Por Enrique Ochoa Antich / Opinión
Sí. Se puede. Claro que se puede. Lo digo por quienes sienten la ansiedad de subrayar su pertenencia al campo opositor.
Este cronista pone en cuestión, en la actual coyuntura histórica de resistencia y lucha agónica por reconstruir la soberanía nacional posible, la fácil ecuación gobierno/oposición, "nosotros y ellos". Nuestra realidad presente me parece un poco más compleja. Pero respeto a quienes se definen —por muchas razones legítimas— como opositores. A ellos está dirigido este texto.
Por cierto, hay que ser zopenco para sospechar, según expresó recientemente un vocero opositor de buena labia al ser entrevistado por mi buen amigo Vladimir Villegas, que quienes pensamos que este gobierno merece ser apoyado lo hacemos por impulsos subalternos y que eso le causaría un arrebato de conmovida vergüenza. Al menos este cronista reivindica (y el interfecto lo sabe porque me conoce bien) que siempre ha actuado basado en razonamientos políticos que lo justifican (llegando incluso a rechazar cargos ejecutivos a cuenta de sus convicciones, erradas o no). De modo que asquea escuchar que se hable de pretendidos bochornos y luego no se tenga el coraje de dar la cara para debatir sus opiniones. En fin, cada quien lleva su procesión por dentro.
Parte en serio y parte en broma, tengo años diciendo que, dada la actuación errática de los más ruidosos contrarios al chavismo, mi mejor definición política (y creo que la de las mayorías nacionales) es: ni gobierno ni oposición sino todo lo contrario. Hoy ni siquiera el todo lo contrario sirve mucho.
