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26 octubre, 2026

Gladys Kalema-Zikusoka, experta en gorilas: “No creo que estén destinados a vivir en zoológicos”

 

La veterinaria ugandesa lleva más de tres décadas trabajando para proteger a los gorilas de montaña y demostrar que la salud de estos animales está en peligro.

La doctora Gladys Kalema-Zikusoka fue la primera veterinaria de vida silvestre de la Autoridad de Vida Silvestre de Uganda.

Los gorilas de montaña son uno de los grandes símbolos de la conservación de la fauna africana. En los bosques de Uganda, donde estos primates comparten territorio con las poblaciones humanas, protegerlos exige mucho más que patrullar el bosque: también implica prevenir enfermedades, mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales y encontrar formas de convivencia que beneficien a ambas partes.

Para conocer mejor a estos animales, desde sus curiosas formas de comunicarse hasta los desafíos que amenazan su supervivencia, National Geographic ha hablado con Gladys Kalema-Zikusoka, veterinaria ugandesa y fundadora de Conservation Through Public Health. A lo largo de más de 30 años de trabajo, ha contribuido a impulsar un modelo de conservación que sitúa la salud humana y la de los gorilas en el centro de una misma estrategia.

Pregunta. Fuiste la primera veterinaria de gorilas de Uganda. ¿Cómo llegaste hasta allí y por qué entendiste que proteger a estos animales también exigía cuidar de las personas?

Respuesta. Mi camino fue increíble. Empecé estudiando Veterinaria y, cuando comprendí lo pequeño que era el hábitat de los gorilas y lo fácilmente que podíamos transmitirles enfermedades, convencí a las autoridades para que me contrataran como veterinaria. La Autoridad de Vida Silvestre de Uganda me dio esa oportunidad, pero al principio tuve que explicar por qué era importante intervenir cuando un animal enfermaba o cuando su salud podía suponer un riesgo para las personas. No podíamos limitarnos a pensar que la naturaleza debía seguir su curso mediante la selección natural.

Uno de los primeros problemas que observé fue que las comunidades locales podían transmitir enfermedades a los gorilas. Comprendí que, si queríamos mantener sanos a estos primates, también debíamos mejorar la salud de las personas que vivían a su alrededor. Por eso fundamos Conservation Through Public Health, una organización que trabaja para mejorar la salud de las comunidades y la de los gorilas de forma conjunta.

P.¿Cómo se comunican los gorilas y qué suele malinterpretar la gente sobre su comportamiento?

R. Los gorilas se comunican mediante una gran variedad de sonidos. Cuando te acercas por primera vez a una comunidad, puedes gruñir suavemente para que los animales te reconozcan como una presencia familiar y se tranquilicen. Es una forma de transmitirles que no representas una amenaza. También emiten sonidos parecidos a tarareos cuando encuentran algo interesante, como hormigas, y utilizan diferentes vocalizaciones para expresar sus estados de ánimo. Cuando están enfadados, por ejemplo, pueden golpearse el pecho.

Mucha gente cree que los gorilas son animales muy agresivos y que atacan constantemente a los humanos, pero no es así: los ataques son muy poco frecuentes. También tienen comportamientos que pueden sorprendernos, como el duelo. Cuando muere una cría, su madre puede seguir sosteniendo el cuerpo durante días o incluso semanas; cuando fallece un ejemplar adulto, otros gorilas pueden permanecer cerca durante un tiempo. No celebran funerales como nosotros, pero sí muestran comportamientos compatibles con el duelo y la pérdida.

P. ¿Qué comen los gorilas y qué curiosidades de su comportamiento suelen sorprenderte más?

R. Les gustan muchos alimentos y sus preferencias pueden cambiar. Los hemos observado comiendo hormigas, frutas, hojas, brotes, tallos y lianas. También comen los tallos de las plataneras, que contienen azúcares, y pueden mordisquear la corteza de los eucaliptos, que les aporta sales minerales. En una ocasión, vimos a unos gorilas comer sus propias heces después de haber ingerido fruta, un comportamiento que puede permitirles aprovechar nutrientes que no han absorbido por completo durante la primera digestión.

Otra curiosidad es que parecen hacerse una manicura natural. Cuando buscan hormigas o se llevan alimentos a la boca, el desgaste producido por esas actividades contribuye a mantener sus uñas cortas. Además, aunque los gorilas se reconocen perfectamente entre ellos, nosotros solemos identificarlos por sus rasgos físicos y, en algunos casos, por sus huellas nasales, que son únicas para cada individuo.

P. Si un gorila y un hipopótamo se enfrentaran, ¿quién ganaría? Y, más allá de esta comparación, ¿qué futuro les espera a los gorilas en libertad?

R. Un hipopótamo es más grande que un gorila, así que, si se enfrentaran en el agua, podría ganar el hipopótamo. Pero en tierra el gorila es muy inteligente. En cuanto a su futuro, soy optimista. Durante los últimos 30 años, la población de gorilas de montaña casi se ha duplicado gracias al trabajo de conservación. Ha sido posible por la colaboración entre veterinarios, las comunidades locales, las autoridades y los equipos que protegen los parques. También ha contribuido que parte de los ingresos del turismo llegue a las comunidades cercanas, junto con la mejora de las patrullas, la aplicación de la ley y la investigación.

No creo que los gorilas estén destinados a vivir en zoológicos. Su futuro está en libertad, siempre que sigamos protegiendo sus hábitats y trabajando con las personas que viven cerca de ellos. La conservación debe beneficiar tanto a los animales como a las comunidades.

P. ¿Qué puede hacer una persona corriente para contribuir a la conservación de los gorilas y qué consejo darías a quienes quieren dedicarse a proteger la fauna salvaje?

R. Hay muchas maneras de ayudar. Podemos dar visibilidad a la conservación a través de las redes sociales, organizar charlas con expertos, visitar Uganda para observar gorilas de forma responsable, colaborar como voluntarios o participar en investigaciones. También es posible hacer donaciones y apoyar proyectos que mejoren la salud y las condiciones de vida de las comunidades locales, para que las personas no tengan que adentrarse en el hábitat de los gorilas para conseguir recursos. Nuestra organización también vende café para recaudar fondos.

A quienes quieran trabajar como veterinarios de fauna salvaje les diría que mantengan la mente abierta y aprendan a colaborar con otras organizaciones. No basta con saber tratar a un animal: hay que comprender las dificultades de trabajar con especies salvajes, coordinarse con el personal de los parques, que conoce a los gorilas y puede detectar cambios en su comportamiento, y colaborar con los gobiernos para mejorar las leyes. También es fundamental conseguir financiación y sumar a más personas al esfuerzo de conservación. Proteger a los animales requiere trabajar con todos los que comparten su entorno.

Tomado de National Geographic