El vacío de liderazgo se
produce en un momento en que las fuerzas estadounidenses intentan adaptarse a
un nuevo tipo de guerra dominada por drones letales
Por Greg Jaffe, Eric
Schmitt, Helene Cooper y Adam Entous
WASHINGTON.– Una serie de
despidos y disputas iniciadas por el secretario de Defensa, Pete Hegseth,
dejaron al Ejército prácticamente a la deriva, mientras lucha por hacer frente
a la amenaza que representan los drones y misiles baratos y letales que
bombardearon bases estadounidenses en Medio
Oriente.
El Ejército no tiene un jefe de
Estado Mayor, el máximo responsable del servicio, desde que Hegseth
destituyó al general Randy George sin explicación alguna en abril, y no hay
indicios de que esté cerca de cubrir el puesto, según declararon funcionarios
actuales y anteriores que hablaron bajo condición de anonimato para tratar
asuntos delicados de personal.
Hegseth forzó la dimisión de al menos
tres altos oficiales que eran considerados posibles sucesores del general
George.
Según informaron las autoridades, también se espera que el secretario del Ejército, Daniel P. Driscoll, el máximo líder civil de la institución, abandone la administración en los próximos meses y ya se ha mudado de la gran casa familiar que alquilaba en Fort Myer, en las afueras de Washington.
La agitación surge en un momento en
que el Ejército, la rama más grande de las fuerzas armadas, enfrenta su
período de mayor actividad desde las guerras de Irak y Afganistán. Los soldados
de defensa aérea del Ejército desempeñan un papel fundamental en la protección
de las tropas estadounidenses en Medio Oriente frente a los ataques con misiles
iraníes, cada vez más sofisticados. El mando del Ejército en Europa proporciona
inteligencia crucial y otro tipo de apoyo a Ucrania en su lucha por contener a
una fuerza rusa mayor.
Hasta hace poco, Driscoll era
considerado por muchos como un posible candidato para reemplazar a
Hegseth si este decidía dimitir o caía en desgracia con el presidente
Trump.
Driscoll y el general George habían
trabajado juntos para preparar al Ejército para un campo de batalla plagado de
drones. A finales del año pasado, la Casa Blanca le pidió a Driscoll que
desempeñara un papel protagónico en sus esfuerzos por lograr un acuerdo de
paz que pusiera fin a la guerra en Ucrania.
Según fuentes oficiales,
esos esfuerzos de paz se estancaron en gran medida, el impulso a
la modernización acelerada se está reduciendo y Driscoll apenas se dirige
a Hegseth. Su inminente partida fue anunciada previamente por The Wall
Street Journal.
“Tenemos menos posibilidades
de ganar”
Además de George, Hegseth
despidió o forzó la dimisión de media docena de oficiales de alto
rango —una generación de los líderes más curtidos en combate del
Ejército—, lo que mermó las altas esferas del servicio durante los
próximos años, según informaron las autoridades.
“Dejar fuera a los líderes más
experimentados, letales y probados en combate en tiempos de guerra significa
que las tropas están menos seguras y que tenemos menos probabilidades de
ganar”, dijo el representante Pat Ryan, demócrata de Nueva York y exoficial de
inteligencia del Ejército.
Según funcionarios militares y
congresistas, una preocupación a largo plazo es que los despidos
transmitan el mensaje de que los oficiales que ofrecen consejos militares
sinceros o que no superan las pruebas ideológicas no tienen cabida en una
fuerza que se supone debe ser imparcial. “Estamos causando un daño
generacional a la percepción de que las fuerzas armadas son una organización
apolítica y de confianza que jura lealtad a la Constitución, no a un
presidente”, añadió Ryan.
La oficina de Hegseth remitió las
preguntas sobre los despidos y la falta de liderazgo de alto nivel al Ejército.
El Ejército declinó hacer comentarios sobre la situación de Driscoll, alegando
que no especula sobre “cambios de liderazgo”.
En un comunicado, el servicio restó
importancia al impacto de los despidos.
“Los líderes del Ejército
ejemplifican los más altos estándares de deber, altruismo y excelencia
profesional”, declaró Cynthia O. Smith, vocera del Ejército. “Impulsan
activamente la misión del Ejército, garantizando que se cumplan nuestros
objetivos estratégicos, que nuestros esfuerzos de modernización sigan su curso
y que nuestra preparación global nunca se vea comprometida”.
Vacantes críticas
Una muestra del vacío de poder en la
cúpula del Ejército es el número de generales de cuatro estrellas en sus
filas. En enero de 2025, cuando Hegseth asumió el cargo, había 10
generales de cuatro estrellas en servicio activo. Actualmente, el Ejército
cuenta con cinco, la cifra más baja en décadas.
Algunos de esos puestos corresponden
a mandos centrados en regiones del mundo, como Medio Oriente o Asia, y están
siendo ocupados por oficiales superiores de otros servicios. Algunos fueron
eliminados.
Otros puestos, como el de director
del Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército, llevan meses
vacantes. El verano pasado, Hegseth seleccionó al general David M. Hodne para
dirigir el comando y ocho meses después lo despidió sin dar explicaciones.
El mando es responsable del
entrenamiento y equipamiento de las unidades terrestres del Ejército,
incluyendo a sus tripulaciones de misiles antimisiles Patriot. Los Patriot
constituyen la principal defensa contra los misiles balísticos iraníes disparados
contra bases estadounidenses en Medio Oriente.
Con el avance de la guerra, Irán
se convirtió en un adversario más hábil, aprendiendo a evadir los sistemas
estadounidenses con misiles avanzados capaces de cambiar de rumbo
repentinamente. El 17 de julio, un misil iraní impactó contra viviendas
prefabricadas en una de las bases estadounidenses en Jordania, causando la
muerte de tres soldados estadounidenses e hiriendo a más de 100.
Según informaron fuentes de defensa,
el Ejército ha respondido agotando sus escasas reservas de misiles
interceptores Patriot.
Otra vacante crítica se produjo
en julio, cuando Hegseth redujo el mando del general Christopher T.
Donahue, que supervisaba las tropas terrestres estadounidenses en Europa,
a un puesto de tres estrellas, lo que obligó al alto oficial del Ejército a
retirarse si no conseguía otro puesto de cuatro estrellas.
El primer día de la guerra, Irán
lanzó andanadas de drones Shahed, similares a los utilizados por los rusos. Uno
de los ataques alcanzó una base del Ejército estadounidense en Kuwait, causando
la muerte de seis soldados. El mando del general Donahue, basándose en las
lecciones aprendidas de la guerra en Ucrania, había entrenado y equipado
equipos de defensa antidrones, que fueron enviados rápidamente a Medio
Oriente.
Sin embargo, la vacante más
notoria en el Ejército ha sido la ausencia en la cúpula tras la destitución del
general George hace cuatro meses. Como jefe del Ejército, el general
George era responsable del entrenamiento y equipamiento de las unidades
del Ejército en todo el mundo. Entre sus responsabilidades se incluía acelerar
la adquisición de municiones cruciales como los misiles interceptores Patriot,
los sistemas de artillería ATACMS y otro armamento terrestre, que escasean.
El general George tuvo dificultades
para entablar una buena relación con Hegseth, quien llegó al Pentágono con
profundas sospechas hacia la cúpula del Ejército, basadas en su propia
experiencia, según informaron oficiales del Ejército. Tras ser desplegado en
Irak y Afganistán, Hegseth se vio obligado a abandonar la Guardia Nacional por
unos tatuajes considerados extremistas.
“El ejército al que amé, por el que
luché, al que veneré”, escribió en un libro de 2024, “me escupió”.
La desconfianza de Hegseth hacia el
general George y otros altos mandos del Ejército parecía crecer con cada mes
que pasaba en el Pentágono.
En octubre pasado, Hegseth
destituyó al general James Mingus, subjefe del Estado Mayor del Ejército,
un año antes de que estuviera previsto que dejara su cargo.
En su lugar, Hegseth y la Casa
Blanca propusieron al general Christopher LaNeve, principal asesor militar de
Hegseth, para ocupar el puesto de segundo al mando del Ejército, supervisando
las operaciones diarias del servicio.
Su decisión de apartar al general
Mingus sin ofrecer una razón clara provocó la oposición de algunos miembros del
Senado y contribuyó a un mayor deterioro de la tensa relación de Hegseth
con el Ejército y el Congreso.
Actualmente, el general LaNeve, el
candidato de Hegseth para dirigir el Ejército, no cuenta con el apoyo
republicano suficiente en el Senado para ser confirmado. Los generales y
almirantes nominados para dirigir las fuerzas armadas suelen recibir apoyo
unánime o casi unánime en el Senado.
Entre quienes bloquean el ascenso del
general LaNeve se encuentra la senadora Joni Ernst, una republicana de Iowa que
sirvió 22 años en la Guardia Nacional de Iowa.
A cambio de su apoyo al general
LaNeve como subjefe del Estado Mayor del Ejército el otoño pasado, ella creía
que Hegseth le había asegurado que permitiría al general George, también
oriundo de Iowa, terminar su mandato como jefe, que estaba previsto que
finalizara a mediados de 2027. Las objeciones de Ernst al general LaNeve fueron
publicadas anteriormente por The Wall Street Journal.
Tras el despido del general George,
ella llamó a Trump para quejarse, diciéndole que el general George era uno de
los mejores oficiales del Ejército, según un funcionario del Congreso
familiarizado con la llamada. Los padres del general, le dijo a Trump, habían
votado por él.
Trump explicó que el despido fue
decisión de Hegseth.
“Dígale al general que lo siento”,
dijo Trump.
*Tomado de La Nación / Argentina.
Imagen: SAUL LOEB – AFP.