Por Darío Pignotti - Página 12
Desde Brasilia
“Van a ser tres
años de azotes, pero voy a sobrevivir”, tronó Luiz Inácio Lula da Silva,
con la voz algo cascada, ante el pleno de la dirección del Partido de
los Trabajadores (PT) que le respondía “Lula, guerrero, del pueblo
brasileño”. Hacía falta algo de mística, y el líder petista la aportó, para entonar a una dirigencia esforzada que está trabando una
guerra diaria contra la escalada golpista iniciada el 27 de octubre de
2014, un días después de la victoria de Dilma Rousseff frente al
socialdemócrata Aécio Neves.
“Es el momento
de dejar el pesimismo, de tener orgullo de nuestras banderas rojas y
nuestra estrella” propuso Rui Falcao, presidente del PT, desde el atril
ubicado junto al palco. Culminando una gira por varios estados, que
incluyó la región nordeste, una de las más pobres y bastión electoral
del PT, y encuentros con los campesinos sin tierra, Lula formuló un mapa
del camino ante sus compañeros. La “prioridad cero” es respaldar al
gobierno de Dilma Rousseff y aventar el fantasma del impeachment que la
oposición azuza “sin ninguna base legal y sin ninguna razón”.
Con un traje
gris, camisa blanca y corbata negra, Lula no se ciñó al espacio
delimitado por el atril, prefirió improvisar, explayarse con sus brazos
abiertos y subrayar alguna frase con la puntuación que le da su timbre
de voz ronco.
Su discurso fue
una bajada de línea para sus compañeros y a la vez un mensaje hacia la
oposición dado que fue transmitido en vivo por el sitio del PT. De allí
que algunas de sus frases deban ser leídas hacia adentro y afuera del
partido. Por ejemplo, al pronosticar que le esperan “tres años de
azotes” también dijo que su horizonte es 2018, cuando posiblemente se
postulará para un tercer mandato, luego de los dos que encabezó entre
2003 y 2011. Una candidatura que amalgama y entusiasma a cuatro de cada
tres petistas.
Mucho más luego de que una
encuesta de Ibope, que no fue cotejada por el PT, confirmó
que Lula se preserva como el político con mayor caudal de electores
fieles, el 23 por ciento, superando con alguna holgura a todos los
opositores. Entre ellos el ex candidato Aécio Neves, quien perdió por
poco ante Dilma en 2014, y se ufana de ser favorito si hubiera
elecciones anticipadas, impeachment mediante.
Lula también
dirigió un mensaje hacia quienes insisten en su distanciamiento de
Dilma, debido a discrepancias en el plan económico y la continuidad en
su cargo del ministro de Hacienda Joaquim Levy, el padre del ajuste
resistido dentro del PT.
Demostró su fidelidad a la
presidenta Dilma defendiendo la permanencia de Levy y la necesidad de
que se lleve adelante la receta amarga para luego retomar el crecimiento
y la creación de empleos. Y no disimuló su indignación frente al acoso
judicial del que es objeto él y su familia, especialmente su hijo Luis
Claudio, a quien una jueza vinculó con una red de corrupción que obtuvo
exenciones impositivas para empresas.
Por cierto es curiosa la
severidad de algunos jueces y fiscales con Lula, sus familiares y el PT.
Esto en un país donde hasta hoy rige la ley de amnistía promulgada por
la dictadura en 1979, y ningún juez persistió en investigar los
sobornos, comprobados, a diputados para la reforma constitucional que
habilitó la reelección de Fernando Henrique Cardoso 1998.
Lula se quejó de la “judicialización de la política” y Rui Falcao
reforzó la idea al denunciar un “ataque odioso a la familia del
presidente Lula”.
“Tenemos que reaccionar a la campaña de odio e intolerancia de la oposición conservadora y medios monopólicos.”
Scioli y Chico Buarque
Al llegar a la
reunión del directorio petista, el fundador del partido fue recibido con
aplausos, vivas y el “que los cumplas feliz” por los 70 celebrados el
27 de octubre. Antes de viajar a Brasilia Lula festejó su aniversario en
San Pablo junto a la presidenta Dilma Rousseff, ministros y el titular
del partido, Falcao.
Recibió felicitaciones del ex mandatario francés Nicolas Sarkozy,
con quien firmó en 2008 un pacto de defensa que permitió a Brasil
afianzar su autonomía estratégica ante Estados Unidos, y desde Argentina
lo llamó el candidato presidencial Daniel Scioli.
“Hablaron del cumpleaños y otros asuntos. Ellos se habían reunido
en septiembre en Argentina”, comentó ayer una fuente del Instituto Lula
ante la consulta de este diario que quiso saber si se conversó sobre las
elecciones argentinas.
“También hablaron de la
segunda vuelta en Argentina, el ex presidente Lula dijo a Scioli que en
estos momentos hay que tener garra. Habló de su experiencia en las
elecciones de 2002. Que pensaba que iba a ganarla en primera y al final
tuvo que ir a segunda vuelta. Lula contó que al día siguiente de la
primera vuelta estuvo un poco caído de ánimo, pero se fue recuperando y
terminó ganando tranquilo.”
Hincha devoto de Corinthians el ex mandatario recibió un saludo grabado por los técnico Tite y jugadores del Timao.
El líder de los
campesinos sin tierra, Joao Pedro Stédile, le auguró “seguir ayudando al
pueblo brasileño a tomar conciencia sobre nuestros enemigos” y el
cantante Chico Buarque le dedicó una frase alusiva al acoso jurídico del
que es víctima Lula y su hijo, que el martes fue citado a declarar por
una jueza: “Querido Lula, bievenido al grupo de los setentones, recibe
mi solidariad no sólo por los setenta años sino por todo lo que estás
enfrentando, estoy contigo, como siempre”. PAGINA 12
