El verdadero cambio en Venezuela no será un decreto
presidencial, sino una transformación cultural colectiva.
Por Oscar Jiménez * Opinión
Venezuela no necesita simplemente un cambio de gobierno;
necesita, de manera urgente, un cambio de chip. Durante casi un siglo, el
modelo rentista petrolero moldeó una cultura política donde el ciudadano
aprendió a esperar todo de un Estado todopoderoso a cambio de su sumisión o de su
voto.
Ese ciclo colapsó. La
reconstrucción del país no vendrá de la mano de un nuevo caudillo o mesías que
prometa repartir mejor la riqueza, sino de un giro cultural profundo que asuma
de una vez por todas que la verdadera riqueza está en el talento, la
productividad y la descentralización.
Apagar el rentismo significa enterrar el clientelismo y la asignación de responsabilidades públicas solo por lealtad partidista para dar paso a la meritocracia y la transparencia. Es entender que la era postpetrolera ya comenzó y que el futuro del país se está construyendo hoy desde la acera de la innovación. Apagar esa vieja mentalidad es la única forma de encender el futuro: un mañana liderado por una juventud nativa digital que no depende del Estado, que trabaja de forma remota, adopta tecnologías disruptivas y exige una política horizontal, pragmática y sin polarización ideológica.
El relevo venezolano ya no pide que le den; exige las
condiciones de seguridad jurídica y conectividad para crear. El verdadero
cambio en Venezuela no será un decreto presidencial, sino una transformación
cultural colectiva.
*Dirigente del movimiento Alternativa 1 en Valencia.
