OPINION
Por Emir Sader
Desde el diagnóstico neoliberal,
en la voz de Ronald Reagan, según el cual el Estado dejaba de ser
solución para volverse problema, el debate ideológico y la lucha
política han girado en gran parte alrededor del Estado. Un Estado que
había sido gran protagonista en la era del bienestar social se volvía el
villano: despilfarro, ineficiencia, corrupción, tributación. Lo que
viene del Estado pasó a resumir todo lo que habría de malo en la
sociedad.
El neoliberalismo buscaba destruir la imagen del Estado
–especialmente en sus aspectos reguladores de la actividad económica, de
propietario de empresas, de garante de derechos sociales, entre otros—,
para reducirlo a un mínimo, colocando en su lugar la centralidad del
mercado. Fue la nueva versión de la concepción liberal, de polarización
entre la sociedad civil –compuesta por individuos– y el Estado.
Pasaron a proponer como campo teórico de enfrentamiento la
polarización entre estatal y privado, escondiendo lo público, buscando
confundirlo con lo estatal. Mientras que el campo teórico central de la
era neoliberal tiene como eje la polarización entre lo público y lo
mercantil. Democratizar es desmercantilizar, es consolidar y expandir la
esfera pública, articulada alrededor de los derechos de todos y
compuesta por los ciudadanos como sujetos de derechos. La esfera
mercantil, a su vez, se articula alrededor del poder de compra de los
consumidores, del mercado.(...)