La veterinaria ugandesa lleva más de tres décadas
trabajando para proteger a los gorilas de montaña y demostrar que la salud de
estos animales está en peligro.
La doctora Gladys Kalema-Zikusoka fue la primera
veterinaria de vida silvestre de la Autoridad de Vida Silvestre de Uganda.
Los gorilas de montaña son uno de los grandes símbolos de la
conservación de la fauna africana. En los bosques de
Uganda, donde estos primates comparten territorio con las poblaciones
humanas, protegerlos exige mucho más que patrullar el bosque: también
implica prevenir enfermedades, mejorar las condiciones de vida de las
comunidades locales y encontrar formas de convivencia que beneficien a ambas
partes.
Para conocer mejor a estos animales, desde sus curiosas
formas de comunicarse hasta los desafíos que amenazan su supervivencia, National
Geographic ha hablado con Gladys Kalema-Zikusoka, veterinaria
ugandesa y fundadora de Conservation Through Public Health. A lo
largo de más de 30 años de trabajo, ha contribuido a impulsar un modelo de
conservación que sitúa la salud humana y la de los gorilas en el centro de una
misma estrategia.
Pregunta. Fuiste la primera veterinaria de gorilas de Uganda.
¿Cómo llegaste hasta allí y por qué entendiste que proteger a estos animales
también exigía cuidar de las personas?
Respuesta. Mi camino fue increíble. Empecé estudiando Veterinaria y,
cuando comprendí lo pequeño que era el hábitat de los gorilas y lo fácilmente
que podíamos transmitirles enfermedades, convencí a las autoridades para que me
contrataran como veterinaria. La Autoridad de Vida Silvestre de Uganda me dio
esa oportunidad, pero al principio tuve que explicar por qué era importante
intervenir cuando un animal enfermaba o cuando su salud podía suponer un riesgo
para las personas. No podíamos limitarnos a pensar que la naturaleza debía
seguir su curso mediante la selección natural.
Uno de los primeros problemas que observé fue que las
comunidades locales podían transmitir enfermedades a los gorilas. Comprendí
que, si queríamos mantener sanos a estos primates, también debíamos mejorar la
salud de las personas que vivían a su alrededor. Por eso fundamos Conservation
Through Public Health, una organización que trabaja para mejorar la salud de
las comunidades y la de los gorilas de forma conjunta.
P.¿Cómo se comunican los gorilas y qué suele malinterpretar la gente sobre su comportamiento?
R.
Los gorilas se comunican mediante una gran variedad de sonidos. Cuando te
acercas por primera vez a una comunidad, puedes gruñir suavemente para que los
animales te reconozcan como una presencia familiar y se tranquilicen. Es una
forma de transmitirles que no representas una amenaza. También emiten sonidos
parecidos a tarareos cuando encuentran algo interesante, como hormigas, y
utilizan diferentes vocalizaciones para expresar sus estados de ánimo. Cuando
están enfadados, por ejemplo, pueden golpearse el pecho.
Mucha gente cree que los gorilas son animales muy agresivos y
que atacan constantemente a los humanos, pero no es así: los ataques son muy
poco frecuentes. También tienen comportamientos que pueden sorprendernos, como
el duelo. Cuando muere una cría, su madre puede seguir sosteniendo el cuerpo
durante días o incluso semanas; cuando fallece un ejemplar adulto, otros
gorilas pueden permanecer cerca durante un tiempo. No celebran funerales como
nosotros, pero sí muestran comportamientos compatibles con el duelo y la
pérdida.
P. ¿Qué comen los gorilas y qué curiosidades de su
comportamiento suelen sorprenderte más?
R.
Les gustan muchos alimentos y sus preferencias pueden cambiar. Los hemos
observado comiendo hormigas, frutas, hojas, brotes, tallos y lianas. También
comen los tallos de las plataneras, que contienen azúcares, y pueden
mordisquear la corteza de los eucaliptos, que les aporta sales minerales. En
una ocasión, vimos a unos gorilas comer sus propias heces después de haber
ingerido fruta, un comportamiento que puede permitirles aprovechar nutrientes
que no han absorbido por completo durante la primera digestión.
Otra curiosidad es que parecen hacerse una manicura natural.
Cuando buscan hormigas o se llevan alimentos a la boca, el desgaste producido
por esas actividades contribuye a mantener sus uñas cortas. Además, aunque los
gorilas se reconocen perfectamente entre ellos, nosotros solemos identificarlos
por sus rasgos físicos y, en algunos casos, por sus huellas nasales, que son
únicas para cada individuo.
P. Si un gorila y un hipopótamo se enfrentaran, ¿quién
ganaría? Y, más allá de esta comparación, ¿qué futuro les espera a los gorilas
en libertad?
R.
Un hipopótamo es más grande que un gorila, así que, si se enfrentaran en el
agua, podría ganar el hipopótamo. Pero en tierra el gorila es muy inteligente.
En cuanto a su futuro, soy optimista. Durante los últimos 30 años, la población
de gorilas de montaña casi se ha duplicado gracias al trabajo de conservación.
Ha sido posible por la colaboración entre veterinarios, las comunidades
locales, las autoridades y los equipos que protegen los parques. También ha
contribuido que parte de los ingresos del turismo llegue a las comunidades
cercanas, junto con la mejora de las patrullas, la aplicación de la ley y la
investigación.
No creo que los gorilas estén destinados a vivir en
zoológicos. Su futuro está en libertad, siempre que sigamos protegiendo sus
hábitats y trabajando con las personas que viven cerca de ellos. La
conservación debe beneficiar tanto a los animales como a las comunidades.
P. ¿Qué puede hacer una persona corriente para contribuir a
la conservación de los gorilas y qué consejo darías a quienes quieren dedicarse
a proteger la fauna salvaje?
R.
Hay muchas maneras de ayudar. Podemos dar visibilidad a la conservación a
través de las redes sociales, organizar charlas con expertos, visitar Uganda
para observar gorilas de forma responsable, colaborar como voluntarios o
participar en investigaciones. También es posible hacer donaciones y apoyar
proyectos que mejoren la salud y las condiciones de vida de las comunidades
locales, para que las personas no tengan que adentrarse en el hábitat de los
gorilas para conseguir recursos. Nuestra organización también vende café para
recaudar fondos.
A quienes quieran trabajar como veterinarios de fauna salvaje
les diría que mantengan la mente abierta y aprendan a colaborar con otras
organizaciones. No basta con saber tratar a un animal: hay que comprender las
dificultades de trabajar con especies salvajes, coordinarse con el personal de
los parques, que conoce a los gorilas y puede detectar cambios en su
comportamiento, y colaborar con los gobiernos para mejorar las leyes. También
es fundamental conseguir financiación y sumar a más personas al esfuerzo de
conservación. Proteger a los animales requiere trabajar con todos los que
comparten su entorno.
Tomado de National Geographic
