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13 junio, 2012

EL PERRO NEVADO cuento


Entre Todos publica el cuento de El Perro Nevado debido a las numerosas entradas que ha tenido un artículo publicado en nuestro blog, referido al perro fiel de nuestro Libertador  Simón Bolívar.



EL PERRO NEVADO

Tulio Febres Cordero
El silencio de los páramos es completo. No hay aves que canten, ni árboles que luchen con el viento, ni ríos estrepitosos que atruenen el espacio. Es una naturaleza grandiosa, pero llena de gravedad y de tristeza. Aquellos cerros desnudos y altísimos, acumulados al capricho, parecen las ruinas de un mundo en otro tiempo habitado por cíclopes y gigantes. Lo que pasa en alta mar, lo que pasa en la llanura inmensa, eso mismo sucede en los páramos andinos. El hombre se siente humillado ante la naturaleza y se recoge en sí mismo. Por eso la ascensión a las alturas de la cordillera venezolana no solamente es fatigosa para el cuerpo, sino abrumadora y triste para el espíritu. Bajo las mantas y abrigos que son necesarios al viajero para soportar un frío que acalambra los miembros, el alma también se recoge y busca el calor de los recuerdos, de los pensamientos y de los afectos que le son más caros en la vida.
En una brumosa tarde de junio del año de 1813, se detuvo una escolta de caballería frente a la casa de Moconoque, sitio distante una legua de la villa de Mucuchíes, para entonces el lugar más elevado de Venezuela. La casa parecía desierta, pero apenas habrían dado dos o tres toques en la puerta, cuando instintivamente los caballos que estaban más cerca retrocedieron espantados. Un enorme perro saltó a la mitad del camino dando furiosos aullidos. Era un animal corpulento y lanudo como un carnero, de la raza especial de los páramos andinos, que en nada cede a la muy afamada de los perros del monte de San Bernardo.
Ante la actitud resuelta y amenazadora del perro brillaron de súbito diez o doce lanzas enristradas contra él, pero en el mismo instante se oyó a espaldas de los dragones una voz de mando que en el acto fue obedecida:
-¡No hagáis daño a ese animal! ¡Oh, es uno de los perros más hermosos que he conocido!
Era la voz del Brigadier Simón Bolívar, que cruzaba los ventisqueros de los Andes con un reducido ejército. Por algunos momentos estuvo admirando al perro que parecía dispuesto a defender por sí solo el paso contra toda el escolta de caballería hasta que el dueño de la casa, don Vicente Pino, salió a la puerta y lo llamó con instancia.
-¡Nevado! ... ¡Nevado! ¿Qué es eso? El fiel animal obedeció en el acto y se volvió para el patio de la casa gruñendo sordamente. Su pinta era en extremo rara y a ella debía el nombre de Nevado, porque siendo negro como un azabache, tenía las orejas, el lomo y la cola blancos, (...)