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31 marzo, 2022

MEMORIAL

        “El legado de los héroes es el recuerdo de un gran nombre y la herencia de un gran ejemplo”

                              Benjamin Disraeli

 Por  Manuel Barreto Hernaiz

El sociólogo alemán Karl Mannheim, en su obra  «El problema de la juventud en la sociedad moderna» escribió: “Para la continuación de la vida de nuestra sociedad, el recuerdo social es exactamente tan necesario como el olvido o la irrupción de nuevos actos... una especie que viviera eternamente tendría que aprender a olvidarse de sí misma, y compensar la falta de nuevas generaciones”.  

Con esto, el autor indicaba que la historia se reanimaba en la medida que el olvido, la memoria y los diversos grados de conciencia en torno los atavismos y a las tradiciones, se manifestaban mediados por la emergencia de nuevas generaciones jóvenes.

Jóvenes  unidos por una ardiente vinculación quizá imperceptible: la exigencia interior de hacer algo, y el impulso irreprimible a cumplir una misión que a menudo ellos mismos desconocían en su verdadera magnitud.  Muchachos que retaron la perversidad del poder regional y nacional, no por pendencieros, sino por tratar precisamente, con sus protestas y manifestaciones, precisamente que les expropiasen el porvenir. Hay quienes afirman que la historia se pasea por años sin cambio aparente; o con cambios gatopardeanos. 

Suele ocurrir que las generaciones se sucedan sin mayor convulsión. Pero en un momento, la historia, empujada por sus verdaderos protagonistas, cambia de curso y se decide a tomar un nuevo rumbo y  a crear un acervo nuevo de ideas  y  sentimientos que les permitirá  ser dueños de su propio futuro… pero ese futuro les fue arrebatado. Jóvenes que hicieron parte del libertario coro  al grito animoso y sentido, que afloró  más  del corazón que de las gargantas: “¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”

Fue el grito que estremeció hasta el cielo en cada marcha o concentración, y será  ese que afloraría de las juveniles gargantas que tenían muy clara su motivación y  bien definida su lucha.

Fueron ellos los portaestandartes de esa genuina expresión pues les asistió la franca libertad en cuanto a turbios compromisos, pactos tras bastidores u ocultos intereses personales.

Unos muchachos, casi niños, con improvisados escudos que intentaron emular al Leónidas de “300”, pero enfrentándose a una brutal fuerza de choque que en pocos minutos disparó  una avanzada de bombas lacrimógenas, para pasar de seguidas a los perdigones y metras cual munición, para cerrar la desgraciada faena, con los mortales balazos…

Este es el “Memorial” de aquellos "imprescindibles" de quienes nos hablara Bertolt Brecht, y así lo pudimos comprobar pues estos comprometidos jóvenes, ofrendaron con sus propias vidas, ese anhelo de Libertad.

El tiempo siempre se encarga de curar heridas, o bien de renovarlas, pues la violencia a la cual nos ha venido acostumbrando el régimen nos aparta de la menor esperanza de que recapacite y deje a un lado su argumentación a punta de lacrimógenas, golpes y amedrentamiento, de insultos y vejaciones; si bien ese tiempo también trae consigo el olvido, pues no es sano para el alma acumular tanto dolor, quedará el recuerdo de esos cientos de jóvenes que creyeron que protestando, marchando y manifestando impedirían que les expropiasen el porvenir...

Como será nuestro deber recordar a todos esos seres especiales, seres casi anónimos pero a los que nunca olvidaremos porque en medio de la abyección más absoluta, cuando otros seres eligieron convertirse en alimañas, ellos prefirieron continuar siendo humanos. Esperamos entonces que seamos todos dignos de su ejemplo en el futuro.

La rueda de la Historia marca su paso inexorable. Cuán grande resulta esa responsabilidad para cuantos vienen trazando la ruta  hacia la concordia, la tolerancia y el reencuentro de una Nación que anhela paz. ¿Será que algún día nos perdonaremos como Nación cuando aún el tiempo y las consecuencias lo permitan? El llamado que debemos escuchar es el de esas voces a quienes hoy les debemos tanto por su ejemplo y nobleza y por haber iniciado – a su impetuosa manera - ese camino que deberá conducirnos a la recuperación de un país que sí quiere la convivencia, que está dispuesto a practicar la sana tolerancia, la capacidad para adaptarnos, escucharnos, comprendernos, y comunicarnos.

La responsabilidad es de todos. Y la esperanza también.