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Con K de Kirchner

A 5 años de la muerte de Néstor Kirchner

Por Mario Rapoport * 
Pagina 12

Néstor Kirchner tuvo una chance azarosa de llegar al poder pero fue, en verdad, el fruto de las convicciones de una generación que surgió en los años 60 y 70 y se encontró en una encrucijada en la que se cruzaban perspectivas de cambio frustradas, una feroz dictadura militar y, luego de la vuelta a la democracia, el asentamiento de políticas económicas y sociales que iban en contra de sus ideas y de lo que consideraba debían ser los intereses del país.
En el discurso inaugural del nuevo presidente, en mayo de 2003, y en sus acciones subsiguientes, están contenidas las políticas públicas que pusieron en cuestión las bases sobre las cuales se asentaba el fracasado modelo neoliberal y su correlato en la inserción internacional de la Argentina, así como la intención de reparar las heridas del pasado. En esa alocución, Kirchner remarcaba, en especial, el objetivo del pleno empleo y la reducción de la pobreza, el desarrollo de la industria nacional, planes de infraestructura y obras públicas, recomposición del mercado interno, la reivindicación de la soberanía política, y el afán de emancipación respecto de los organismos financieros internacionales. A esto le agregaba establecer una nueva justicia en torno a los derechos humanos y profundizar la integración regional.
No por casualidad un diario que muy pronto lo iba criticar duramente, La Nación, publicaba un extenso artículo, el 1º de junio, que titulaba “Kirchner dice que el Estado debe cumplir un nuevo rol y que la obra pública sirve para reactivar” y continuaba comparando: “Con K de Keynes. El mandatario se define como un partidario de las ideas del economista inglés, que explicó las variaciones de la actividad por el nivel de demanda”.
El mismo artículo se preguntaba: “¿Por qué su renacer? ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí?”; y Kirchner lo expresaría en su gobierno mediante la necesaria intervención del Estado para superar los problemas argentinos: insuficiencia de la demanda, caída del consumo, crisis del sistema financiero, privatización irresponsable de activos públicos, precarias condiciones de vida de la mayoría de la población. A fin de cuentas, no era sólo keynesianismo sino una reparación que continuaba la tradición del primer peronismo, borrada por Menem, que Kirchner, como peronista, reivindicaba.
Pueden señalarse aspectos críticos de su gestión, como la metodología de las estadísticas oficiales, la ausencia de una reforma tributaria y de políticas de planeamiento y de largo plazo, y algunas otras; pero los resultados macroeconómicos y sociales fueron en su presidencia mayormente positivos.
A la reindustrialización y la disminución sustancial del desempleo y la pobreza se sumó una flotación administrada del tipo de cambio que, ayudada por el aumento de los precios de exportación, las retenciones y la mejora en la recaudación impositiva, dieron lugar a la generación de superávits fiscales primarios y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. El canje de la deuda y el pago al FMI permitieron, sobre todo, el paulatino desendeudamiento del país desalentando los esquemas de valorización financiera.
El otro aspecto esencial fue el castigo a los militares que violaron los derechos humanos y una política exterior que rechazó el ALCA y apuntó a priorizar las relaciones con los demás países del Cono Sur a través de la creación de la Unasur y de políticas conjuntas.
El balance: un crecimiento alto y sostenido durante su mandato que continuó luego varios años más, a pesar de la crisis mundial. En el camino hubo aciertos y errores pero ese fue el principal resultado de las acciones emprendidas desde el poder por un casi desconocido político que vino de las tierras heladas del lejano sur para tratar de descongelar el país.

* Profesor emérito de la UBA, director de la maestría en Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas.