El gran cantautor confiesa el
verdadero motor del cambio en su vida. No fueron los bares, los romances
fugaces, ni siquiera la música. Lo que de verdad lo ha movido y sigue
moviéndolo ha sido el amor verdadero, que encontró en Jimena hace más de 30
años.
A Joaquín
Sabina cuesta no imaginarlo inmerso en sus famosas 500 noches, mirando
aquellos peces de hielo en un whisky on the rocks, o vengando
memorias a pedradas contra los cristales del Banco Hispano Americano. Con la
voz rota, un cigarro entre los dedos y esa mirada de quien ya lo ha vivido todo
y viene de vuelta. Durante décadas, encarnó el papel del hombre libre,
callejero, imposible de domesticar. Escribía versos en las servilletas de los
bares, canciones que hablaban del desamor como quien habla de una vieja
costumbre, y parecía tenerle alergia a todo lo que implicara quedarse.
Pero hoy, a los 76 años, Sabina bajo
el telón con la serenidad de quien ha comprendido un secreto que al resto se
nos sigue escapando. Dice Hola y adiós, sin dramatismo, sin
espinas, sin deudas. Y cuando le preguntan si se le ha quedado algo en la
reserva, asegura haberlo dado todo. Porque la música le ha dado alegrías miles,
pero también una oportunidad tan preciada como el oro de la que no siempre ha
hablado en público. El amor de una mujer que durante más de 30 años ha
permanecido junto al personaje que todos hemos imaginado al escuchar Sabina.
Un hombre que no se esperaba el amor
“Yo no tuve sueños locos, ni sueños
de ser famoso, ni de viajar a América”, confiesa Sabina en la entrevista
que concede a Esquire con motivo de su retirada. Cuando su
gira Hola y adiós, que comenzó en enero de 2025, llegue a su fin,
Sabina guardará la guitarra y disfrutará de un merecido retiro.
El cantautor reflexiona en la
entrevista sobre su carrera, que para él fue una completa sorpresa. Nunca
imaginó que sus canciones cruzarían el Atlántico, que tocaría en el Madison
Square Garden o que públicos tan lejanos harían suyas sus palabras
como si fueran propias. Pero hubo algo que quizá le pilló aún más por
sorpresa. Enamorarse a los 40 y muchos de una mujer veinte años más joven,
y tres décadas después, seguir enamorado.
A su carrera, confiesa, le debe “otra
felicidad que no había tenido, ni disfrutado, que era el amor verdadero”.
Amar sin peros
“Llevo 30 años con la Jime”, dice
Sabina en la entrevista. El hombre enamorado habla de Jimena Coronado, su
compañera desde hace tres décadas. Para alguien que escribió himnos sobre el
desencanto y la huida, esa frase tiene un peso distinto. El de una verdad
descubierta.
Este amor inesperado que llegó a su
vida sin esperarlo le cambió la vida. Así lo confiesa el cantante, que
asegura que muchos de los cambios en su vida tienen que ver con ella. “Yo no
quería ir a ningún sitio donde no estuviera ella. Y eso que no se sabe y no se
dice, y está bien que no se sepa y no se diga, fue muy importante”, explica en
la entrevista.
El suyo es un amor de los que
transforma, porque es un amor sin peros. “No me imaginaba yo que iba a poder
vivir con alguien 30 años y al hablar de ella no ponerle ni el más mínimo
'pero', explica. Y en su habitual tono poético, agradece a la lengua
española por su poder de expresión. Porque solo así puede citar a José Alfredo
Jiménez, que escribió: “Cuantas luces dejaste encendidas. Yo no sé cómo voy a
apagarlas”. El enamorado suspira y confiesa, “no se puede escribir mejor” lo
que el amor ha significado para él.
No hay mayor revolución que amar bien
Lo que Sabina y Jimena comparten, más
allá de canciones y dramas de bares, es una historia de amor
del bueno. De esas en las que no hacen falta fuegos artificiales ni
grandes gestos, porque se cuece a fuego lento bajo la calidez de la palabra
hogar.
Y es que, como dice el propio Sabina,
son estos amores los que producen grandes cambios. Porque, como nos enseña la
psicología, el amor sano puede transformar. Y lo hace por muchas razones:
- Nos da calma. Cuando estás en una
relación sana, el cuerpo lo nota. Duermes mejor, respiras más
tranquila, no estás constantemente interpretando silencios o dudando de tu
valor. Esa calma emocional, libera energía que puedes dedicar a otras
áreas de tu vida, y que te permiten crecer como persona.
- Nos ayuda a sanar heridas. No es que la otra persona nos
“complete”, al estilo de una naranja a la que le falta su mitad. Tampoco
nos cura. Sencillamente, sentirnos queridos sin condiciones nos permite
vernos con más ternura. Las relaciones pasadas pueden habernos hecho
pensar, como las canciones de Sabina, que en el amor hay lucha, miedo o
abandono. Pero un amor sano nos demuestra lo contrario. El amor no tiene
por qué doler.
- Nos hace de espejo. En una relación sana, la otra
persona actúa como un espejo amable. No idealiza ni critica
constantemente, sino que nos permite descubrirnos con realismo, respeto y
cariño. Esto nos ayuda a vernos con más claridad, mejorando la autoestima.
- Nos invita a crecer. El amor sano impulsa, no frena. No
corta las alas, no compite, no teme la independencia del otro. Al
contrario, se alegra del crecimiento del compañero e inspira a mejorar,
sin presión, acompañando en cada paso.
- Nos enseña a poner límites sin culpa. Para acabar,
cuando amamos bien dejamos de sentir la necesidad de decir “sí” a todo,
para poder empezar a decir “no” cuando lo necesitamos. Podemos pedir
espacio, podemos equivocarnos y reparar el error cometido. Todo ello, sin
miedo al abandono.
Así que sí, aunque son los amores
trágicos los que protagonizan esas canciones que cantamos a todo pulmón, solo
los amores sanos permiten que el artista se convierta en genio y deje en los
escenarios el legado que Sabina nos deja tras tantos años cantando. Sus
canciones se seguirán cantando, pero sus espectáculos se limitarán a las
paredes del hogar que ha construido con Jimena.
* Redactora especializada en estilo
de vida, bienestar y cultura.
Tomado de CUERPOMENTE. Imagen: ISTOCK.
