Por Oscar J.
Jiménez* / Opinión
El panorama político venezolano se resume en una amarga
realidad: dos cúpulas que compiten por el poder, pero que se diluyeron en sus
intereses particulares, olvidando por completo al pueblo que las eligió.
Por un lado, nos
encontramos con un gobierno que capitalizó legítimamente el descontento y el
agotamiento social frente a los errores del pasado. Sin embargo, a lo largo de
27 años de gestión, esa esperanza se transformó en uno de los periodos más
corruptos de nuestra historia. La economía nacional sufrió un colapso sin
precedentes. Este desastre financiero es el resultado directo de una
destructiva combinación: sanciones internacionales, bloqueos económicos, corrupción
sistémica y una severa mala administración de los activos y recursos del país.
Hoy, en un giro contradictorio, este mismo gobierno se muestra aliado y cercano
a los mismos actores internacionales que antes lo sancionaban y bloqueaban,
mientras los ciudadanos de a pie continúan atrapados en una crisis que empeora
cada día.
Por el otro lado, se ubica la figura que para muchos representaba la esperanza de cambio, la llamada "mujer de hierro". Lejos de ofrecer una alternativa real de salvación, esta facción de la oposición demostró defender intereses ajenos al bienestar nacional. Al promover y solicitar de forma activa sanciones, bloqueos e intervenciones, terminaron asfixiando económicamente al mismo pueblo que en su momento les brindó su respaldo. Esta postura revela que no actúan como una verdadera oposición al gobierno de turno, sino como una fuerza que atenta contra el propio país que juraron defender, convirtiéndose en corresponsables directos del deterioro nacional.
Lo más alarmante es el escenario actual. Los mismos
personajes que participaron activamente en la destrucción del tejido social y
económico del país, hoy regresan al debate público presentándose ante los
ciudadanos como los supuestos arquitectos de una nueva Venezuela. A pesar del
daño evidente causado por ambos extremos, la polarización persiste y aún quedan
sectores de la población que continúan respaldando a estos liderazgos que
priorizan su agenda política sobre las necesidades humanas de los venezolanos.
La
*Dirigente de Alternativa 1 en Valencia.
