El pensador surcoreano retrata cómo la presión social
y el agotamiento hace estragos en la salud mental.
Byung-Chul
Han (Seúl, 1959) es uno de los filósofos asiáticos más leídos y
admirados en la actualidad. Sus ideas y ensayos son una crítica al
capitalismo, la autoexplotación de la mente humana y los avances
tecnológicos en la sociedad moderna actual. En 2025 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y
Humanidades.
Destaca por sus obras como La sociedad del cansancio o La
agonía del Eros, donde analizan los efectos del neoliberalismo.
En ellas retrata con gran calidad y precisión su gran capacidad para
diagnosticar los problemas de la modernidad y que han calado en un
público muy amplio.
Nos hacen creer que podemos con todo
Trabaja más, haz ejercicio, aprende un nuevo idioma, crece profesionalmente y siéntete productivo en cada minuto de tu día. La sociedad contemporánea ha ensalzado el rendimiento y la productividad como los grandes valores. Byung-Chul Han lleva años advirtiendo sobre las consecuencias de esta lógica.
La reflexión de Byung-Chul Han resulta contundente:
«Lo que provoca la depresión por agotamiento no es el imperativo de pertenecer
solo a sí mismo, sino la presión por el rendimiento». La cita aparece en
estudios académicos sobre su pensamiento y resume una de las tesis centrales de La
sociedad del cansancio.
El trabajador es su propio jefe y también su explotador
Una de las ideas principales del pensamiento
de Byung-Chul Han consiste en distinguir entre la antigua «sociedad
disciplinaria» y lo que denomina «sociedad del rendimiento».
En el modelo tradicional era sencillo identificar sobre a
quién ejercía la presión. En la sociedad
del rendimiento, según su análisis, esa frontera se vuelve mucho más
difusa. La persona establece sus propias metas, aumenta sus exigencias, compara
resultados y siente que debería ser capaz de producir todavía más.
El filósofo surcoreano lo resume mediante una de sus ideas
más conocidas: en este modelo, quien explota y quien es explotado pueden
acabar siendo la misma persona.
El problema de sentir que nunca hacemos suficiente
Han explica que la lógica del rendimiento contiene una
dificultad evidente: prácticamente nunca existe un punto final y siempre
puede trabajarse un poco más.
Siempre puede mejorarse el currículum, alcanzar una nueva
meta, aumentar la productividad, aprender otra habilidad o conseguir mejores
resultados. Incluso actividades que tradicionalmente pertenecían al
tiempo libre pueden terminar sometidas a métricas y objetivos.
Según explica Byung-Chul Han, ahí aparece una de las
contradicciones de esta aparente libertad: las estructuras externas pueden
quedar ocultas mientras el individuo dirige la frustración hacia sí mismo.
Fuente: OK diario / España. Imagen de archivo.
