"Nicolasito" Maduro
sorprende al ser visto en una sinagoga de Caracas vistiendo una kipá, en medio
del restablecimiento de las relaciones diplomáticas de su país con el gobierno
sionista de Netanyahu.
Una kipá. Unos rollos de la Torá. Un
diputado del PSUV en medio de todo. Las imágenes circularon primero por
los grupos de WhatsApp de la comunidad y luego explotaron en X (antes Twitter).
En ellas se ve a Nicolás
Maduro Guerra —“Nicolasito” para los amigos y para la prensa rosa de
Miraflores— dentro de la sinagoga Tiféret Israel, en el este
de Caracas. No fue un saludo protocolar al paso. Se quedó a mirar los
pergaminos. Se puso la kipá. Se dejó retratar con los fieles.
Y el silencio oficial, hasta ahora,
ha sido total. No hubo declaración de su oficina de prensa. Tampoco un trino
explicando el motivo. Pero la fotografía, en política venezolana, es más
elocuente que cualquier comunicado.
¿Qué hacía el hijo del expresidente en un templo judío?
La respuesta inmediata apunta a la
agenda internacional. Delcy Rodríguez, al frente del gobierno interino,
acaba de anunciar el restablecimiento de relaciones consulares con
Israel, después de 17 años de ruptura total. El terremoto de junio de 2026
—que dejó más de 200 muertos en la región occidental— sirvió de excusa
humanitaria.
Los equipos de rescate israelíes
llegaron a Venezuela antes de que los diplomáticos levantaran el teléfono. El
canciller Félix Plasencia selló el trato con su par israelí Gideon
Sa’ar, y la foto de “Nicolasito” llegó como un refuerzo de esa nueva línea.
Pero hay una capa más profunda, ya
que la comunidad judía venezolana es hoy una sombra de lo que
fue. En los años 70 superaban los 25.000 miembros. Hoy, según los
registros comunitarios que manejan las sinagogas, no llegan a 4.000.
La mayoría se fue durante la crisis
hiperinflacionaria y el asedio del chavismo a la oposición. Los que
quedan viven en Caracas, Maracaibo y Valencia, y llevan décadas soportando el
peso de un discurso oficial que, desde la ruptura de 2009, fue
abiertamente hostil a Israel.
Ese año fue clave. Hugo
Chávez rompió relaciones después de la ofensiva “Plomo Fundido” sobre
Gaza. Y no fue solo un gesto burocrático. Ese mismo año, la Tiféret Israel fue
atacada. Un grupo armado dejó pintadas y daños en el interior del templo. Meses
después, Chávez dijo en cadena nacional que Israel era un Estado
“terrorista y asesino”. Las palabras exactas, con comillas, quedaron
grabadas en la memoria de los feligreses.
Maduro y sus orígenes judíos
Y, sin embargo, el chavismo siempre
quiso tener un comodín bajo la manga. En 2013, cuando desde la comunidad
internacional se señalaba al gobierno de Maduro de alentar el antisemitismo, el
propio Presidente reveló en una entrevista que sus abuelos
eran judíos sefardíes conversos al catolicismo.
¿Pruebas documentales? Nunca se
mostraron. Pero el apellido Maduro, es cierto, tiene peso en el Caribe. Los
archivos históricos de Curazao registran familias con ese
apellido desde el siglo XVIII, asentadas en la zona de judíos sefardíes que
comerciaban con la costa venezolana.
Lo curioso es que esa narrativa
familiar se activa y se desactiva según el momento político. Cuando las
relaciones están rotas, el gobierno insiste en que no son antisemitas, “porque
tenemos sangre judía en casa”. Cuando el viento geopolítico cambia, como
ahora, el hijo del expresidente se pone la kipá.
El exmandatario Maduro fue secuestrado
y apresado ilegalmente por Estados Unidos en enero de 2026. Su
detención cambió el tablero. La presidencia interina recayó en Delcy Rodríguez,
una figura que siempre fue más pragmática que ideológica. Ella ha empujado un
giro de 180 grados hacia Washington y, por extensión, hacia los aliados de
Estados Unidos en Medio Oriente.
Se alineó, pues, con Estados Unidos e
Israel de forma incondicional, mientras que el gobierno de Donald Trump le
drena el petróleo sin dejarle ganancias al país. Justificó el control de estos
recursos bajo la máxima de que “al vencedor le pertenecen los despojos”.
Tomado de La Red 21 / Uruguay. En la
imagen, Nicolás Maduro Guerra vistiendo una kipá en una sinagoga de Caracas.