Por Valeria Vegh Weis / Opinión
El 6 de
septiembre el estado alemán de Sajonia-Anhalt vivió una jornada electoral sin
precedentes. Alternativa para Alemania (AfD), un partido de extrema derecha con
una plataforma política xenófoba y étnico-nacionalista, se impuso con el 43,8%
de los votos, duplicando su resultado de 2021. Se trata de la mejor performance
electoral de un partido de extrema derecha desde el fin del nazismo, 80 años
atrás.
AfD ha sido
investigado y catalogado por la Oficina para la Protección de la Constitución
como un partido extremista por sus posiciones políticas que vulneran las bases
constitucionales proclamadas al fin de la Segunda Guerra Mundial. En
Sajonia-Anhalt la boleta estuvo liderada por Ulrich Siegmund, un comerciante de
perfumes devenido en líder carismático y estrella de TikTok, con contactos
comprobados con Martin Sellner, un ultranacionalista austriaco que promueve la
“reinmigración”: la expulsión de inmigrantes no asimilados.
En Alemania, tanto el gobierno federal como los gobiernos locales en cada uno de los estados son parlamentarios y se forman en base a alianzas entre distintos partidos ya que es muy difícil que un solo partido logre la mayoría absoluta. Ese era el escenario soñado por AfD en Sajonia-Anhalt, pero los votos no alcanzaron. Sin perjuicio de la excelente elección, aún precisa de una alianza para lograr la mayoría y hacer gobierno. Hasta ahora, a lo largo y ancho del país, primó la Brandmauer, traducido como “cordón sanitario” o “cortafuegos”: el compromiso indefectible de los distintos partidos de no armar alianza con la AfD. Pero en Sajonia-Anhalt el fuego puede avanzar a través de una alianza igualmente inédita. Un partido nacionalista de izquierda liderado por Sahra Wagenknecht, el BSW, que consiguió 5% de los votos, abrió la posibilidad de cortar el cordón sanitario y hacer alianza con la AfD.
Por eso todas
las miradas están hoy sobre este pequeño estado que reúne solo dos millones de
los 80 que habitan en el país: ¿cuánto tiempo más resistirá el cortafuegos? AfD
se consolida como la primera fuerza en buena parte del este del país, alcanza
los dos dígitos a lo largo de Alemania e incluso se posiciona como tercera
fuerza en las próximas elecciones de la cosmopolita y progresista Berlín.
Dentro del partido conservador de derecha que gobierna a nivel federal, la CDU,
hay sectores que han comenzado a cuestionar la estrategia de exclusión de AfD.
Lo que ocurra en las próximas semanas en Sajonia-Anhalt será observado como un
test decisivo para el resto de Alemania y son tres los escenarios posibles: un
nuevo llamado a elecciones ante la imposibilidad de formar un gobierno de
mayoría absoluta, un gobierno de minoría liderado por AfD y tolerado
informalmente por las distintas bancadas, o una ruptura del cordón sanitario a
través de una alianza, en este caso con el BSW.
¿Cuál es el
programa de AfD si se da alguno de los dos escenarios que lo llevarían al
poder? Su agenda tiene cuatro elementos principales. El primero es la política
migratoria ligada a la llamada “reinmigración”, incluyendo limitaciones
estrictas al ingreso de migrantes, la expulsión de refugiados que viven de la
asistencia social y el encarcelamiento de aquellos que permanecen en el país de
forma ilegal. Uno de los líderes nacionales de la AfD, Björn Höcke (foto),
ha llegado a sostener públicamente que “sobran” 20 millones de personas en
Alemania. Un segundo elemento es la reforma educativa orientada a reemplazar lo
que llaman la “cultura de la culpa” por los crímenes del Holocausto con el
“orgullo nacional” por los grandes logros de Alemania que, según la AfD, se
encuentran minimizados. Para ello proponen reducir el tiempo de estudio
dedicado al Holocausto, así como las visitas de los estudiantes a los campos de
exterminio y a memoriales. El partido define este programa con el slogan “menos
Hitler, más Bismarck” – quien promovió la unificación de Alemania en 1871,
convirtiéndose en el primer canciller del país. Höcke ha cuestionado en el
pasado la existencia misma del Memorial a los Judíos Europeos asesinados en el
Holocausto, aduciendo que es un escándalo haber colocado un memorial que remite
a la culpa en el corazón de Berlín. El programa de AfD también incluye la
promesa de reimpulsar la economía y, para ello, pone como factor clave un
reacercamiento con Rusia. El paquete programático se completa con la defensa de
la “familia tradicional” y el rechazo absoluto a la agenda de género y los
derechos LGBT.
La pregunta
indefectible es por qué triunfó la ultraderecha, con un programa político
xenófobo, homofóbico y excluyente, en un país que protagonizó el Holocausto y
la muerte industrial de 11 millones de judíos, Sinti y Roma, personas con
problemas físicos y de salud mental, comunistas y socialistas, entre muchos
otros, y que, hasta ahora, se había presentado ante el mundo como un modelo de
democratización. Las razones son complejas e incluyen un proceso de elaboración
de la masacre del Holocausto que, visto de cerca, presenta muchas fisuras,
inclusive de narrativas en las que los alemanes se consideran parte de las
víctimas y reducen la responsabilidad del genocidio a Hitler y algunos pocos
líderes que lo acompañaron en el poder. Más cerca del presente, explicaciones
complementarias pueden encontrarse en la realidad local de Sajonia-Anhalt así
como en la situación política compleja a nivel federal, en una elección en la
que parte del electorado buscó llevar un mensaje directo al gobierno central en
Berlín.
Las causas
locales nos llevan directo a la Alemania dividida entre Este y Oeste desde 1945
y por casi medio siglo. En el este alemán, donde se ubica Sajonia-Anhalt,
persiste una narrativa extendida de abandono y exclusión, de ser “ciudadanos de
segunda”. La reunificación de 1990 es muchas veces descripta por sus propios
habitantes como una verdadera “anexión” del antiguo territorio comunista más
que como una unificación entre iguales. Un sector que ilustra esta “anexión”
son las universidades, que se poblaron de profesores del Oeste, desplazando a
los académicos locales. Como es habitual, nada mejor que buscar chivos
expiatorios aún más abajo en la escala social: Sajonia-Anhalt tiene una de las
tasas de población migrante más bajas de Alemania, pero, aun así, la migración
“irrestricta” aparece como la gran culpable del deterioro socioeconómico local.
A eso se suma el desgaste de 24 años de gobiernos liderados por los
conservadores de la CDU sin transformaciones estructurales visibles. En ese
contexto, el liderazgo carismático de Siegmund, joven, atractivo, seductor (y
que propone poner fin a la inmigración), funcionó como catalizador y promesa de
cambio.
A nivel
nacional, donde también gobierna la CDU, el panorama no es mucho más alentador.
Este partido siempre atrajo por su capacidad de asegurar una economía estable,
pero este compromiso se desvanece ante tres años de estancamiento económico y
recesión en sectores clave como la industria automovilística. AfD promete
reencauzar la economía, aun cuando su política inmigratoria de exclusión es
señalada – incluso por las grandes corporaciones- como un riesgo para el
crecimiento de un país que necesita urgentemente de mano de obra. Se suman el
rechazo al financiamiento militar de la guerra en Ucrania que se percibe como
una guerra que no los concierne y que drenó las reservas fiscales, y el temor a
políticas de recorte a nivel federal que apuntan a políticas sociales, como el
adelanto de la edad jubilatoria, aumento de la jornada laboral y endurecimiento
de las condiciones para acceder a licencias médicas. Se suma a ello que AfD
promete modernización, renovación y volver a “sentir orgullo de ser alemán”, lo
que cala profundo en un electorado que abraza un discurso nostálgico sobre un
país que funcionaba y dejó de funcionar – algo que muchos ven reflejado en
cuestiones muy concretas como la puntualidad de los trenes, de la que se
jactaron históricamente y que hoy muestra estadísticas de que uno de cada tres
no llega a horario.
Manifestaciones
en rechazo del triunfo electoral de AfD en Sajonia-Anhalt tuvieron lugar en
distintos estados - unas 3.500 solo en Berlín-, aunque en el día a día las
conversaciones son políticamente mucho menos cargadas que en nuestro país, y
una vuelta a los momentos más oscuros de la historia alemana dista de ocupar la
centralidad que la urgencia requiere. Con estas coordenadas, Sajonia-Anhalt se
convierte en un laboratorio político que buena parte de Europa y el mundo
observará de cerca en los próximos meses.
Tomado de Página
12 / Argentina.