La nueva
mayoría demócrata podrá fiscalizar las decisiones de Trump y ejercer presión
sobre su política exterior, pero los consensos bipartidistas limitan las
posibilidades de un cambio de rumbo en América Latina.
Un revés
para Donald Trump
que también tendrá consecuencias en América Latina.
Los estadounidenses le dieron la espalda a los republicanos en las elecciones
intermedias y otorgaron a los demócratas la mayoría en las dos cámaras
del Congreso. El descontento por la situación
económica y la política migratoria de Trump pasó factura a los
republicanos.
El voto
latino también reflejó un retroceso del apoyo a los republicanos
respecto a las elecciones presidenciales de 2024. Alrededor de un 60 por ciento
respaldó esta vez a los candidatos demócratas, mientras solo un tercio apoyó a
los republicanos. En gran parte, por el impacto de la política de deportaciones
masivas y las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)
en muchas familias hispanas.
La cuestión
ahora es hasta qué punto los demócratas
podrán fiscalizar también las decisiones
de Trump en América Latina. Maureen Meyer, investigadora de la Oficina en
Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), considera que una de sus
primeras vías de actuación será el presupuesto del Departamento de Seguridad
Nacional (DHS), del que depende ICE. "Creo que los demócratas van a estar
más atentos a ver si pueden limitar cada vez más los fondos de la
agencia", explica Meyer a DW.
Margen de maniobra reducido
El alcance de
ese control no sería el mismo cuando se trata de política exterior. Meyer
recuerda que el Ejecutivo estadounidense conserva un amplio margen de decisión
en este ámbito: "El Ejecutivo tiene mucha discreción sobre temas de
política exterior, mucho más que políticas domésticas. Lo máximo que puede
hacer el Congreso es determinar el presupuesto, pedir cuentas, pero obviamente
de ahí a poder cambiar el rumbo de la política, es muy difícil".
Por eso, la victoria
demócrata no implica necesariamente un cambio de rumbo en la política
de Washington hacia América Latina. Los objetivos podrían mantenerse, sobre
todo en ámbitos donde existe consenso entre ambos partidos, como la lucha
contra el crimen organizado y el narcotráfico.
"Hay
ciertos elementos que son un consenso bipartidista, por ejemplo, la importancia
del tema del crimen organizado como una amenaza a la seguridad, el tema de la
guerra contra las drogas", dice a DW la politóloga Viviana García Pinzón,
del Instituto Alemán para la Investigación de América Latina (GIGA). Según
ella, el cambio podría estar más en los métodos: "Lo que sí se puede
esperar es que el Ejecutivo estadounidense ahora va a tener menos fuerza para
implementar una agenda haciendo uso de la coerción".
Una de las
posibles consecuencias sería una mayor fiscalización de la cooperación en
materia de seguridad con El
Salvador. "Con una mayoría demócrata podría haber una oposición
más clara a este modelo de seguridad o de cooperación en seguridad, que se
manifestaría sobre todo en el presupuesto", sostiene García Pinzón. El
Congreso podría condicionar dicha cooperación con el Gobierno de Nayib Bukele al
cumplimiento de garantías de derechos humanos.
Venezuela:
¿más presión para la transición democrática?
Más allá de la cooperación en seguridad, el nuevo equilibrio en el Congreso
podría hacer más visible la diferencia entre demócratas y republicanos sobre su
relación con determinados gobiernos de la región. Un caso clave es el de Venezuela. Tras la
captura de Nicolás
Maduro, Trump pasó de la confrontación a una relación de cooperación
con el Gobierno de Delcy Rodríguez.
Sin embargo,
los demócratas no necesariamente cuestionarán este acercamiento. Nayar López
Castellanos, politólogo de la Universidad Autónoma de México (UNAM), no espera
un cambio sustancial en ese sentido. "No creo que estén en desacuerdo con
cómo se está manejando el tema de Venezuela en este momento", afirma a
DW.
El académico
recuerda que la política de intervención en América Latina no ha sido exclusiva
de los republicanos. "En las principales acciones de intervención de la
época contemporánea están empatados, o a veces, incluso, los demócratas han
sido más agresivos en América Latina y el Caribe", asegura.
La analista
García Pinzón cree, no obstante, en una posible diferencia en las prioridades
de ambos partidos. Según ella, los demócratas podrían presionar para que
Washington dé más importancia a la democratización del país. "Yo creería
que los demócratas probablemente van a presionar para promover más activamente
procesos de democratización o de redemocratización en Venezuela", añade.
Por su parte, la investigadora Meyer apunta que los demócratas podrían poner
especial atención en la transparencia de los ingresos petroleros
venezolanos.
Cuba, México
y las alianzas regionales
Cuba representa un caso
distinto, marcado por profundas divisiones entre ambos partidos sobre cómo
relacionarse con La Habana. "La mayor parte del Partido Demócrata estaría
a favor de la revocación del embargo y de tener una relación de diálogo con el
Gobierno cubano, y luego tienes una parte del Partido Republicano que realmente
lo que quiere es un cambio de régimen", cuenta Meyer. El politólogo López
Castellanos, por su parte, califica el bloqueo estadounidense de "carácter
genocida": "Están matando a la gente de hambre, están destruyendo un
pueblo".
En México, la nueva
mayoría demócrata en el Congreso de EE.UU. podría aportar mayor previsibilidad
a la relación comercial con Washington. "Los demócratas tienen más interés
en mantener el tratado de libre comercio y que podrían reducir la incertidumbre
en torno a los aranceles y a su revisión", indica el experto de la UNAM.
En Colombia, en
cambio, García Pinzón advierte que el acercamiento de sectores de la derecha a
Trump podría complicar la relación con el nuevo Congreso demócrata: "La
relación entre Colombia y Estados Unidos se había mantenido tradicionalmente al
margen de las disputas partidistas".
Asimismo, la
analista política interpreta las victorias de Lula
en Brasil y de los
demócratas en Estados Unidos como "reveses muy importantes para la idea de
una consolidación de la ola conservadora en el continente", tras los
avances de la derecha en Argentina,
Chile, Perú o Colombia.
El Escudo
de las Américas, impulsado por Trump como alianza de seguridad, podría,
sin embargo, mantener su actividad pese al fracaso republicano. "La
iniciativa tiene suficiente respaldo entre varios gobiernos latinoamericanos
para sobrevivir durante los dos años que restan de su mandato", dice la
investigadora Meyer. Aun así, el politólogo López Castellano cuestiona los
beneficios del alineamiento de varios gobiernos latinoamericanos con Trump:
"¿Qué han recibido a cambio de estar ahí haciendo el papelón? ¿Cuál es el
verdadero beneficio que han tenido estos países?"
(ms) – Tomado
de DW / Alemania. Imagen: Presidencia de Venezuela /AFP.
