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13 septiembre, 2026

La ultraderecha quedó a un paso del poder en Alemania

Por Valeria Vegh Weis / Opinión

El 6 de septiembre el estado alemán de Sajonia-Anhalt vivió una jornada electoral sin precedentes. Alternativa para Alemania (AfD), un partido de extrema derecha con una plataforma política xenófoba y étnico-nacionalista, se impuso con el 43,8% de los votos, duplicando su resultado de 2021. Se trata de la mejor performance electoral de un partido de extrema derecha desde el fin del nazismo, 80 años atrás.

AfD ha sido investigado y catalogado por la Oficina para la Protección de la Constitución como un partido extremista por sus posiciones políticas que vulneran las bases constitucionales proclamadas al fin de la Segunda Guerra Mundial. En Sajonia-Anhalt la boleta estuvo liderada por Ulrich Siegmund, un comerciante de perfumes devenido en líder carismático y estrella de TikTok, con contactos comprobados con Martin Sellner, un ultranacionalista austriaco que promueve la “reinmigración”: la expulsión de inmigrantes no asimilados.

En Alemania, tanto el gobierno federal como los gobiernos locales en cada uno de los estados son parlamentarios y se forman en base a alianzas entre distintos partidos ya que es muy difícil que un solo partido logre la mayoría absoluta. Ese era el escenario soñado por AfD en Sajonia-Anhalt, pero los votos no alcanzaron. Sin perjuicio de la excelente elección, aún precisa de una alianza para lograr la mayoría y hacer gobierno. Hasta ahora, a lo largo y ancho del país, primó la Brandmauer, traducido como “cordón sanitario” o “cortafuegos”: el compromiso indefectible de los distintos partidos de no armar alianza con la AfD. Pero en Sajonia-Anhalt el fuego puede avanzar a través de una alianza igualmente inédita. Un partido nacionalista de izquierda liderado por Sahra Wagenknecht, el BSW, que consiguió 5% de los votos, abrió la posibilidad de cortar el cordón sanitario y hacer alianza con la AfD.

Por eso todas las miradas están hoy sobre este pequeño estado que reúne solo dos millones de los 80 que habitan en el país: ¿cuánto tiempo más resistirá el cortafuegos? AfD se consolida como la primera fuerza en buena parte del este del país, alcanza los dos dígitos a lo largo de Alemania e incluso se posiciona como tercera fuerza en las próximas elecciones de la cosmopolita y progresista Berlín. Dentro del partido conservador de derecha que gobierna a nivel federal, la CDU, hay sectores que han comenzado a cuestionar la estrategia de exclusión de AfD. Lo que ocurra en las próximas semanas en Sajonia-Anhalt será observado como un test decisivo para el resto de Alemania y son tres los escenarios posibles: un nuevo llamado a elecciones ante la imposibilidad de formar un gobierno de mayoría absoluta, un gobierno de minoría liderado por AfD y tolerado informalmente por las distintas bancadas, o una ruptura del cordón sanitario a través de una alianza, en este caso con el BSW.

¿Cuál es el programa de AfD si se da alguno de los dos escenarios que lo llevarían al poder? Su agenda tiene cuatro elementos principales. El primero es la política migratoria ligada a la llamada “reinmigración”, incluyendo limitaciones estrictas al ingreso de migrantes, la expulsión de refugiados que viven de la asistencia social y el encarcelamiento de aquellos que permanecen en el país de forma ilegal. Uno de los líderes nacionales de la AfD, Björn Höcke (foto), ha llegado a sostener públicamente que “sobran” 20 millones de personas en Alemania. Un segundo elemento es la reforma educativa orientada a reemplazar lo que llaman la “cultura de la culpa” por los crímenes del Holocausto con el “orgullo nacional” por los grandes logros de Alemania que, según la AfD, se encuentran minimizados. Para ello proponen reducir el tiempo de estudio dedicado al Holocausto, así como las visitas de los estudiantes a los campos de exterminio y a memoriales. El partido define este programa con el slogan “menos Hitler, más Bismarck” – quien promovió la unificación de Alemania en 1871, convirtiéndose en el primer canciller del país. Höcke ha cuestionado en el pasado la existencia misma del Memorial a los Judíos Europeos asesinados en el Holocausto, aduciendo que es un escándalo haber colocado un memorial que remite a la culpa en el corazón de Berlín. El programa de AfD también incluye la promesa de reimpulsar la economía y, para ello, pone como factor clave un reacercamiento con Rusia. El paquete programático se completa con la defensa de la “familia tradicional” y el rechazo absoluto a la agenda de género y los derechos LGBT.

La pregunta indefectible es por qué triunfó la ultraderecha, con un programa político xenófobo, homofóbico y excluyente, en un país que protagonizó el Holocausto y la muerte industrial de 11 millones de judíos, Sinti y Roma, personas con problemas físicos y de salud mental, comunistas y socialistas, entre muchos otros, y que, hasta ahora, se había presentado ante el mundo como un modelo de democratización. Las razones son complejas e incluyen un proceso de elaboración de la masacre del Holocausto que, visto de cerca, presenta muchas fisuras, inclusive de narrativas en las que los alemanes se consideran parte de las víctimas y reducen la responsabilidad del genocidio a Hitler y algunos pocos líderes que lo acompañaron en el poder. Más cerca del presente, explicaciones complementarias pueden encontrarse en la realidad local de Sajonia-Anhalt así como en la situación política compleja a nivel federal, en una elección en la que parte del electorado buscó llevar un mensaje directo al gobierno central en Berlín.

Las causas locales nos llevan directo a la Alemania dividida entre Este y Oeste desde 1945 y por casi medio siglo. En el este alemán, donde se ubica Sajonia-Anhalt, persiste una narrativa extendida de abandono y exclusión, de ser “ciudadanos de segunda”. La reunificación de 1990 es muchas veces descripta por sus propios habitantes como una verdadera “anexión” del antiguo territorio comunista más que como una unificación entre iguales. Un sector que ilustra esta “anexión” son las universidades, que se poblaron de profesores del Oeste, desplazando a los académicos locales. Como es habitual, nada mejor que buscar chivos expiatorios aún más abajo en la escala social: Sajonia-Anhalt tiene una de las tasas de población migrante más bajas de Alemania, pero, aun así, la migración “irrestricta” aparece como la gran culpable del deterioro socioeconómico local. A eso se suma el desgaste de 24 años de gobiernos liderados por los conservadores de la CDU sin transformaciones estructurales visibles. En ese contexto, el liderazgo carismático de Siegmund, joven, atractivo, seductor (y que propone poner fin a la inmigración), funcionó como catalizador y promesa de cambio.

A nivel nacional, donde también gobierna la CDU, el panorama no es mucho más alentador. Este partido siempre atrajo por su capacidad de asegurar una economía estable, pero este compromiso se desvanece ante tres años de estancamiento económico y recesión en sectores clave como la industria automovilística. AfD promete reencauzar la economía, aun cuando su política inmigratoria de exclusión es señalada – incluso por las grandes corporaciones- como un riesgo para el crecimiento de un país que necesita urgentemente de mano de obra. Se suman el rechazo al financiamiento militar de la guerra en Ucrania que se percibe como una guerra que no los concierne y que drenó las reservas fiscales, y el temor a políticas de recorte a nivel federal que apuntan a políticas sociales, como el adelanto de la edad jubilatoria, aumento de la jornada laboral y endurecimiento de las condiciones para acceder a licencias médicas. Se suma a ello que AfD promete modernización, renovación y volver a “sentir orgullo de ser alemán”, lo que cala profundo en un electorado que abraza un discurso nostálgico sobre un país que funcionaba y dejó de funcionar – algo que muchos ven reflejado en cuestiones muy concretas como la puntualidad de los trenes, de la que se jactaron históricamente y que hoy muestra estadísticas de que uno de cada tres no llega a horario.

Manifestaciones en rechazo del triunfo electoral de AfD en Sajonia-Anhalt tuvieron lugar en distintos estados - unas 3.500 solo en Berlín-, aunque en el día a día las conversaciones son políticamente mucho menos cargadas que en nuestro país, y una vuelta a los momentos más oscuros de la historia alemana dista de ocupar la centralidad que la urgencia requiere. Con estas coordenadas, Sajonia-Anhalt se convierte en un laboratorio político que buena parte de Europa y el mundo observará de cerca en los próximos meses.

Tomado de Página 12 / Argentina.