La Selección, que jugó todo el alargue con uno menos,
no pudo con un rival superior y perdió por 1 a 0. Gracias a un equipo de
leyenda.
Duele como duelen todas las derrotas. Por más que la
victoria contra Inglaterra había inflado no sólo el orgullo sino también las
esperanzas, Argentina defendió como pudo su título. Argentina marcó la
temperatura de un Mundial que ojalá no se recuerde como el último tango del
mejor de la historia.
Por Diego Macias
Aplaudan igual. Emociónese igual porque la mejor
Selección de la historia llegó hasta dónde nadie pensaba. Siéntase igual
identificado con un equipo que hizo de la resiliencia su arma principal, que
construyó la épica con fútbol y actitud en el orden que quieran. Ahí está
Messi llorando y abrazándose con todos. Ahí está cada uno de los que hicieron
de esta Scaloneta un ejemplo de sentido colectivo y compromiso por la camiseta
que dejará una marca indeleble. La Selección no pudo defender la corona
ante un España que jugó mejor, lo dominó, le llegó por todos lados y terminó
siendo un justo campeón. Y ni siquiera le salió el tiro del final con Simeone
reventándola por arriba del travesaño cuando otra vez la hazaña se paseaba en
la cancha.
Hubo un partido y hubo una España que quería tenerla y
Argentina no se desesperaba. Cuando Argentina la tenía, tampoco España se
desesperaba, pero presionaba más y mejor. Las cartas en la mesa se pusieron
rápidamente con la Selección buscando llevar el partido largo, bajarle el ritmo
de un mediocampo español admirable.
Si Lamine era una preocupación antes de jugar, a los 4 minutos lo confirmó cuando se asoció con Oyarzabal (¡pensar que en España era criticado!) que dejó a Yamal con chance de tiro. Serían dos seguidas en las que uno taparía Dibu y la otra moriría en un mal centro. Eran señales. La clave estaba en que De Paul, Aléxis y Nico Gónzález debían ajustar la sintonía fina. El margen de error se achica cuando tienes a un rival que te presiona con los once. Sí, hasta con el arquero.
El tiempo, ya dijimos, era cómplice de Argentina. Los
pelotazos a largos a Julián y a González fueron el primer recurso mientras
Messi seguía escaneando la cancha. Hasta que Leo pudo despegarse un poco y
estaba claro cuál sería la estrategia española. Cortarlo enseguida. Si no se lo
puede anticipar, se le hace foul.
Más allá de España la acorralaba a la Selección, la clave
estaba en desterrar los errores no forzados. Taglia ajustó la marca con
Lamine que dejaron de buscarlo, pero Argentina llegaba muy justo a la segunda
jugada. Tanto que Mac Allister zafó de una amarilla luego de llevárselo puesto
a Olmo.
Argentina pedía a gritos el medio tiempo largo para
reacomodar sin antes ganarse la amarilla Lisandro Martínez por un mal
centro de De Paul que se convirtió en una contra mano a mano para los
españoles.
Ya con Otamendi y Paredes en cancha, el arranque del segundo
tiempo mostraba la misma temperatura. Y encima, era el 5 super preciso perdía
una en el inicio de esas que golpean la confianza. Baena no aprovechaba el
regalo y sacaba un tirito pero ya no eran alertas, eran realidades que España
sumaba y sumaba llegadas. Nueva proyección por derecha y un centro atrás que
anticipó Montiel cuando a Cucurella venía a 100 por hora para meterá con rulos
y todo.
Por momentos, el dominio español era abrumador. Actitud
100% de la Scaloneta pero no sabía, no podía cómo sacarle la pelota y llevaba
más de una hora jugando sin poder patear al arco. Estaban más lúcidos, más
enteros, más confiados. La Selección estiraba el partido apostando a acelerar
al final como hizo con otros rivales.
Argentina ya no caminaba por la cornisa, corría y entonces el
riesgo de caerse se multiplicaba. Tanto como para que Pedri le pegue con pelota
dominada desde la medialuna y otra vez controlada el Dibu. Un minuto después,
el 1 tapaba como podía otro derechazo y de rebote casi la embocaban.
Messi no lograba ser pase porque en realidad, Argentina no la
podía sostener. Les costaba salir como en todos los 90. Lateralizaba y luego la
dividía reventándola porque no veía, no encontraba otra salida. Pero se venían
los últimos minutos y esa mística argenta tuvo su jugada. Cuando Leo aceleró y
lo bajaron, Argentina armó el único tiro al arco en el partido, pero el centro
de Simeone no fue tan cruzado y el arquero -arquerazo- Simón la
controló. De esa sensación a la roja de Enzo Fernández pasaron 15
segundos. Una doble amarilla justa por levantar por el aire a Cubarsí. La dupla
central lesionada y con uno menos, ¿había forma de plantearse un panorama peor?
Para sufrir más soñando con el suplementario, faltaba un
tapadón en el ángulo de Dibu ante un tiro libre de Lamine. La Selección seguía
en terapia intensiva, pero le habían dado, al menos, media hora más de vida.
La película no cambiaba. Y si antes Argentina estaba muy
replegada, con uno menos en cancha, ¿por qué podía cambiar? Centro de Pedri,
cabezazo de Williams y otra gran intervención del arquero argentino en su mejor
partido en el Mundial. Y hasta un gol anulado a Williams por un foulcito
-salvador- a Otamendi. Objetivo claro: llegar a los penales y con
Tagliafico en una pierna, Senesi ingresó para plantar cinco atrás, una línea de
tres volantes y Leo solo por donde se pudiera.
No se puede creer, pero el musicalizador, en el descanso del
alargue, hizo sonar: “The final countdown”. Scaloni hablaba, daba indicaciones,
arengaba con los jugadores haciendo un círculo cerrado, todos abrazados. Si
había una posibilidad de aguantar semejante adversidad futbolística y física
era con ese plus. Pero España era más y el aguante ya había sido heroico
igual. Ni se había jugado un minuto cuando llegó el centro largo para que
Nico Williams cabeceara hacia atrás y Ferrán Torres reventara la red.
Messi coqueteaba con ponerse la capa de supermán una vez más
y armaba un poco desparramo por derecha. Hasta de un córner y mil
rebotes, Giuliano Simeone contaba con un derechazo de volea para
convertirse en héroe. Pero no era día para hazañas. España cortaría la historia
con buen fútbol, con toque, con circulación, con precisión, con más argumentos
que la Argentina.
Duele como duelen todas las derrotas. Por más que la victoria
contra Inglaterra había inflado no sólo el orgullo sino también las esperanzas,
Argentina defendió como pudo su título. Argentina marcó la temperatura de
un Mundial que ojalá no se recuerde como el último tango del mejor de la historia.
Tomado de diario deportivo OLÉ / Argentina.