En Nueva York, el 19 de mayo de
2009, en el Museo Americano de Historia Natural, y en un acto que presidiera el
alcalde –empresario y político– Michael Bloomberg (1942), tuvo lugar la
presentación del único fósil de un primate primitivo, de 47 millones de años.
¡Casi un escándalo! Este había sido hallado en el sitio fosilífero de Messel en
1983, a unos 9 km de la ciudad de Darmstadt, en el federado estado de Hesse,
Alemania. El fósil presentaba un estado de conservación excepcional, con
contornos de tejidos blandos y pelaje, y un 95% de sus huesos fosilizados; por
lo que también era el más completo jamás hallado. Solo le faltaba la pata
izquierda trasera. Recordemos que, del célebre _Australopithecus afarensis_,
apodado Lucy, de 3,2 millones de años de antigüedad, se obtuvo apenas el 40% de
su esqueleto.
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El equipo científico que hizo el primer estudio y presentación del fósil fue representado por el paleontólogo Jørn Hurum (1967), profesor del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo, Noruega. Hurum era conocido, igualmente, como divulgador científico de perfil medio-alto. Del fósil dijo, entre otras: «Lo más cercano que tenemos a un ancestro directo»; «La octava maravilla del mundo». Y con inusual sensacionalismo, afirmó que su impacto en la paleontología sería equivalente al de «un asteroide caído en la Tierra». Expresiones que generaron críticas por su carácter estrambótico. El nombre científico del fósil es _Darwinius masillae_, conforme a la notación del sabio Linneo. El género ‘Darwinius’, por el bicentenario de Darwin (1809–2009), y la especie ‘masillae’ recuerda al Hoyo de Messel. La palabra «masilla» era el nombre que, en el siglo IX, daban en el monasterio local al pozo de Messel, en cuyo fondo se encontró el fósil. Este fosilífero ha sido muy apreciado por la cantidad y buen estado de los restos hallados. El doctor Hurum apodaría al fósil, siguiendo una tradición, _Ida_, el nombre de su hija.
El fósil, que antes fue de
colección privada, fue negociado en 2006 por el referido Museo de Oslo por la
cantidad de un millón de dólares. La operación de compra se hizo a través del
conocido mercader de fósiles, Dr. Thomas Perner. ¿Caro o barato? Antes,
conviene saber la opinión que de Ida había expresado el equipo científico de
revisión previa (Hurum, Philip Gingerich, Jens Franzen y Jörg Habersetzer).
Este justifico en artículo científico la adquisición del fósil por considerarlo
*«un nexo evolutivo clave»*. Argumentando que no era un simple ancestro de los
lémures modernos, sino que «el fósil mostraba características de transición que
lo situaban en la base del grupo de los haplorrinos (línea que conduce a los
monos, simios y humanos)»; *«un espécimen único, totalmente único»*. Un juicio
que no lucia tan apartado del que diera su mayor propagandista, el doctor
Hurum. Y que a uno le da la impresión de que fue, después de esto, cuando el
marchante fijó el millón de dólares por el fósil del mono-lémur, de 47 millones
de años. Un precio que, en su momento, se dijo que era 10 veces mayor que el
mejor precio pagado por un fósil en el mercado negro. Tras seis meses de
negociaciones, Hurum colectó el dinero y se llevó a _Ida_ a Oslo.
Los restos de _Ida_ correspondían
al de un pequeño primate, de seis a nueve meses al momento de morir. Medía 58
cm. de largo (23 pulgadas). Era del tamaño de un mapache. *De grandes cuencas
oculares, lo que dice que era un animal nocturno. Una hembra*. Piernas más
largas que brazos: saltarina, pues. Ni adulto ni bebé, sino en su etapa
juvenil. Sus dedos sin garras, con uñas; los pulgares opuestos y los dedos
gordos de los pies, no dejaban duda acerca de su condición de primate. Además,
vegetariana, por sus pequeños dientes, y por llevar en su estómago un último
refrigerio de hojas y frutas.
Tenía todos sus dientes de leche,
pero en proceso de formar sus dientes permanentes. Pasaba por el destete y el
alejamiento materno, lo que la hacía más vulnerable. Tenía una fractura en una
muñeca, curada parcialmente, que, si le hubiese impedido subir a los árboles,
pudo haberla obligado a ir a beber agua al lago Messel, donde fue adormecida
por sus gases. (El Messel es un maar, un lago que llena un cráter volcánico).
Las condiciones del lecho del lago favorecieron una fosilización preservada. En
fin, _Ida_ se veía como un fósil estupendo, con mucha información, *cuyo
estudio debía comenzar por situarla en el linaje de los primates*.
A este propósito, abundaremos.
*Ida vivió su corta vida en el Eoceno Medio*, la segunda época del Paleógeno de
la Era Cenozoica, que antecede a la Mesozoica. El Eoceno es la época geológica
que se inicia alrededor de 57 millones de años antes de nuestra era y termina
unos 21 millones después. Se caracteriza, como buena parte del Paleógeno, por
una intensa actividad orogénica que va a dar origen a algunas de las grandes
cordilleras del mundo, tanto en América como Europa: los Andes, Montañas
Rocosas, los Alpes, cadenas Ibéricas, Pirineos. Asimismo, por sus grandes
cambios climáticos y extinciones masivas de especies.
*Destaca en el Eoceno, el
surgimiento de una nueva fauna: las aves se hacen prevalentes, se forman los
primeros cetáceos. Los mamíferos se hacen abundantes*, a partir de la evolución
de las pequeñas especies. En fin, hay unos cuantos yacimientos paleontológicos
en diversos partes del mundo, que confirman todos estos hechos. Entre los más
importantes: la Formación Green River en EEUU –al norte de Utah, al oeste de
Colorado y sureste de Wyoming– y el referido sitio fosilífero de Messel, en
Alemania, como antes se dijo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la
Unesco en 1995.
Según recientes estudios, los
primeros primates se remontan al final del período Cretáceo, que es el tercero
y último periodo de la Era Mesozoica ‒era de los dinosaurios‒, comprendida entre 145 y 66,4
millones de años atrás. Se trataba de pequeños mamíferos que empezaron a subir a los árboles, de seguro fascinados por los
grandes frutos y el auge de las angiospermas –las plantas florales–. En Zoología, cualquier mamífero placentario del vasto grupo que
incluye lémures, loris, tarseros, monos, simios
y seres humanos pertenecen al orden de los Primates.
Ya en el Eoceno –40 millones de años
atrás– hubo dos subórdenes de primates: los strepsirrinos y haplorrinos. Los
*strepsirrinos* o prosimios son un suborden de primates que se caracterizan por
tener mayor desarrollo del olfato y narinas húmedas, y ser de hocico más
prominente, si se comparan con otros primates, generalmente pequeños y
nocturnos. De ojos grandes. Tienen mayor desarrollo del olfato y narinas
húmedas (los dos orificios nasales externos). Los otros, los *haplorrinos o
antropoides* poseen más características de primates, rostro más acortado, nariz
cubierta de piel seca, labio superior separado de las encías, ojos frontales y
un cerebro de mayor desarrollo. *Conforman un suborden en el que se agrupan una
amplia variedad de primates: monos, gibones, simios y humanos*. Un conjunto
que, otrora, fue conocido como el de los Primates Superiores: monos, simios y
seres humanos.
Se sabe también que hace 50
millones de años había dos tipos de criaturas similares a los monos deambulando
sobre la Tierra. Unos, conocidos como la familia de los *Tarsiidae*, que son
los tarsios o tarseros de hoy, los primates más pequeños, tan diminutos que
caben en la palma de la mano, siendo tímidos y nocturnos, solitarios,
carnívoros e insectívoros. Habitan en las islas del Sudeste Asiático
(Filipinas, Malasia, Indonesia y Brunei). El otro tipo corresponde a la familia
*Adapidae*, también llamados *adápidos o adapiformes* cuyos descendientes son
los lémures, que son primates estrepsirrinos ‒de nariz húmeda‒, omnívoros, diurnos, de cola no prensil y de alta sociabilidad, que tienen carácter endémico en la isla de Madagascar. *Los
Tarsiidae y los Adapidae son especies en su mayor parte extintas, de las que no
quedan sino los descendientes antes mencionados: tarsios y lémures*.
Bien, volvamos al fósil _Ida_.
Este había sido supuestamente estudiado en secreto durante dos años por
especialistas en evolución de primates. Con Hurm, como se dijo, estaban el
doctor Philip Gingerich de la Universidad de Michigan, el Dr. Jens Franzen y el
Dr. Jörg Habersetzer del Museo de Senckenberg de Historia Natural de Fráncfort
del Meno, Alemania. Un equipo científico que, podría decirse, de alto nivel. El
fósil del primitivo mono-lémur, Ida, fue anunciado como una «especie en
transición» hacia los primates superiores (haplorrinos, la línea de simios y
humanos); lo cual desató una intensa controversia científica y una polémica
mediática. Ya para octubre de 2009, *el diario _Nature_ y el _Journal of Human
Evolution_ refutaron la hipótesis homínida*. Un equipo de paleontólogos de
Nueva York sostuvo abiertamente que _Ida_ —Darwinius masillae— no guardaba
ninguna relación con los humanos. Y que, en cambio, «el fósil del millón de
dólares» se parecía más a un pequeño lémur o tal vez a un loris, primates estos
a los que no se podían atribuir, científicamente, tales direcciones evolutivas.
Y ardió Troya…
La controversia estalló luego de
que el equipo del *Dr. Erik R. Seiffert*, profesor de Ciencias Anatómicas de la
Universidad de Stony Brook, en Nueva York –un estudioso de las relaciones
filogenéticas y de la biogeografía de los mamíferos–, desenterró en el norte de
Egipto, en noviembre de 2009, un nuevo fósil, _Afradapis longicristatua_. *Se
trataba de un primate de 37 millones de años similar a los lémures, y un
familiar cercano al Darwinius*, perteneciente a los adápidos, los primates que
aparecieron en el primer período del Eoceno (hace 55 millones de años), comunes
a Europa, Asia y América, y que aparecen relacionados a lémures, loris y a los
diminutos gálagos actuales –Bush babies–, que son todos pequeños primates
strepsirrinos, nocturnos, del bosque africano. Primates, a los que, en otro
tiempo, como se dijo, se llamó _Primates Inferiores_, por estar lejos de la
línea evolutiva de los humanos.
Así las cosas, lo que una vez fue una
presentación ostentosa, cargada de proféticos anuncios que preludiaban el
inmediato estrellato de investigadores y de instituciones, como el Museo de
Historia Natural de Oslo, de cuyos fondos salió el millón de dólares, y del
grupo de científicos que, haciendo uso de recursos mediáticos, había llamado la
atención del gran público, terminó por ser una fiesta deslucida, en la que el
fósil _Ida_, tenido como un «eslabón perdido», una supuesta «especie en
transición» hacia lo humano, terminó por ser considerado *apenas importante
para el estudio de los extinguidos pequeños primates del Eoceno, y no más
allá*. Así que esta es la historia de un _show business_ convertido en una
decepcionante agua de borrajas. El Dr. Hurum, seriamente criticado por
orquestar una campaña publicitaria digna de Hollywood, nunca se disculpó. *Más
bien llegó a declarar que «cualquier banda de pop hace lo mismo». Lo que fue
peor: quedó muy mal parado en medios científicos*.
*Historiador.
