Lo que parece ser una lucha contra
las drogas (una historia nada nueva) se convierte en el caballo de Troya de
Estados Unidos para avanzar en su influencia y coerción sobre América Latina.
En un contexto marcado por la
escalada de tensiones entre Estados Unidos y América Latina, la reciente
revelación del The New York Times sobre una directiva secreta
firmada por Donald Trump en 2025 —que autoriza al Pentágono a realizar
operaciones militares en el extranjero contra cárteles designados como
«terroristas»— ha reavivado debates históricos sobre el uso de la guerra antidrogas
como herramienta de dominación imperial.
En una entrevista de Amy Goodman
en Democracy Now! el historiador Alexander Aviña*,
experto en violencia estatal y geopolítica latinoamericana, ofrece claves
indispensables para descifrar este entramado.
Aviña no duda en señalar el objetivo central de la medida: «Creo que está dirigida principalmente a Venezuela». Esta afirmación no es casual. Desde 2020, el gobierno estadounidense ha acusado al presidente Nicolás Maduro de liderar un «cártel de drogas», una narrativa que, según el académico, «es parte de una operación más grande de buscar un cambio de régimen en Venezuela que tiene depósitos petroleros, los más grandes del mundo».
La reciente duplicación de la
recompensa por Maduro —ahora en $50 millones— refuerza esta tesis. Aviña
recuerda que la guerra contra las drogas «ha sido usada por el Gobierno
estadounidense como una manera de avanzar su agenda y su política imperialista
«, un patrón que incluye desde el derrocamiento de gobiernos de izquierda
durante la Guerra Fría hasta el actual cerco a Caracas.
La lógica, subraya el historiador, es
circular: intervenciones militares generan violencia y desplazamiento, lo que a
su vez «producirá migrantes que buscarán asilo en Estados Unidos»,
alimentando el discurso securitario de Trump. Este círculo vicioso no es
nuevo: «La guerra contra las drogas no se trata de una ‘guerra contra
las drogas’. El objetivo son las comunidades pobres, campesinas […] Estados
Unidos ha utilizado esta guerra como una forma más de avanzar en sus diseños
geopolíticos imperiales».
Historia de un doble rasero: aliados
y enemigos en la supuesta guerra antidrogas
¡El periodista de DemocracyNow!, Juan
González, apunta a la contradicción histórica: mientras Estados Unidos acusa a
gobiernos como el de Maduro, ha colaborado con regímenes autoritarios
involucrados en el narcotráfico. Aviña coincide: «Trabajamos con
Gobiernos de derecha que sí están involucrados en el tráfico de drogas, pero
como son aliados, la atención no va sobre ellos». Ejemplos abundan: desde
el apoyo a dictaduras en los 70 hasta la actual cooperación con gobiernos
centroamericanos cuyas élites están ligadas al crimen organizado.
El académico destaca que esta «fase
es la más reciente de una larga historia imperialista «, que incluye
operaciones encubiertas como el asesinato del Che Guevara (1967) o la invasión
de Panamá en 1989. La novedad, sin embargo, radica en la fusión de la «guerra
global contra el terror» —iniciada tras el 11-S— con la retórica
antidrogas. Marco Rubio lo dejó claro: «Tenemos que tratar a los
cárteles como organizaciones terroristas armadas». Para Aviña, esto es
peligroso: «Da excusas para una guerra perpetua donde el blanco real es
la gente pobre».
El ataque a la soberanía de los
países latinoamericanos
La presidenta mexicana Claudia
Sheinbaum rechazó contundentemente la posibilidad de una invasión: «Estados
Unidos no va a venir a México con los militares […] la soberanía es absoluta».
No obstante, Aviña matiza: «Hay colaboración militar. Unidades
estadounidenses entrenan a fuerzas especiales mexicanas». Esta paradoja
—defensa pública de la soberanía junto a acuerdos castrenses bajo la mesa—
tiene raíces profundas. El historiador rememora el «chantaje» de
Nixon en 1969 (cerrando la frontera para forzar la militarización antidrogas en
México) y la presión de Reagan en los 80.
Sheinbaum, dice Aviña, enfrenta un
dilema heredado: «Manejar una relación económica y culturalmente íntima
con un vecino que históricamente ha invadido y robado territorio». Su
postura, aunque popular en un México cansado del intervencionismo, choca con la
realidad de una frontera hipervigilada con tecnología israelí: «En
Arizona hay torres de Elbit, compañía que opera en Palestina. La frontera de
México se vigila con herramientas probadas en la ocupación «.
Fentanilo y migrantes: el
discurso contra la realidad
Trump ha instrumentalizado el
fentanilo —responsabilizando a migrantes— para justificar tanto la
militarización fronteriza como la nueva directiva. Pero Aviña desmonta el
relato: «El 80% del fentanilo incautado en EE.UU. ingresa por puertos legales,
traficado por ciudadanos estadounidenses». La estrategia, sin embargo, es
políticamente eficiente en la narrativa aporófoba y xenófoba, que culpa al
migrante (pero el migrante pobre) de todos los problemas de los
estadounidenses.
“Pero, para mí, esto es como el
ingrediente secreto a los logros de Donald Trump desde el 2015, cuando bajó en
su escalón de oro para anunciar que iba a postularse como candidato a la
presidencia de Estados Unidos, la habilidad de fomentar un miedo en contra de
los migrantes y combinar ese miedo con el tema del fentanilo, con el tema de
las drogas. Entonces, manejó este discurso de que esta gente malévola de México
viene a Estados Unidos y está envenenando a este pobre país víctima que ha sido
entregado a los demócratas, porque los demócratas quieren que entren todos los
inmigrantes para fortalecer su base política”, agrega el experto.
*Información extraída de una
entrevista publicada por DemocracyNow!
Fuente: La Red 21 / Uruguay.
*Nota de
ETD. Alexander Aviña es profesor asociado de historia latinoamericana en la
Escuela de Estudios Históricos, Filosóficos y Religiosos de la Universidad
Estatal de Arizona. Anteriormente, impartió clases en la Universidad Estatal de
Florida.