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¿Qué dicen? ¿No piensan?


                                      Luis Fuenmayor Toro
La conversación entre Capriles y Santos parece haber vuelto loco a más de uno. Incluso quienes dicen trabajar con la mente fría aparecen afectados. Se invoca, para la condena del encuentro, cualquier argumento traído por los cabellos. Capriles es el candidato de la oposición que casi gana las elecciones con los votos de 6,5 millones de venezolanos. Es, además, el gobernador de uno de los estados más importantes del país. Ya nada más por eso, puede perfectamente ser recibido por un jefe de Estado de uno de nuestros vecinos. (...)

No se entiende el argumento de que no ha debido ser recibido porque Capriles y que desconoce al presidente Maduro. El presidente Chávez, algunos alcaldes y gobernadores y ciertos jefes militares, se cansaron de conversar, dar dinero y atención médica a representantes de las FARC en Venezuela, a pesar de que esta organización sí desconoce realmente al gobierno colombiano, pues está alzada en armas en su contra desde hace varias décadas. Que yo sepa, Capriles no se fue para las montañas venezolanas a organizar una guerrilla que se enfrentara al gobierno de Maduro. Si lo hizo, no me enteré.
Tampoco leí ninguna declaración conjunta Santos-Capriles que dijera que el Tribunal Supremo tiene que decidir la apelación a favor de Capriles, ni que Colombia cortaba su comercio con Venezuela hasta que no le entregaran el coroto a Capriles. El gobierno bolivariano, en cambio, solicitó en el pasado que se reconociera a las FARC como fuerza beligerante, lo que en mi limitado cerebro significa que consideraba fundado el desconocimiento por las FARC del gobierno colombiano, a la sazón en manos de Uribe. ¿Entonces? ¿De qué estamos hablando? Chávez si podía conversar con quien quisiera y meterse en los asuntos de cualquier país, pero Santos no puede recibir a Capriles.
Que la gente común exprese lo que siente no es mayor problema. Lo que sí preocupa es cuando la respuesta desentonada la da un alto funcionario, pues allí está hablando el Estado venezolano y no cualquiera. Chávez se cansó de meter la pata en las relaciones con Colombia; cada dos días Uribe pasaba de ser su enemigo a su mejor amigo y recordemos que suspendió el comercio con nuestros vecinos dos veces. Chávez pasó de casi entregarle el Golfo a los colombianos hasta amenazar con no sé cuántas divisiones en la frontera.
¿En qué terminó todo aquello? 1) Le pagamos a los empresarios colombianos todo las deudas. 2) Firmamos un TLC con Colombia, lo que nos hizo parte del TLC firmado por ésta con EEUU. ¡Tanto nadar para morir en la orilla! 3) Firmamos un acuerdo de seguridad y defensa, en el que compartimos información de inteligencia y les entregamos a todo requerido por la justicia colombiana. 4) Detuvimos la protesta por las bases militares de EEUU en el vecino país. 5) Le dimos a los colombianos libre navegación por el Orinoco. Como contrapartida: 1) Colombia no se opuso a las creaciones de UNISUR y la CELAC. 2) Colombia retiró las denuncias internacionales contra Chávez. 3) Colombia influyó en la MUD para su participación electoral. Este es el gran legado de Chávez en esta materia.