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Costa Rica no puede quedarse quieto viendo cómo, a 286
kilómetros de San José, termina de erigirse una dictadura que aplasta la
libertad de expresión y toda oposición política mediante encarcelamientos y
represión armada.
Un país defensor de la democracia debe promover presión
internacional sobre el régimen. Por cercanía física, el riesgo de
consecuencias económicas también es evidente.
Por los hechos ocurridos en Managua, diciembre del 2018 fue
un mes triste para la democracia en la región y un augurio para el 2019.
-El 15 de diciembre, sin orden judicial, la Policía
de Nicaragua ocupó la sede del diario independiente Confidencial y
agredió a periodistas, al tiempo que allanó cinco ONGs a las cuales el
Congreso les retiró la personería jurídica.
-El 19 de diciembre, el gobierno
de Daniel Ortega expulsó del país a los organismos de derechos humanos dos
días antes de que el Grupo
Interdisciplinario de Expertos Independientes expusiera los resultados de su
investigación sobre la represión a las protestas que
empezaron en abril.
El Grupo concluyó que, en Nicaragua, ocurrieron crímenes
de lesa humanidad, es decir, confirmó que hubo un
ataque generalizado o sistemático contra una población, en este caso, por
parte del propio Estado.
-El 21 de diciembre, la Policía de Nicaragua irrumpió
en las oficinas del canal independiente 100% Noticias y cortó
la señal de la televisora. A la vez, detuvo al dueño del canal, Miguel Mora,
y a la periodista costarricense-nicaragüense, Lucía Pineda Ubao.
Ambos fueron encarcelados bajo cargos de terrorismo, de
incitación al odio y de discriminación contra sandinistas. Fueron apresados
con base en una ley sobre terrorismo promovida por Ortega después de las
protestas de abril, la cual fue calificada como herramienta para reprimir
legalmente a la oposición.
Según el expediente
judicial de Pineda, al cual pudo acceder La Nación, la
acusa con base en denuncias de personas afines al Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSLN), el partido de Ortega. Hasta la fecha, ni siquiera
hay certeza sobre en qué cárcel está ella. El Consulado costarricense no ha
podido tener acceso.
Reacción costarricense. El gobierno de Carlos Alvarado reaccionó de
inmediato, primero exigiendo acceso a Lucía Pineda, por su condición de
costarricense, y luego deplorando
la escalada de represión contra la prensa.
La Casa Amarilla también promovió una reunión de emergencia
en los últimos días de diciembre en la sede de la Organización de Estados
Americanos (OEA) y lo logró. En consecuencia, el secretario general de la
OEA, Luis Almagro, solicitó
activar el proceso para aplicar la Carta Democrática Interamericana a Nicaragua,
lo que podría acarrearle una suspensión del organismo y el cierre de
financiamientos.
El gobierno costarricense no se guardó palabras ante los
hechos y reclamó
más apoyo internacional contra la represión.
Su estrategia diplomática pudo ser mejor, como lo señaló el
exembajador ante La Haya, Sergio
Ugalde, en entrevista con La Nación, pero lo cierto es
que el gobierno se ha tomado en serio el tema pese a las críticas internas.
Y el tema apenas empieza. No es cosa menor.
Esteban Oviedo, editor de la sección Política del diario
La Nación de San José de Costa Rica.
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