para el gobierno de Trump. Lula da Silva ha demostrado su fortaleza y
liderazgo para enfrentar la política arancelaria impuesta desde el norte, y ha
enfatizado su independencia para juzgar y condenar al expresidente Jair
Bolsonaro por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado de 2022, pese
a las presiones ejercidas a favor de su liberación.
Brasil representa hoy el principal escollo para el plan
político encabezado por Trump, teniendo en cuenta, además, la proyección de su gobierno en
el plano internacional y la construcción de alianzas determinantes en el marco
de los Brics y con distintas regiones del Sur Global. El hecho de que Brasil
sea, además, el tercer país a nivel mundial con yacimientos de tierras raras,
le confiere un peso específico particular. ¿Será por todos estos motivos que
recientemente Trump aceptó ceder y negociar sus relaciones políticas y
económicas con Lula?
El plan maestro de Donald Trump se encuentra hoy en plena
ejecución y aparenta ser un modelo exitoso. Sin embargo, la coerción constante
podría dar paso a escenarios mucho más complejos. Más allá de todos sus
problemas y contradicciones, y pese a sus gobiernos cómplices y subordinados,
la historia de América latina evidencia que la identidad y la protección de sus
recursos siempre se sobrepone a los imperativos externos y, principalmente, a
aquellos poderes que, en medio de tensiones y conflictos, difícilmente
entienden de derechos y soberanías.
Tomado de Página 12 / Argentina.
