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02 enero, 2010

DE LO CURSI Y LO PAVOSO

Gerardo González Blanco

ggonzalezblanco@yahoo.com


En la literatura vernácula y en el lenguaje coloquial de la anterior generación de venezolanos, estos dos adjetivos mas de las veces eran considerados como sinónimos; pero el segundo, además de la connotación de ridículo, aparatoso, presuntuoso del cursilismo, tenía una acepción de mala suerte o de guiñoso, cuyo caso extremo, según Leoncio Martínez (Leo) era el de de tener una “pava ciriaca”.

Francisco Pimentel (Job Pim) el nunca bien ponderado humorista criollo de la primera mitad del siglo pasado, junto con los inolvidables e ingeniosos Aquiles Nazoa, Aníbal Nazoa, Miguel Otero Silva y Andrés Eloy Blanco, entre otros, escribieron páginas memorables sobre el mismo tema y dictaron cátedra sobre el asunto tanto en libros como en los periódicos humorísticos donde ejercieron su sin par intelecto, siendo el más memorable y recordado el famoso Morrocoy Azul.

Sobre las respectivas etimologías y sobre sus aplicaciones nada menos que Alejandro Rosenblat, el de “Buenas y Malas Palabras”, y el injustamente olvidado Padre Barnola, el de la columna “ Con La Lengua”, se explayaron en deliciosos y eruditos comentarios sobre estos muy usados adjetivos, por lo que yo nada tengo que agregar sobre tan estudiado tema; sin embargo, siendo yo un inveterado enemigo de lo cursi y lo pavoso, no puedo dejar de alarmarme profundamente ante la avalancha de hechos, actuaciones y comportamientos que, sin duda alguna, califican sobradamente para ser blancos de lo que constituye el objeto de este escrito: combatir o por lo menos denunciar la perturbadora epidemia de cursilería que nos comienza a ahogar sin que nadie lo haga notar o proteste acaloradamente. Lo grave del hecho es que nuestros autóctonos equivalentes de los tirios y troyanos, es decir chavistas y escuálidos, son realmente sobresalientes en cursilería y pavosidad acendrada por lo que doy por descontado que el furor marchista de ambas banderías, no se manifestará para protestar ante tal avalancha de mal gusto y sosería.

Yo confieso cierta culpabilidad cuando me quedé callado al comienzo del actual decenio chavista. En ese momento ocurrieron hechos que aunque estremecieron mi pavosímetro yo me los calé porque el fervor revolucionario era mucho en ese momento y supuse que eran majaderías de mal gusto, pero en cierta forma inofensivas. Por ejemplo, cuando varias viejas cacatúas llegaron a la Constituyente y convencieron al caudillo de esa cacofónica necedad de la igualdad de géneros, que empezó por lo de ciudadanos y ciudadanas, pasó por lo de “niños, niñas y adolescentes” y llegó a ese trabalenguas de padres, madres, representantes, responsables, mirones, mironas, etc. que en vez de aclarar un concepto lo que hacen es que uno se arreche y no siga oyendo lo que sigue.

Lamentablemente la enfermedad cundió y se ha extendido con creces. Yo recuerdo con horror aquella pepera que cogió Chávez para que por quítame estas pajas se cantara completico el Himno Nacional. Entre lo largo de nuestro himno y la excesiva liberalidad en su uso llevó a que los asistentes a las marchas, agotados y asoleados de tanto esperar a Chávez, cada vez que empezaba el himno, medio mundo se iba “pal carajo”.
Otro ejemplo de la epidemia de cursilería lo encontramos en la infinitud de cambios de nombre de muchos sitios e instituciones. Por ese morbo, nombres de tanto tronío como el de la PTJ, el CSE, la CSJ, el Parque del Este y su estación de metro, el cerro del Ávila, el MSAS, el INCE entre otros, vieron sus denominaciones cambiadas por unas sopas de letras que al pronunciarlas habría que agarrarse la bola izquierda para evitar que la pava nos alcanzara. Lamentablemente, el mal gusto siguió ganando terreno “a paso de vencedores y rodilla en tierra”. A mi que no me jodan, pero esa ocurrencia de anteponer al nombre de los ministerios esa retahíla medio idiota que de tan pavosa no me atrevo a escribirla completa y cuyo acrónimo es MINPOPOPA, es de una cursilería tremenda, y lo de patria, socialismo o muerte pronunciada por la cantidad de militares prevaricadores y jala bolas y demás integrantes del “foquismo” (por lo de foca aplaudidora) que rodean al Presidente, raya en lo grotesco.

Hasta el Ministerio de la Cultura, que se supone debería ser el guardián del buen gusto, la cogió por afear cuanta vaina tocaba. Basta ver los adefesios de la mal llamada pintura revolucionaria que rodea el Teresa Carreño. Eso no es pintura, eso es chabacanería extrema. El mismo ministro Farruco, yo no sé si por adulante o por ignorante, cambió todos los logotipos que identificaban los institutos a su cargo, que eran muchos de ellos resultado de concursos serios y de inobjetable contenido estético, por la imagen de un petroglifo precolombino de mucho valor antropológico, pero de dudoso valor artístico. A lo mejor Farruco lo que buscaba era pasar a la historia del arte como inventor de un nuevo estilo artístico cuyo nombre sería el de FEISMO. Y no hablemos del nuevo look de los NRC (Nuevos Ricos Chavistas) que pasean su acaudalada ordinariez por los santuarios de los pudientes. Los tercios son la encarnación total de aquel pareado refrán castizo: Aunque la mona se vista de seda, siempre mona se queda.

Pero es que los escuálidos que, según su auto bombástica propaganda, son poseedores de todas las virtudes que le faltan al chavismo, han resultado además de cursis, decadentes, mezquinos y desleales. No de otra manera puede calificarse el hecho de que los chismes apocalípticos de la Locaranda y de la Marianella; que la hiel menopáusica de la Colomina y de la Poleo; que las diatribas colombianófilas de Roberto Giusti, Pineda y de la exmanceba de Gustavo Roosen, son análisis políticos. ¡No me jodan!
Si les parece poco traten de leer a Pompeyo, Omar Lares, Caballero, Emeterio y Gloria Cuenca, que además de ser todos unos provectos blasfemadores la decadencia literaria y ética los abrumó antes de tiempo; y si todavía les queda estómago, cálense cualquier programa de los emitidos por ese Mercal del odio que es Globovisión o los cascorvos editoriales de Teodoro en Tal Cual.

Y no es para menos, una oposición que ha permitido que los medios la representen, que Oscar Pérez sea vocero autorizado, que pillos como el Ravell y sus socios sean capitostes de cuanta campaña de opinión se invente; que ha convertido el otrora respetado gremio de periodistas en un conciliábulo de serviles y quejicosos capaces de cualquier aberración para complacer a sus jefes mientras se desgañitan hablando de una libertad de expresión menoscabada; que le ha dado alas a ese mequetrefe medio desquiciado y con ínfulas de nazi que es Leopoldo López; que no ha podido conformar ni siquiera un asomo de liderazgo para enfrentarlo a Chávez; que habla de la hombría y honestidad de Manuel Rosales y que, como lamentable colofón, ahora le ha dado por ser furibundos pro colombianos y admiradores del narco # 92 del informe de 1991 de la DEA, o sea el propio Álvaro Uribe Vélez, no es de extrañar que sus acciones sean tan de deplorable mal gusto.
Y no crean que me olvidé, pero en mí ya larga existencia, pocas veces he visto una vaina más ridícula, deplorable, decadente como la “gloriosa y valiente” huelga de hambre del “prócer” Antonio Ledezma. Casi me da un soponcio cuando vi por TV a aquel manganzón sacado en triunfo en una camilla como si fuera un Aquiles lesionado en épico combate y el colmo, la guinda del espectáculo, es que además de cantarle el himno nacional, el tercio iba envuelto en la bandera nacional. Definitivamente, ante ese alud de mal gusto, provoca exclamar como la famosa negrita de la propaganda de Luis Herrera en 1978 ¡estamos caóticos! ¡Auxilio dioses del buen gusto!