“El legado de los héroes es el
recuerdo de un gran nombre y la herencia de un gran ejemplo”
Benjamin Disraeli
El sociólogo alemán Karl Mannheim, en su obra «El
problema de la juventud en la sociedad moderna» escribió: “Para la continuación
de la vida de nuestra sociedad, el recuerdo social es exactamente tan necesario
como el olvido o la irrupción de nuevos actos... una especie que viviera
eternamente tendría que aprender a olvidarse de sí misma, y compensar la falta
de nuevas generaciones”.
Con esto, el autor indicaba que la historia se reanimaba en la medida que el olvido, la memoria y los diversos grados de conciencia en torno los atavismos y a las tradiciones, se manifestaban mediados por la emergencia de nuevas generaciones jóvenes.
Jóvenes unidos por una ardiente vinculación quizá
imperceptible: la exigencia interior de hacer algo, y el impulso irreprimible a
cumplir una misión que a menudo ellos mismos desconocían en su verdadera
magnitud. Muchachos que retaron la perversidad del poder regional y
nacional, no por pendencieros, sino por tratar precisamente, con sus protestas
y manifestaciones, precisamente que les expropiasen el porvenir. Hay quienes
afirman que la historia se pasea por años sin cambio aparente; o con cambios
gatopardeanos.
Suele ocurrir que las generaciones se sucedan sin mayor
convulsión. Pero en un momento, la historia, empujada por sus verdaderos
protagonistas, cambia de curso y se decide a tomar un nuevo rumbo y a
crear un acervo nuevo de ideas y sentimientos que les
permitirá ser dueños de su propio futuro… pero ese futuro les fue
arrebatado. Jóvenes que hicieron parte del libertario coro al grito
animoso y sentido, que afloró más del corazón que de las gargantas:
“¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”
Fue el grito que estremeció hasta el cielo en cada marcha o
concentración, y será ese que afloraría de las juveniles gargantas que
tenían muy clara su motivación y bien definida su lucha.
Fueron ellos los portaestandartes de esa genuina expresión
pues les asistió la franca libertad en cuanto a turbios compromisos, pactos
tras bastidores u ocultos intereses personales.
Unos muchachos, casi niños, con improvisados escudos que
intentaron emular al Leónidas de “300”, pero enfrentándose a una brutal fuerza
de choque que en pocos minutos disparó una avanzada de bombas
lacrimógenas, para pasar de seguidas a los perdigones y metras cual munición,
para cerrar la desgraciada faena, con los mortales balazos…
Este es el “Memorial” de aquellos "imprescindibles"
de quienes nos hablara Bertolt Brecht, y así lo pudimos comprobar pues estos
comprometidos jóvenes, ofrendaron con sus propias vidas, ese anhelo de
Libertad.
El tiempo siempre se encarga de curar heridas, o bien de
renovarlas, pues la violencia a la cual nos ha venido acostumbrando el régimen
nos aparta de la menor esperanza de que recapacite y deje a un lado su
argumentación a punta de lacrimógenas, golpes y amedrentamiento, de insultos y
vejaciones; si bien ese tiempo también trae consigo el olvido, pues no es sano
para el alma acumular tanto dolor, quedará el recuerdo de esos cientos de
jóvenes que creyeron que protestando, marchando y manifestando impedirían que
les expropiasen el porvenir...
Como será nuestro deber recordar a todos esos seres
especiales, seres casi anónimos pero a los que nunca olvidaremos porque en
medio de la abyección más absoluta, cuando otros seres eligieron convertirse en
alimañas, ellos prefirieron continuar siendo humanos. Esperamos entonces que
seamos todos dignos de su ejemplo en el futuro.
La rueda de la Historia marca su paso inexorable. Cuán grande
resulta esa responsabilidad para cuantos vienen trazando la ruta hacia la
concordia, la tolerancia y el reencuentro de una Nación que anhela paz. ¿Será
que algún día nos perdonaremos como Nación cuando aún el tiempo y las
consecuencias lo permitan? El llamado que debemos escuchar es el de esas voces
a quienes hoy les debemos tanto por su ejemplo y nobleza y por haber iniciado –
a su impetuosa manera - ese camino que deberá conducirnos a la recuperación de
un país que sí quiere la convivencia, que está dispuesto a practicar la sana
tolerancia, la capacidad para adaptarnos, escucharnos, comprendernos, y
comunicarnos.
La responsabilidad es de todos. Y la esperanza también.
