- A pocos cuadra mejor el calificativo de visionario, pues en sus obras se adelantó al futuro. «Lo que un hombre puede imaginar otro lo puede realizar», decía.
Pocos príncipes de las letras me siguen fascinando hoy tanto como el francés Julio Verne (1828-1905), de quien devoré casi toda su obra siendo un adolescente. A él le debo haber dado varias vueltas al mundo, una de ellas en ochenta días junto a su protagonista Phileas Fogg; así como recorrer veinte mil leguas por el fondo del océano a bordo del «Nautilus», un submarino que funcionaba con electricidad generada en el mar; alunizar juntos en el interior de un proyectil lanzado al espacio desde un lugar muy próximo a Cabo Cañaveral, cuartel general de la NASA; explorar el centro de la tierra tras penetrar en el cráter de un volcán en Islandia; y hasta charlar con caníbales en África y con indios en las riberas del Orinoco.(...)