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01 julio, 2026

LA PROFECÍA DE METCHNIKOFF

 Por Orlando Arciniegas*

Tras los descubrimientos de Louis Pasteur (1822-1895), Robert Koch (1843- 1910) y otros científicos que pudieron comprobar que muchas enfermedades son provocadas por gérmenes ─y ante una opinión pública convencida del peligro que, para su salud, representaban las bacterias─, un científico ucraniano, Élie Metchnikoff (1845-1916), publicó un libro, en 1907, _The Prolongation of Life_, en el que, para asombro de propios y extraños, y contra la corriente, proclamaba las grandes bondades de ciertas bacterias residentes en el intestino humano y que, por tanto, son parte de la flora intestinal, o mejor: de la microbiota, según la terminología actual.

Solo un año después, en 1908, *Metchnikoff* sería galardonado, junto al médico y bacteriólogo alemán Paul Erlich (1854-1915), con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, por su gran aporte: «la teoría fagocitósica de la enfermedad», que formulara en 1884, con la cual se explicaba la capacidad de ciertas células especializadas (principalmente los leucocitos) del cuerpo humano, para resistir y, en definitiva, vencer las enfermedades infecciosas. A *Ehrlich*, por su parte, se le reconocía, entre otros, por el  primer tratamiento efectivo contra la sífilis, una de las grandes plagas de su tiempo. 

Metchnikoff, quien siempre se mostró muy interesado en el envejecimiento y la muerte, creó las disciplinas científicas conocidas como Gerontología, ciencia que estudia los fenómenos de la vejez y el envejecimiento poblacional, y la Tanatología, disciplina que estudia el fenómeno de la muerte en los seres humanos, aplicando el método científico y las técnicas forenses. 

Investigador, como fue, del Instituto Pasteur de París desde 1888, Metchnikoff convivió en sus laboratorios con el maestro Louis Pasteur (químico y microbiólogo francés) durante siete años, hasta 1895, cuando ocurre su fallecimiento. Durante este tiempo, el científico ucraniano se mantuvo trabajando en anatomía comparada y otros estudios médicos sobre la inmunidad celular, que con el tiempo le llevaron a la conclusión de que existía también una estrecha relación entre la actividad de algunas bacterias proteolíticas —encargadas de la degradación de las proteínas— con el estreñimiento y otros problemas de salud; al tiempo que la acción de otras, como las bacterias intestinales del ácido láctico, se correlacionaban con la longevidad. 

Desde esta misma perspectiva, constató que algunas bacterias intestinales son fuente de sustancias tóxicas para el sistema nervioso y que contribuían al envejecimiento, al pesimismo o a la depresión, mientras que, en productos como el yogur, el kéfir o los vegetales fermentados, actuaban otras de forma muy positiva para la salud general y la calidad de vida de las personas.

En definitiva, Metchnikoff, hace ya más de un siglo, pasó a convertirse en un pionero de la terapéutica intestinal y en el apóstol, cabe decirlo así, de los alimentos probióticos, actual y unánimemente alabados como fuente de salud. De ello dan fe estas líneas que aparecen en su libro:

“Debería estudiarse de forma sistemática la relación que existe entre los microorganismos intestinales y el envejecimiento precoz, así como la influencia de las dietas que impiden la putrefacción intestinal en la prolongación de la vida y la conservación de la fortaleza corporal. Seguramente en un futuro, cercano o remoto, dispondremos de información exacta sobre uno de los principales problemas de la humanidad”

Ese futuro al que aludía Metchnikoff en 1908, en su libro antes citado, algo tarde pero por ventura ya ha llegado. Y no son otros que los abundantes estudios sobre la microbiota y su papel tanto en el funcionamiento del llamado cerebro entérico, el segundo cerebro, como su influencia en cuanto a la salud en general; dado que, alojados en el tracto digestivo, se estima que conviven billones de microorganismos simbióticos, en una proporción entre el 90 y el 95%, mientras en la piel y las mucosas se halla solo entre un 5 y un 10%.

*Historiador. Profesor Titular (J) de la Universidad de Carabobo.