Ella no se limita a llamar a la
puerta de una democracia. Pregunta si todavía existe, en su interior, un mundo
dispuesto a abrirla.
Esta reflexión proviene de Márcia Rosane Junges, profesora de estudios de pregrado y
posgrado en Filosofía en la Universidad de Vale do Rio dos Sinos – Unisinos,
y periodista del equipo de comunicaciones del IHU.
Aquí está el artículo.
Algunas guerras comienzan con el
lanzamiento de un misil, la invasión de un territorio o la declaración de un
Estado. Otras, sin embargo, van mucho más allá del campo de batalla: cruzan
fronteras, reorganizan poblaciones, redefinen el sentido de pertenencia y
convierten el miedo en un lenguaje cotidiano de la política. El refugiado es una de las figuras que mejor
ejemplifica esta continuidad. Al dejar atrás una ciudad destruida, un hogar
perdido o una vida interrumpida, no abandonan la guerra al
cruzar la frontera. Llevan consigo sus cicatrices y, sobre todo, plantean a las
democracias una pregunta que no siempre están dispuestas a afrontar: ¿qué
hacemos con aquellos cuya existencia ya no encaja dentro de los límites
políticos que hemos establecido?
Es a partir de esta fractura que la
conferencia «La guerra como forma de gobierno », celebrada la
noche del 27 de agosto, con la que la filósofa italiana Donatella Di Cesare concluye el ciclo de
estudios «Refugiados y democracia: acogida, inmunización y justicia »,
adquiere una fuerza que trasciende las realidades geopolíticas actuales .
La pensadora traslada la guerra de la categoría de acontecimiento excepcional a
la de posible racionalidad política: una forma de organizar la vida
colectiva mediante la amenaza, la seguridad, la producción de enemigos y la
gestión permanente de las vulnerabilidades. Desde esta perspectiva, la cuestión
de los refugiados deja de ocupar una posición periférica en el debate sobre la
guerra. Se encuentran precisamente en el punto donde la violencia de los
conflictos se topa con las fronteras, la ciudadanía y los mecanismos de
protección. Y es en este punto de contacto, entre quienes huyen de la guerra y
quienes deciden quién puede entrar, permanecer o ser excluido, donde la
democracia se ve obligada a revelar cuánta hospitalidad aún abarca y cuánta
inmunización ha incorporado ya como principio de gobierno.
La reflexión de Di Cesare adquiere así una dimensión decisiva: quizás sea necesario preguntarse no solo quién gana o pierde una guerra, sino qué tipo de mundo político crea. Al fin y al cabo, toda guerra produce muertes y desplazamientos , pero también clasificaciones, fronteras, sospechas y nuevas gramáticas de pertenencia. El refugiado emerge en este escenario como una presencia que perturba el orden de los lugares previamente establecidos: no solo es quien ha perdido su patria, sino también quien obliga a los Estados a explicitar los criterios con los que distribuyen protección, derechos y reconocimiento. Es esta zona de tensión entre guerra y gobierno, desplazamiento y frontera, aceptación y exclusión la que Donatella Di Cesare nos invita a considerar, y la que convierte su conferencia de clausura en una oportunidad privilegiada para cuestionar el presente y, con él, el futuro mismo de la democracia.
Hay una pregunta que subyace, como un
hilo conductor, en el pensamiento de Donatella Di Cesare: ¿qué
sucede con la democracia cuando necesita generar permanentemente un exterior
para proteger un interior? Esta pregunta cobra aún mayor relevancia ante las
guerras que redibujan fronteras, destruyen ciudades, expulsan poblaciones y
transforman a millones de seres humanos en desplazados, refugiados, apátridas y extranjeros.
No se trata solo de preguntarse quién huye de una guerra. También es necesario
preguntarse qué mundo político se produce a raíz de la guerra misma y qué tipo
de democracia se constituye cuando el conflicto deja de ser una interrupción
del orden y comienza a organizar su propia normalidad.
En este contexto, la filósofa
italiana Donatella Di Cesare, profesora de la Universidad de Roma
"La Sapienza", clausurará el próximo jueves 27 de agosto el ciclo de
estudios " Refugiados y Democracia: Acogida, Inmunización y
Justicia ", promovido por el Programa de Posgrado en Filosofía de
Unisinos y el Instituto Humanitas Unisinos (IHU). La conferencia magistral,
titulada " La guerra como forma de gobierno ",
tendrá lugar de 20:00 a 22:00 horas en el campus de Unisinos Porto Alegre, con
transmisión en directo a través de los canales de YouTube y Facebook del IHU.
El ciclo de estudios se desarrolla entre el 25 y el 27 de agosto y se centra en
la condición de los refugiados como un espacio privilegiado para cuestionar las
categorías modernas de democracia, soberanía, ciudadanía, fronteras y
hospitalidad.
La fuerza filosófica de
esta formulación reside precisamente en el cambio que propone. En lugar de
concebir la guerra como un acontecimiento excepcional que irrumpe en un orden
político relativamente estable, Di Cesare nos invita a
invertir la perspectiva: ¿y si la guerra misma se estuviera convirtiendo en una
forma de ordenar, administrar y gobernar la vida colectiva? No se trata de
afirmar que toda la política contemporánea se reduce a la guerra, sino de
comprender la naturalización progresiva de una racionalidad según la cual la
amenaza, la seguridad, la vigilancia, la militarización y la producción del
enemigo dejan de ser recursos extraordinarios para integrarse en el
funcionamiento cotidiano del poder.
Este diagnóstico ya estaba presente
en recientes intervenciones de la filósofa en el IHU. En una
entrevista publicada en abril de 2026, Di Cesare relaciona la
guerra con lo que ella llama « tecnofascismo », concebido como un nuevo totalitarismo en el que la tendencia
tecnocrática, marcada por la gobernanza, la vigilancia y el poder técnico, se
articula con una tendencia etnocrática, fundada en la sangre, la pertenencia y
la construcción de identidades cerradas. En este contexto, la guerra emerge
como un punto de convergencia: moviliza la industria militar, las
infraestructuras digitales, los sistemas de vigilancia y la economía de guerra,
al tiempo que intensifica la fabricación del enemigo y la radicalización de la
pertenencia.
La cuestión, por lo tanto, no es solo
quién lucha contra quién, sino quién termina gobernado por la lógica del
conflicto. Es aquí donde la conferencia de clausura del Ciclo de
Estudios encuentra su conexión más profunda con el tema de los
refugiados. Porque la guerra no termina cuando alguien cruza la frontera.
Para quienes huyen, puede quedar marcada en el cuerpo, en la pérdida del hogar,
en la disolución de los lazos, en la precariedad de la existencia y, sobre
todo, en la experiencia de descubrir que el mundo político no está organizado
para acoger indiscriminadamente a aquellos cuyas vidas han sido devastadas por
el conflicto.
En este sentido, el refugiado es una
figura filosófica de extraordinaria fuerza. Aparece precisamente en el punto
donde la promesa universal de los derechos humanos se topa con la
particularidad de las fronteras nacionales. ¿Quién tiene derecho a tener derechos?
¿Quién puede pertenecer? ¿Quién puede cruzar? ¿Quién tiene derecho a
permanecer? Estas son preguntas que, en las reflexiones de Di Cesare,
dejan de ser cuestiones periféricas de la política migratoria y comienzan a
cuestionar los cimientos mismos de la comunidad política. El Ciclo de Estudios
promovido por el PPG Philosophy Unisinos y el Instituto Humanitas
Unisinos - IHU parte precisamente de esta comprensión: el refugiado no
es meramente un objeto de políticas públicas o asistencia humanitaria; su
condición expone los límites de la democracia moderna, la soberanía y la
ciudadanía.
Derecho a migrar
Esta perspectiva ya había sido
desarrollada por la filósofa en su reflexión sobre el « extranjero residente » y sobre la necesidad de
considerar un posible ius migrandi , un derecho a migrar. El gesto es
radical: en lugar de preguntarse cómo puede el Estado gestionar a quienes
llegan, Di Cesare se pregunta qué revela la presencia del migrante sobre el
propio Estado. La frontera deja entonces de ser una simple línea geográfica y
pasa a entenderse como una maquinaria política que distribuye pertenencias y
derechos.
La guerra hace que este mecanismo sea
aún más brutal. Produce desplazamiento, pero también categorías.
Hay quienes son reconocidos como refugiados legítimos, quienes son tratados
como migrantes económicos, quienes son considerados amenazas potenciales y
quienes son sometidos a procedimientos de control, vigilancia y contención. La
frontera contemporánea no es solo un muro, una valla o un puesto de control.
Puede adoptar la forma de una base de datos, un sistema de reconocimiento, una
clasificación, un algoritmo o un dispositivo de seguridad. La guerra misma, en
su creciente articulación con la tecnología, también se digitaliza, se
monitorea y se gestiona mediante infraestructuras técnicas.
En este punto, el concepto de
inmunización, central en el Ciclo de Estudios, adquiere una
densidad particularmente inquietante. La democracia inmune es aquella que busca
proteger el cuerpo político creando barreras contra lo que percibe como una
amenaza externa. El extranjero se convierte entonces en aquello de lo que es
necesario mantener distancia para preservar una supuesta integridad del
"nosotros". Di Cesare ya había advertido, en un texto publicado por
IHU, que el soberanismo antiinmigrante se nutre del miedo al
otro y del deseo de permanecer inmune a lo que viene de fuera. La paradoja es
decisiva: al intentar protegerse absolutamente de la alteridad, la comunidad
puede terminar destruyendo las condiciones de convivencia que la hacen políticamente
una comunidad.
La migración, un acto
político.
Es precisamente aquí donde la
hospitalidad y la guerra, aparentemente pertenecientes a universos opuestos,
revelan una relación subterránea. La guerra engendra al
enemigo. La inmunización política debe identificarlo. La frontera debe
distinguirlo. El nacionalismo debe nombrarlo. La tecnología
debe clasificarlo. La política de seguridad debe neutralizarlo. Y el refugiado
aparece como la figura capaz de romper esta cadena, porque encarna, con su
propio cuerpo, la cuestión de los criterios que determinan quién pertenece y
quién debe permanecer fuera.
No es casualidad que Di
Cesare insista en que la migración es un acto político. En un texto
publicado por IHU, el filósofo demostró que el mar, la frontera y el
desplazamiento revelan una tensión fundamental en la política moderna: la que
existe entre la reivindicación soberana del cierre y la experiencia concreta de
los seres humanos que cruzan territorios en busca de supervivencia, libertad y
un lugar en el mundo. La guerra radicaliza esta tensión. Cuando una población
es expulsada de su tierra, la pregunta deja de ser simplemente "¿adónde
irá?". Se convierte en: ¿quién reconocerá su humanidad política cuando ya
no esté protegida por la ciudadanía de origen?
Es en este punto donde el diálogo
de Di Cesare con Hannah Arendt cobra importancia. La experiencia de los
refugiados y apátridas reveló, en el pensamiento arendtiano, la paradoja de una
humanidad que proclama derechos universales, pero cuya realización depende,
concretamente, de la pertenencia a una comunidad política. El problema no
reside simplemente en la pérdida de un derecho particular, sino en la pérdida
del espacio político mismo en el que estos derechos pueden ser reconocidos.
Pero la pregunta actual puede ser aún
más radical: ¿qué sucede cuando las democracias comienzan a gestionar la guerra
no solo como un conflicto externo, sino como un horizonte permanente de
seguridad?
La respuesta de Di Cesare parece
apuntar a una profunda transformación de la idea misma de gobierno. Gobernar
implica cada vez más prevenir amenazas, gestionar riesgos, vigilar a la
población, controlar los movimientos, administrar fronteras y generar consenso
en torno a la necesidad de protección. La política corre el riesgo de reducirse
a la gestión de la inseguridad. Y, en este proceso, la democracia puede
conservar sus formas institucionales mientras pierde gradualmente su capacidad
de crear un mundo común.
En este contexto, la guerra no se
limita necesariamente a bombardeos, tanques o ejércitos. Puede erigirse como
una gramática política. El enemigo puede ser externo o interno.
Puede adoptar la forma del inmigrante, el refugiado, el disidente, el que
cuestiona la identidad nacional, el que no encaja en los modelos de
pertenencia. La lógica se vuelve la misma: identificar al otro, convertirlo en
una amenaza y legitimar, en nombre de la seguridad, la expansión de los
mecanismos de control.
Tecnofascismo
Precisamente por eso, la noción
de tecnofascismo, utilizada por Di Cesare en
sus intervenciones más recientes y que da título a su nuevo libro (Einaudi,
2025), resulta tan inquietante. Sugiere que el peligro contemporáneo no reside
necesariamente en la repetición literal de las formas históricas del fascismo, sino en una nueva
combinación de poder técnico y anulación de la identidad. Por un
lado, una política cada vez más sometida a la gobernanza administrativa y
a la lógica algorítmica; por otro, una comunidad concebida como una
unidad natural de sangre, tierra y pertenencia.
En este escenario, la guerra puede
cumplir una función decisiva: ofrecer a la sociedad un principio de
organización basado en la emergencia permanente. Esta es la principal
provocación de la conferencia «La guerra como forma de gobierno». Más
que preguntarnos por qué ocurren las guerras, será necesario preguntarnos qué
efectos tienen en la política. ¿Qué instituciones fortalecen? ¿Qué derechos
suspenden? ¿Qué fronteras endurecen? ¿Qué poblaciones vuelven prescindibles?
¿Qué tecnologías legitiman? ¿Qué afectos movilizan? ¿Qué enemigos fabrican? Y,
sobre todo, ¿qué tipo de democracia surge cuando la seguridad justifica
continuamente la excepción?
Estas preguntas convierten la
conferencia de clausura en algo mucho más que el final del Ciclo de Estudios.
Nos permiten repasar todas sus etapas a partir de una sola pregunta: ¿sigue
siendo posible la acogida en una era donde el otro se construye cada vez más
como una amenaza? Quizás esta sea la gran pregunta que Donatella Di
Cesare plantea a Unisinos. Hablar de refugiados es hablar de guerra.
Hablar de guerra es hablar de fronteras. Hablar de fronteras es hablar de
ciudadanía. Hablar de ciudadanía es preguntar quién pertenece. Y preguntar
quién pertenece es tocar la fibra más sensible de la democracia.
En este contexto, la filosofía no
parece ofrecer una respuesta prefabricada. Su tarea es más incómoda, y quizás
más necesaria: desnaturalizar lo que se ha hecho evidente; negarse a presentar
la guerra como destino; negarse a ver la frontera como una realidad natural;
negarse a confundir exclusión con protección; negarse a justificar
indefinidamente la suspensión de la política cuando se permite la seguridad.
En sus escritos y entrevistas con
IHU, Di Cesare insiste en que la filosofía debe regresar a la
política, no como un programa partidista, sino como la capacidad de vigilar lo
que el poder pretende hacer inevitable. Es esta tarea la que hace que asistir a
la conferencia de clausura del Ciclo de Estudios sea
especialmente urgente. Porque quizás la pregunta más importante no sea solo
cómo acabar con las guerras, sino cómo evitar que la guerra se convierta en
nuestra forma de gobernar. Y quizás el refugiado, aquel que llega
tras la explosión, la huida, la destrucción y la pérdida, sea precisamente
quien mejor pueda enseñarnos esto. No se limita a llamar a la puerta de una
democracia. Pregunta si aún existe, en su interior, un mundo dispuesto a
abrirla.
¿Quién es Donatella Di Cesare?
Donatella Di Cesare es una filósofa, ensayista y
columnista italiana que imparte Filosofía Teórica en la Universidad de Roma
"La Sapienza". Es una de las pensadoras más influyentes en el debate
público italiano e internacional, tanto en el ámbito académico como en los
medios de comunicación. Colabora con diversos periódicos y revistas, entre
ellos L'Espresso e Il Manifesto . Sus libros y ensayos han
sido traducidos a varios idiomas, entre los que destacan: La conspiración
en el poder (Aynè, 2022), ¿Virus soberano? Asfixia capitalista (Aynè,
2020), Residentes extranjeros: Una filosofía de la migración (Âyiné,
2020), Terror y modernidad (Aynè, 2019) y su obra más
reciente, Tecnofascismo (Einaudi, 2025).
Tomado de IHU / Brasil. En la
imagen de archivo, Donatella Di Cesare.