La pregunta no es ¿por qué estalló
Chile?, sino ¿por qué no estalló antes?
La extrema desigualdad social en
Chile se exhibe en que el 60 por ciento de la población sobrevive con
ingresos inferiores a angoleños, mientras que el patrimonio de tres
familias (Luksic, Matte y Paulmann) alcanzan los 38.000 millones de dólares.
La nación chilena continúa en estado
de ebullición. La chispa que incendió la pradera fue el aumento de la
tarifa del subterráneo. Pocos días antes, el Presidente Piñera había
manifestado que eran un “oasis” en América latina.
Las extendidas y perdurables protestas revelan
una profunda insatisfacción ciudadana con cuestiones estructurales (educación,
salud, sistema de pensiones) de la sociedad trasandina. La mayoría de esas
transformaciones fueron impuestas por el régimen de Augusto Pinochet.
Haciendo un poco de historia, la
dictadura chilena transitó por dos etapas diferenciadas en materia
económica: 1) la política monetarista comandada por los “Chicago
boys” que finalizó con un rotundo fracaso: la actividad retrocedió 14 por
ciento en el bienio 1982-1983; 2) el proyecto liderado por los
grupos económicos locales ligados al capital trasnacional. En el período
1986-1998 (los últimos cuatro de dictadura, los primeros ocho de democracia),
la economía chilena creció un 7,3 por ciento promedio anual.
La contracara fue la extrema
desigualdad social. En un estudio publicado en 2013, el economista Andrés
Zahler estimó que el 60 por ciento de los chilenos sobrevivía con ingresos
inferiores a los angoleños. Por el contrario, el patrimonio de tres
familias (Luksic, Matte y Paulmann) alcanzaba los 38.000 millones de dólares.
Ese mismo año, el presidente del
Banco Mundial, Jim Yong Kim, anunció que Chile ingresaba al club de los
países de ingresos altos al superar los 20.000 dólares de ingreso por
habitante (medidos en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA)).
La PPA es una técnica, desarrollada
originalmente en la Universidad de Salamanca, que empareja la capacidad de
compra de los residentes en diferentes países. Como se sabe, la canasta de
bienes/servicios que puede adquirir una persona con 1000 dólares será muy
distinta en Argentina que en, por ejemplo, Paraguay, Francia o Estados Unidos.
Por eso, el principal problema del
ranking del PIB per cápita nacional (en dólares corrientes) es que compara
peras con manzanas. La técnica PPA corrige esa cuestión pero también tiene sus
debilidades.
En el artículo “Como fue que nos
graduamos de país de 'ingreso alto' sin salir del subdesarrollo”, el economista
chileno Gabriel Palma explica que “si uno mira las cifras del Banco Mundial
(excluyendo sólo a islas pequeñas, como los paraísos fiscales y un par de
países ex comunistas), ningún país que tenga un ingreso por habitante PPA
similar al chileno tiene tanta diferencia entre el ingreso por habitante a
dólares corrientes y a dólares ficticios, los PPA. ¡Ninguno!. ¿Es eso algo para
estar contentos? Déjenme darle una clave: el país que nos pisa los talones es
Sudáfrica. En otras palabras, esa gran diferencia entre las dos estadísticas
-un 50 por ciento- es también un indicador de nuestro subdesarrollo: de la
persistencia de una mala distribución del ingreso”.
En otras palabras, la elevada
brecha del ingreso (medida en dólares corrientes y PPA) es consecuencia de que
los servicios son más baratos (o sea, salarios bajos) en términos
internacionales.
¿Que pasaría si se aplicara una
política económica que rebajara los ingresos en términos reales? “La respuesta
paradojal es que si el ingreso se mide en términos de PPA, tendría
el efecto perverso de subir el ingreso por habitante. La razón es obvia: si el
precio de la mayoría de los servicios es un mark-up, o margen sobre los costos
de producción, lo más probable es que se terminaría pagando menos por el taxi,
el peluquero, el restorán, la costurera, etc”, responde Palma.
Es decir, el empeoramiento de la
distribución del ingreso incrementa el PIB per cápita (versión PPA). El país es
más “rico” a pesar de que la mayoría de la población se empobrece. “Cuando la
brecha entre las dos mediciones del ingreso por habitante desaparezca, entonces
la gran mayoría del pueblo chileno también podrá festejar una subida del
ingreso nacional en términos de PPA. Mientras tanto, el 1 por ciento tiene un
nivel de ingresos de elite de país desarrollado y tiene, además, su consumo
subsidiado en forma adicional por los bajos precios de los servicios”, concluye
Palma. La pregunta no es ¿por qué estalló Chile?, sino ¿por qué no estalló
antes? – Tomado de Página 12 / Argentina
@diegorubinzal
