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07 octubre, 2026

MARÍA EUGENIA SIGUE POR AHÍ

       Por Marisol Sanabria S.*

Hace unas horas me enteré del fallecimiento de la doctora María Eugenia Ochoa, me impactó; hacía poco que la había visto, estaba muy activa y optimista, como siempre.

Médico de profesión, Maru, como le decíamos sus amigos, era una persona muy especial para quien la medicina era una herramienta para servir al prójimo.

Acudía en auxilio de todos los que se lo requerían; pese a que casi nunca cobraba, atendía a sus pacientes con sabiduría, dedicación y cariño. Un caso poco común en estos tiempos.

Católica practicante, se destacó especialmente por su activismo en la parroquia eclesiástica Santa Martha de Naguanagua, donde su desaparición física ha provocado un luto colectivo.

Pero María Eugenia no solo cuidaba y curaba a seres humanos, resulta que también dirigía una fundación dedicada a proteger más de medio centenar de gatos y perros callejeros en el municipio donde vivía (Naguanagua).

Me han contado algunos de sus amigos que a sus animales los defendía vigorosamente, “con uñas y dientes”, sobre todo, cuando algún vecino desalmado pretendía agredirlos.

La partida de María Eugenia Ochoa deja un enorme vacío en todos los que la conocimos, en especial, en su familia. A ellos, a su mamá, a su esposo y a sus hijas; a sus primas hermanas – más hermanas que primas – y a todos los demás integrantes de ese grupo familiar, trasmitimos nuestro sentido pésame. Sabemos que el dolor es muy grande, pero también sabemos que la partida física de un ser humano inmenso como Maru, no va a significar que se haya ido, ella siempre estará por ahí, regando con su ejemplo y su recuerdo las mejores iniciativas. Eso es seguro.

*Profesora titular (J) de la Universidad de Carabobo.