Por Francisco Contreras M.*
Cerramos un año con un país con una histórica debacle
económica insólita y jamás registrada en el mundo. Estamos sufriendo la cuarta
depresión económica más larga, la inflación galopante con más años de duración,
una de las hiperinflaciones más perdurables del mundo.
Soñar no cuesta nada, pero existen los que nos permiten
constatar la magnitud y grado insólito de esta demolición, imaginen este país
produciendo 6 millones de barriles diarios de petróleo, que unos recursos de
capital de más de 400.000 mm de $USD fugados del país al extranjero estuvieran
invertidos en el país, que estuviésemos utilizando razonablemente los
yacimientos de gas natural que en magnitud de reservas nos colocan como el
noveno país del mundo, que igualmente mineral de hierro, bauxita, coltán, oro y
pare de contar se administraran razonablemente. Continuemos con la fantasía,
supongamos que el Valle de Quíbor produjera a la capacidad esperada al año 1974
por el proyecto “Yacambú”, igualmente que se produjera arroz en las llanuras
del Guárico. Deliremos y pensemos que nuestros recursos turísticos se manejaran
como lo hace el gobierno de República Dominicana con los suyos y que la
capacidad de los recursos hidroeléctricos del país tuviesen el debido mantenimiento.
En términos de conjeturas validadas con data registrada en
nuestros anales desde la obra “Labor Venezolanista” de Alberto Adriani, de los
escritos de Arturo Uslar Pietri, del Programa de febrero de 1936, de las “Las
Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana 1830-2002” de Asdrúbal Batista y
de los registros de organismos internacionales como el FMI, CEPAL y el Banco
Mundial, no cabe duda es una calamidad voluntaria cometida por una sociedad a
espaldas de lo más mínimo de razonabilidad y sensatez.
Si efectuáramos un análisis de sensibilidad y nuestra
realidad fuera la de ese sueño que relatamos y los amos del país tan solo se
hubieran deglutido el 5% en robo y dilapidación de esa riqueza creada la
evaluación prospectiva nos dice que sería mayor su perverso disfrute que todo
lo que se han acumulado y gozado con el desorden que han provocado, de modo que
su capacidad se ha limitado a una enfermiza destrucción de una nación,
indiscutiblemente son una caterva de incapaces.
Existen dos vías políticas para superación estructural de los
problemas económicos del país, una, es la emulación de los principios de los
contra-balances de poder de la democracia por la vía de la colegiación de los
poderes públicos (modelo chino o su variante vietnamita), la otra, es la de más
y mejor democracia deliberativa con una propuesta real de solución para los
problemas del empobrecimiento de la clase media y de la miseria del resto de
los venezolanos.
El real dilema político es la superación de la cultura
populista imbricada en el gobierno y en su contraparte populista radical entre
los factores democráticos que polariza a la sociedad venezolana dejándola sin
posibilidades de un acuerdo de tolerancia y aceptación del otro entre
adversarios. Es el camino del sin sentido de propósito, carente de organización
para una movilización democratizadora con ausencia elemental de una hoja de
ruta. Es la vía de estados fallidos o forajidos como Siria o Libia.
*Economista.
Doctor de III Ciclo en Prospectiva y Previsión, Escuela de
Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.
Profesor del Doctorado en Ciencias Económicas y Sociales de
la Universidad de Carabobo.
Tomado de Noticiero 52/ Valencia - Venezuela
