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02 enero, 2010

LAS RABIETAS DE MI VECINO


Chicho Rea

El estado de ánimo de mi vecino es impredecible, cambia de la euforia a la más amarga arrechera sin términos medios. Hace días brotaba por sus poros la felicidad, vendía sus pancartas con el “…somos todos” y el “…no te metas” y se preparaba para la gran marcha de los” clap, clap, clap, ¡estudiantes!” Por los presos políticos, por la libertad de expresión, por Micheletti, por presupuesto para las universidades, por vete ya, por la gripe, por cuanta vaina se le ocurra. El centro de la manifestación era el nuevo héroe de la oposición, un tal Julito, ejemplo de valentía, macho machote como lo requiere el momento. Pero días después y extrañado por no verlo, ni oírlo cantar en el patio y despotricar del rrregimen, me atreví a visitarlo para pedirle el taladro que le había prestado el mes pasado. El hombre me recibió con una cara de perro que para que le digo, al oír mi petición le gritó a su mujer “Tráele el taladro al vecino pa´ que se vaya al carajo”. De seguidas me pidió disculpas y se fue en explicaciones: “Disculpe vecino, pero es que tengo una arrechera encima desde hace días y no encuentro como desahogarme. Resulta ser que me fui a mi marcha todo emocionado, convencido de que había aparecido el que le iba a meter el tiempo en agua a Chávez, pinté y hasta regalé pancartas con JULITO SOMOS TODOS, CON JULITO NO TE METAS; me metí al frente con los estudiante y sonábamos las manos pintaditas de blanco y las mostrábamos Clap,Clap, Clap ¡Estudiantes!, bueno todo eso; después cuando ya culminaba la cosa, salieron unos carajos , se pusieron en popa y se bajaron los pantalones con interior y todo para mostrar su trasero no sé si en un arranque de exhibición en búsqueda de una vaina rara, o porque querían jalarle bolas al Chávez para demostrar que le obedecen cuando éste dice: vayan a lavarse ese …paltó, Ya eso era suficiente, pero después, por esas vainas que nunca hago, sintonicé esa podredumbre que llaman La Hojilla y el marginal ese mostraba una fotos de Julito que medio desnudo y en unas poses, que cuando las vi me dije ¡Ay papá! , éste como que bota la segunda, la tercera y la cuarta. Se perdieron mis pancartas. Coño, ¿no me voy arrechá? Pa´ completá en esos días recibí una llamada de un pana que vive en Miami luchando de bar en bar contra esta vaina y me dijo que el día del concierto de ese Juanes, en la pequeña Habana hubo una congestión en las clínicas de los alrededores, porque un poco de cubanos presentaron conatos de infarto, en las farmacias se acabaron las pastillas esas que se meten debajo de la lengua cuando le sube a uno la tensión, en fin, que no pegamos una”. Y me despidió; “váyase, váyase…”