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12 octubre, 2026

El Darwinius Masillae, el fósil de un millón de dólares

 Por Orlando Arciniegas*

       En Nueva York, el 19 de mayo de 2009, en el Museo Americano de Historia Natural, y en un acto que presidiera el alcalde –empresario y político– Michael Bloomberg (1942), tuvo lugar la presentación del único fósil de un primate primitivo, de 47 millones de años. ¡Casi un escándalo! Este había sido hallado en el sitio fosilífero de Messel en 1983, a unos 9 km de la ciudad de Darmstadt, en el federado estado de Hesse, Alemania. El fósil presentaba un estado de conservación excepcional, con contornos de tejidos blandos y pelaje, y un 95% de sus huesos fosilizados; por lo que también era el más completo jamás hallado. Solo le faltaba la pata izquierda trasera. Recordemos que, del célebre _Australopithecus afarensis_, apodado Lucy, de 3,2 millones de años de antigüedad, se obtuvo apenas el 40% de su esqueleto. 

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       El equipo científico que hizo el primer estudio y presentación del fósil fue representado por el paleontólogo Jørn Hurum (1967), profesor del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo, Noruega. Hurum era conocido, igualmente, como divulgador científico de perfil medio-alto. Del fósil dijo, entre otras: «Lo más cercano que tenemos a un ancestro directo»; «La octava maravilla del mundo». Y con inusual sensacionalismo, afirmó que su impacto en la paleontología sería equivalente al de «un asteroide caído en la Tierra». Expresiones que generaron críticas por su carácter estrambótico. El nombre científico del fósil es _Darwinius masillae_, conforme a la notación del sabio Linneo. El género ‘Darwinius’, por el bicentenario de Darwin (1809–2009), y la especie ‘masillae’ recuerda al Hoyo de Messel. La palabra «masilla» era el nombre que, en el siglo IX, daban en el monasterio local al pozo de Messel, en cuyo fondo se encontró el fósil. Este fosilífero ha sido muy apreciado por la cantidad y buen estado de los restos hallados. El doctor Hurum apodaría al fósil, siguiendo una tradición, _Ida_, el nombre de su hija.

       El fósil, que antes fue de colección privada, fue negociado en 2006 por el referido Museo de Oslo por la cantidad de un millón de dólares. La operación de compra se hizo a través del conocido mercader de fósiles, Dr. Thomas Perner. ¿Caro o barato? Antes, conviene saber la opinión que de Ida había expresado el equipo científico de revisión previa (Hurum, Philip Gingerich, Jens Franzen y Jörg Habersetzer). Este justifico en artículo científico la adquisición del fósil por considerarlo *«un nexo evolutivo clave»*. Argumentando que no era un simple ancestro de los lémures modernos, sino que «el fósil mostraba características de transición que lo situaban en la base del grupo de los haplorrinos (línea que conduce a los monos, simios y humanos)»; *«un espécimen único, totalmente único»*. Un juicio que no lucia tan apartado del que diera su mayor propagandista, el doctor Hurum. Y que a uno le da la impresión de que fue, después de esto, cuando el marchante fijó el millón de dólares por el fósil del mono-lémur, de 47 millones de años. Un precio que, en su momento, se dijo que era 10 veces mayor que el mejor precio pagado por un fósil en el mercado negro.  Tras seis meses de negociaciones, Hurum colectó el dinero y se llevó a _Ida_ a Oslo.

       Los restos de _Ida_ correspondían al de un pequeño primate, de seis a nueve meses al momento de morir. Medía 58 cm. de largo (23 pulgadas). Era del tamaño de un mapache. *De grandes cuencas oculares, lo que dice que era un animal nocturno. Una hembra*. Piernas más largas que brazos: saltarina, pues. Ni adulto ni bebé, sino en su etapa juvenil. Sus dedos sin garras, con uñas; los pulgares opuestos y los dedos gordos de los pies, no dejaban duda acerca de su condición de primate. Además, vegetariana, por sus pequeños dientes, y por llevar en su estómago un último refrigerio de hojas y frutas.

       Tenía todos sus dientes de leche, pero en proceso de formar sus dientes permanentes. Pasaba por el destete y el alejamiento materno, lo que la hacía más vulnerable. Tenía una fractura en una muñeca, curada parcialmente, que, si le hubiese impedido subir a los árboles, pudo haberla obligado a ir a beber agua al lago Messel, donde fue adormecida por sus gases. (El Messel es un maar, un lago que llena un cráter volcánico). Las condiciones del lecho del lago favorecieron una fosilización preservada. En fin, _Ida_ se veía como un fósil estupendo, con mucha información, *cuyo estudio debía comenzar por situarla en el linaje de los primates*.

       A este propósito, abundaremos. *Ida vivió su corta vida en el Eoceno Medio*, la segunda época del Paleógeno de la Era Cenozoica, que antecede a la Mesozoica. El Eoceno es la época geológica que se inicia alrededor de 57 millones de años antes de nuestra era y termina unos 21 millones después. Se caracteriza, como buena parte del Paleógeno, por una intensa actividad orogénica que va a dar origen a algunas de las grandes cordilleras del mundo, tanto en América como Europa: los Andes, Montañas Rocosas, los Alpes, cadenas Ibéricas, Pirineos. Asimismo, por sus grandes cambios climáticos y extinciones masivas de especies. 

       *Destaca en el Eoceno, el surgimiento de una nueva fauna: las aves se hacen prevalentes, se forman los primeros cetáceos. Los mamíferos se hacen abundantes*, a partir de la evolución de las pequeñas especies. En fin, hay unos cuantos yacimientos paleontológicos en diversos partes del mundo, que confirman todos estos hechos. Entre los más importantes: la Formación Green River en EEUU –al norte de Utah, al oeste de Colorado y sureste de Wyoming– y el referido sitio fosilífero de Messel, en Alemania, como antes se dijo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995.  

       Según recientes estudios, los primeros primates se remontan al final del período Cretáceo, que es el tercero y último periodo de la Era Mesozoica ‒era de los dinosaurios‒, comprendida entre 145 y 66,4 millones de años atrás. Se trataba de pequeños mamíferos que empezaron a subir a los árboles, de seguro fascinados por los grandes frutos y el auge de las angiospermas –las plantas florales–. En Zoología, cualquier mamífero placentario del vasto grupo que incluye lémures, loris, tarseros, monos, simios y seres humanos pertenecen al orden de los Primates.

      Ya en el Eoceno –40 millones de años atrás– hubo dos subórdenes de primates: los strepsirrinos y haplorrinos. Los *strepsirrinos* o prosimios son un suborden de primates que se caracterizan por tener mayor desarrollo del olfato y narinas húmedas, y ser de hocico más prominente, si se comparan  con otros primates, generalmente pequeños y nocturnos. De ojos grandes. Tienen mayor desarrollo del olfato y narinas húmedas (los dos orificios nasales externos). Los otros, los *haplorrinos o antropoides* poseen más características de primates, rostro más acortado, nariz cubierta de piel seca, labio superior separado de las encías, ojos frontales y un cerebro de mayor desarrollo. *Conforman un suborden en el que se agrupan una amplia variedad de primates: monos, gibones, simios y humanos*. Un conjunto que, otrora, fue conocido como el de los Primates Superiores: monos, simios y seres humanos. 

       Se sabe también que hace 50 millones de años había dos tipos de criaturas similares a los monos deambulando sobre la Tierra. Unos, conocidos como la familia de los *Tarsiidae*, que son los tarsios o tarseros de hoy, los primates más pequeños, tan diminutos que caben en la palma de la mano, siendo tímidos y nocturnos, solitarios, carnívoros e insectívoros. Habitan en las islas del Sudeste Asiático (Filipinas, Malasia, Indonesia y Brunei). El otro tipo corresponde a la familia *Adapidae*, también llamados *adápidos o adapiformes* cuyos descendientes son los lémures, que son primates estrepsirrinos ‒de nariz húmeda‒, omnívoros, diurnos, de cola no prensil y de alta sociabilidad, que tienen carácter endémico en la isla de Madagascar. *Los Tarsiidae y los Adapidae son especies en su mayor parte extintas, de las que no quedan sino los descendientes antes mencionados: tarsios y lémures*.

       Bien, volvamos al fósil _Ida_. Este había sido supuestamente estudiado en secreto durante dos años por especialistas en evolución de primates. Con Hurm, como se dijo, estaban el doctor Philip Gingerich de la Universidad de Michigan, el Dr. Jens Franzen y el Dr. Jörg Habersetzer del Museo de Senckenberg de Historia Natural de Fráncfort del Meno, Alemania. Un equipo científico que, podría decirse, de alto nivel. El fósil del primitivo mono-lémur, Ida, fue anunciado como una «especie en transición» hacia los primates superiores (haplorrinos, la línea de simios y humanos); lo cual desató una intensa controversia científica y una polémica mediática. Ya para octubre de 2009, *el diario _Nature_ y el _Journal of Human Evolution_ refutaron la hipótesis homínida*. Un equipo de paleontólogos de Nueva York sostuvo abiertamente que _Ida_ —Darwinius masillae— no guardaba ninguna relación con los humanos. Y que, en cambio, «el fósil del millón de dólares» se parecía más a un pequeño lémur o tal vez a un loris, primates estos a los que no se podían atribuir, científicamente, tales direcciones evolutivas. Y ardió Troya…

       La controversia estalló luego de que el equipo del *Dr. Erik R. Seiffert*, profesor de Ciencias Anatómicas de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York –un estudioso de las relaciones filogenéticas y de la biogeografía de los mamíferos–, desenterró en el norte de Egipto, en noviembre de 2009, un nuevo fósil, _Afradapis longicristatua_. *Se trataba de un primate de 37 millones de años similar a los lémures, y un familiar cercano al Darwinius*, perteneciente a los adápidos, los primates que aparecieron en el primer período del Eoceno (hace 55 millones de años), comunes a Europa, Asia y América, y que aparecen relacionados a lémures, loris y a los diminutos gálagos actuales –Bush babies–, que son todos pequeños primates strepsirrinos, nocturnos, del bosque africano. Primates, a los que, en otro tiempo, como se dijo, se llamó _Primates Inferiores_, por estar lejos de la línea evolutiva de los humanos.

      Así las cosas, lo que una vez fue una presentación ostentosa, cargada de proféticos anuncios que preludiaban el inmediato estrellato de investigadores y de instituciones, como el Museo de Historia Natural de Oslo, de cuyos fondos salió el millón de dólares, y del grupo de científicos que, haciendo uso de recursos mediáticos, había llamado la atención del gran público, terminó por ser una fiesta deslucida, en la que el fósil _Ida_, tenido como un «eslabón perdido», una supuesta «especie en transición» hacia lo humano, terminó por ser considerado *apenas importante para el estudio de los extinguidos pequeños primates del Eoceno, y no más allá*. Así que esta es la historia de un _show business_ convertido en una decepcionante agua de borrajas. El Dr. Hurum, seriamente criticado por orquestar una campaña publicitaria digna de Hollywood, nunca se disculpó. *Más bien llegó a declarar que «cualquier banda de pop hace lo mismo». Lo que fue peor: quedó muy mal parado en medios científicos*.

*Historiador.