Ocho senadores, cuatro diputados y el intendente de Rocha
viajaron a Israel invitados por la embajada, mientras el Frente Amplio se negó
a participar. El recorrido se inscribe en una estrategia de diplomacia pública
israelí que se remonta a 1983.
Por Carlos Loría
Una delegación de catorce dirigentes políticos de la
derecha uruguaya viajó a Israel entre el 27 de julio y el 4 de agosto de
2026, invitada formalmente por la embajada israelí en Montevideo, como una
extensión directa desde el gobierno de Benjamin Netanyahu. El grupo estuvo
integrado por ocho senadores, cuatro diputados y el intendente de Rocha, Alejo
Umpiérrez, todos pertenecientes a la coalición de gobierno. El Frente
Amplio, que también había sido invitado, resolvió no participar por su clara
posición contra el genocidio en gaza.
Los senadores que viajaron fueron Sebastián da Silva,
Graciela Bianchi, Andrés Ojeda, Robert Silva, Tabaré Viera, Carlos Camy,
Rodrigo Blas y Javier García. Los diputados fueron Juan Martín
Rodríguez, Walter Verri, Fernanda Auersperg y Álvaro Perrone, este último de
Cabildo Abierto. La agenda incluyó reuniones con autoridades del Ministerio de
Relaciones Exteriores israelí y con el embajador designado para Uruguay, Eldad
Hayet.
El itinerario combinó actividad institucional con visitas de fuerte carga simbólica. La comitiva recorrió el Museo del Holocausto Yad Vashem, el Muro de los Lamentos y la Knéset, el Parlamento israelí, que se encontraba en receso de verano. También visitó el kibutz Nir Oz y el Bosque Re’im, donde el 7 de octubre de 2023 se desarrollaba el festival Nova y murieron cerca de 400 personas en un ataque de Hamás.
El diputado Juan Martín Rodríguez describió la experiencia en
redes sociales al señalar que en ese lugar “terroristas de Hamás asesinaron y
secuestraron a más de 400 jóvenes” que participaban del festival. Desde la
Comunidad Israelita del Uruguay se defendió la iniciativa argumentando que este
tipo de visitas “permiten conocer de primera mano la realidad israelí”.
El Frente Amplio también participó de la hasbará
No todos los sectores políticos coincidieron con esa lectura.
Líderes del Frente Amplio cuestionaron que el viaje incida en el
debate uruguayo sobre cómo calificar a organizaciones como Hamás, alineando
posiciones nacionales con la política exterior de otros gobiernos en lugar de
sostener los criterios definidos por el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas.
El viaje de 2026 no constituye un hecho aislado. Según una
investigación del semanario Brecha, esta clase de visitas guiadas a
políticos y comunicadores uruguayos se remonta a los años sesenta y se
mantuvo activa incluso durante los años más intensos de la ofensiva sobre Gaza,
con desplazamientos de intendentes y periodistas.
El mismo medio sostiene que documentos internos del
Estado israelí enmarcan la práctica como parte de una política
oficial orientada a cultivar lealtades personales con políticos y
comunicadores de todo el mundo. Es, a todas luces, propaganda internacional.
Entre los antecedentes recientes figura el viaje que realizó
en 2023 el entonces intendente de Canelones y hoy presidente de la
República, Yamandú Orsi, organizado no por la embajada, sino por el Comité
Central Israelita del Uruguay y el Congreso Judío Mundial, a través de su
filial regional, el Congreso Judío Latinoamericano.
También el diputado Carlos Varela había integrado
años atrás una comitiva similar, financiada entonces por el propio Comité
Central Israelita y por B’nai B’rith Internacional. Estas organizaciones han
llevado a Israel, a lo largo de varias décadas, a políticos latinoamericanos,
jueces federales estadounidenses y hasta dirigentes de clubes de fútbol
europeos.
El mecanismo detrás de estos viajes tiene nombre
propio: hasbará, un término hebreo que significa literalmente “explicación”.
El gobierno israelí formalizó esta política de diplomacia pública en 1983,
cuando convocó a periodistas y especialistas en comunicación para definir cómo
debía presentarse el país ante la opinión internacional, aunque sus
antecedentes se remontan a los proyectos de comunicación política impulsados
por Theodor Herzl a fines del siglo XIX.
La estrategia se apoya en viajes subvencionados, becas
universitarias, cursos de idiomas y actividades turísticas dirigidas
a favorecer las voces favorables hacia Israel entre ciudadanos
extranjeros. En los últimos años sumó a actores, cantantes e influencers como
embajadores culturales no oficiales, ampliando su alcance más allá del ámbito
estrictamente político o periodístico.
Incluso dentro de Israel, la práctica ha sido objeto de
escrutinio crítico. El periodista israelí Nathan Guttman la definió
directamente como “propaganda favorable a Israel”, mientras que otros
comunicadores del país prefieren distinguirla de la propaganda tradicional y
describirla como un esfuerzo por “explicar” decisiones de gobierno, estén o no
justificadas.
El genocidio en Gaza: Netanyahu tiene orden de captura
Este esfuerzo de comunicación internacional se desarrolla en
paralelo a un proceso judicial y de investigación de derechos humanos sin
precedentes contra el propio Estado israelí. En septiembre de 2025, la Comisión
Internacional Independiente de Investigación de la ONU, creada por el Consejo
de Derechos Humanos, concluyó que las autoridades y fuerzas israelíes
perpetraron cuatro de los cinco actos genocidas definidos por la
Convención para la Prevención del Genocidio, a partir de matanzas,
lesiones físicas y mentales graves, la imposición deliberada de condiciones de
vida destructivas y el impedimento de nacimientos en la Franja de Gaza.
La misma comisión sostuvo que las declaraciones del primer
ministro Benjamín Netanyahu y de otros funcionarios israelíes
constituyen pruebas directas de intención genocida, y citó específicamente una
carta enviada a las tropas en noviembre de 2023 en la que se comparaba la operación
militar con un pasaje bíblico sobre aniquilación total.
Human Rights Watch, en su Informe Mundial 2026, fue en la
misma dirección. La organización sostuvo que la negación de agua a la población
palestina de Gaza constituye tanto un crimen de lesa humanidad de exterminio
como un acto genocida, al imponer condiciones de existencia calculadas
para provocar la destrucción total o parcial del grupo, en violación directa de
las medidas provisionales vinculantes que dictó la Corte Internacional de
Justicia en la causa iniciada por Sudáfrica, que continúa en trámite.
Los datos sobre víctimas civiles respaldan esas conclusiones.
Las autoridades sanitarias de Gaza habían registrado, hacia julio de 2025, más
de 18.000 niños entre los muertos por la guerra, una cifra que no incluye
fallecimientos indirectos ni personas sepultadas bajo escombros. Incluso
después del alto el fuego anunciado en octubre de 2025, UNICEF denunció que 265
niños y niñas palestinos fueron asesinados por ataques israelíes posteriores a
ese acuerdo.
En mayo de 2026, Naciones Unidas incluyó a Israel en su lista
de países que cometen violencia sexual en tiempos de guerra, tras
documentar casos de violación, tortura sexual y abuso genital contra personas
detenidas palestinas, incluidos menores, entre 2023 y 2025. El propio informe
reconoció que los investigadores enfrentaron restricciones de acceso que
impidieron evaluar por completo la magnitud de los abusos denunciados.
Sobre la cabeza de Netanyahu pesa una orden de captura
internacional dictada por la Corte Penal Internacional (CPI), tras
acusársele como presunto cabecilla de los delitos de lesa humanidad y
actos genocidas antes mencionados.
Israel niega de forma sistemática estas conclusiones y las
enmarca dentro de una campaña internacional de presunta deslegitimación. El
gobierno de Netanyahu invoca su derecho a la autodefensa tras el ataque de
Hamas del 7 de octubre de 2023, en el que murieron cerca de 1.200 personas y
251 fueron tomadas como rehenes, según cifras oficiales israelíes.
La propia Naciones Unidas aclaró que la comisión
investigadora es un órgano independiente que no habla en nombre de la
organización en su conjunto, y que la Secretaría General todavía no adoptó
formalmente el término genocidio, aunque enfrenta presión creciente para
hacerlo.
En ese contexto de disputa activa por el relato
internacional, viajes como el realizado por la delegación uruguaya entre julio
y agosto de 2026 se inscriben dentro de una estrategia de Estado orientada
a sostener apoyos diplomáticos en un momento de aislamiento
internacional creciente para Israel y de bajísima aprobación del gobierno entre
sus ciudadanos.
Fuente: La Red 21 / Uruguay.