Entre Todos publica el cuento de El Perro Nevado debido a las numerosas entradas que ha tenido un artículo publicado en nuestro blog, referido al perro fiel de nuestro Libertador Simón Bolívar.
EL PERRO
NEVADO
Tulio Febres
Cordero
El silencio de los
páramos es completo. No hay aves que canten, ni árboles que luchen con el
viento, ni ríos estrepitosos que atruenen el espacio. Es una naturaleza
grandiosa, pero llena de gravedad y de tristeza. Aquellos cerros desnudos y
altísimos, acumulados al capricho, parecen las ruinas de un mundo en otro
tiempo habitado por cíclopes y gigantes. Lo que pasa en alta mar, lo que pasa
en la llanura inmensa, eso mismo sucede en los páramos andinos. El hombre se
siente humillado ante la naturaleza y se recoge en sí mismo. Por eso la
ascensión a las alturas de la cordillera venezolana no solamente es fatigosa
para el cuerpo, sino abrumadora y triste para el espíritu. Bajo las mantas y abrigos
que son necesarios al viajero para soportar un frío que acalambra los miembros,
el alma también se recoge y busca el calor de los recuerdos, de los
pensamientos y de los afectos que le son más caros en la vida.
En una brumosa tarde
de junio del año de 1813, se detuvo una escolta de caballería frente a la casa
de Moconoque, sitio distante una legua de la villa de Mucuchíes, para entonces
el lugar más elevado de Venezuela. La casa parecía desierta, pero apenas
habrían dado dos o tres toques en la puerta, cuando instintivamente los
caballos que estaban más cerca retrocedieron espantados. Un enorme perro saltó
a la mitad del camino dando furiosos aullidos. Era un animal corpulento y
lanudo como un carnero, de la raza especial de los páramos andinos, que en nada
cede a la muy afamada de los perros del monte de San Bernardo.
Ante la actitud
resuelta y amenazadora del perro brillaron de súbito diez o doce lanzas
enristradas contra él, pero en el mismo instante se oyó a espaldas de los
dragones una voz de mando que en el acto fue obedecida:
-¡No hagáis daño a
ese animal! ¡Oh, es uno de los perros más hermosos que he conocido!
Era la voz del
Brigadier Simón Bolívar, que cruzaba los ventisqueros de los Andes con un
reducido ejército. Por algunos momentos estuvo admirando al perro que parecía
dispuesto a defender por sí solo el paso contra toda el escolta de caballería
hasta que el dueño de la casa, don Vicente Pino, salió a la puerta y lo llamó
con instancia.
-¡Nevado! ...
¡Nevado! ¿Qué es eso? El fiel animal obedeció en el acto y se volvió para el
patio de la casa gruñendo sordamente. Su pinta era en extremo rara y a ella
debía el nombre de Nevado, porque siendo negro como un azabache, tenía las
orejas, el lomo y la cola blancos, (...)
